El dolor de cabeza

El dolor de cabeza

Octubre 21, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Han pasado dos años y medio desde que la mayoría de británicos votó a favor de abandonar la Unión Europea. Pero durante todo ese tiempo ha sido muy difícil lograr una transición sin dolor, como esperaban los defensores del brexit.

Este fin de semana, miles de personas, especialmente jóvenes, llegaron a Londres desde distintos puntos de las Islas Británicas en el mayor clamor popular contra esta medida. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, fue uno de los más entusiastas. “Nadie votó dejar la UE para hacernos más pobres, o para hacer la vida más dura de nuestros hijos y nietos. Nadie votó por el caos que este gobierno ha creado”. Khan aprovechó la situación para expresar la incertidumbre de quienes sienten que durante el referendo de junio del 2016 no hubo claridad sobre lo que la decisión provocaría.

Los manifestantes piden poder expresarse sobre el acuerdo final que el gobierno británico negocia con la UE para el brexit. Sin embargo, la primera ministra ha descartado esa posibilidad. “Hacer otro referendo sería una traición a nuestra democracia. Y una traición a esa confianza”, dijo Theresa May.

Pero hoy la situación es tan confusa que la primera ministra sopesa la posibilidad de ampliar el periodo transitorio de la salida de la UE hasta el 2021, con el propósito de desenredar las negociaciones con la Comisión Europea en Bruselas. Es una manera de desviar la atención sobre su falta de propuestas claras, que ha desatado duras reacciones de los euroescépticos quienes sostienen que sería un error que no perdonarían los electores conservadores.

El mismo gabinete de gobierno está divido. Unos prefieren una salida suave, en la que el Reino Unido haría ciertas concesiones a cambio de conservar algunos de los beneficios de su actual relación con la UE, especialmente en materia económica. Pero otros proponen un ‘brexit duro’, donde no habría negociaciones en aspectos como la libre circulación de personas y tampoco apoyan una unión aduanera que obligue a mantener las normativas europeas.

Además de los jóvenes, que son quienes se sienten más perjudicados con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, los habitantes de Escocia e Irlanda del Norte están en la encrucijada pues ellos votaron por quedarse. En ambos casos la situación es de alta complejidad.
Escocia advirtió que hará todo lo posible para continuar en la UE y muchos temen que se reactiven los deseos independentistas. La situación con Irlanda del Norte es aún más difícil, pues establecer controles aduaneros, impedir el acceso de mercancías y bloquear el flujo natural de personas puede incluso llevar al traste a los acuerdos de Viernes Santo de 1998 que pacificó el Norte, escindido por las violentas batallas entre católicos republicanos y protestantes unionistas.

Por ahora el gobierno del Reino Unido parece comprar tiempo. El acuerdo final no está listo y la primera ministra busca un margen de maniobra que le permita derrotar la presión de los euroescépticos más radicales de su partido. Una salida de la Unión Europea que genere el menor daño posible. Ese es el gran reto de Theresa May, que hoy no parece estarse consiguiendo.

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