La vida por un arroz chino

Julio 23, 2022 - 11:35 p. m. 2022-07-23 Por: Santiago Cruz Hoyos

El soldado se llama Yaeris Andrés Gómez. Pertenecía al Batallón La Popa ubicado en Valledupar, César. Esta semana rindió el testimonio de su participación en los falsos positivos que durante seis años cometió el Ejército colombiano. Su relato confirma la condena a la que ha estado sometido el país: somos una sociedad donde la vida no vale nada. Apenas una caja de arroz chino.

Según el soldado Yaeris, en una ocasión durante un combate con el ELN, su tropa encontró a un miembro de esa guerrilla herido e indefenso. No se les ocurrió brindarle atención médica. Tampoco fue arrestado. En cambio, mayor, llamado José Pastor Ruiz Maecha, le ordenó a Yaeris que asesinara al guerrillero. Después, le entregó $ 100.000 pesos como ‘premio’. Al resto de la tropa le compró la caja de arroz chino.

A veces, la vida de colombianos inocentes costaba un viaje a Cartagena o a San Andrés. O una fiesta con prostitutas. Según el relato del soldado Yaeris, cuando tropas del batallón La Popa, en alianza con paramilitares, mataban a personas que luego hacían pasar por guerrilleros, los premiaban así, con viajes a la playa o con fiestas.

“Acepto mi responsabilidad como ejecutor material en asesinato en persona protegida, desaparición, encubridor de paramilitares, que tanto daño causé a las víctimas. En esta alianza entre paramilitares y miembros del batallón La Popa fueron asesinados fuera de combate civiles e indígenas inocentes, así como excombatientes”, confesó Yaeris.

Entre las víctimas de los soldados del batallón La Popa está John Jader Escorcia. Según el testimonio de Rocío, su hermana, “él era un pelado de la casa, no un criminal”. Los soldados, junto con los paramilitares, se lo llevaron engañado con una promesa de trabajo, como hicieron con tantas otras víctimas de los falsos positivos. A John Jader le dijeron que lo iban a llevar a recoger café. Él no lo pensó dos veces para irse porque acababa de nacer su hijo. A los soldados evidentemente eso no les importó. Lo asesinaron y lo hicieron pasar por guerrillero.

En su relato, Rocío contó que hasta se peleó con su familia, que sospechaba que el Ejército había matado a John Jader. Ella no podía creer que los soldados mataran personas inocentes. Y pensar que, en su lucha por encontrar la verdad de lo sucedido, le ocurrió otra tragedia. De tanto buscar el paradero de su hermano, un paramilitar le dio una ubicación. Cuando Rocío llegó, la torturaron y la violaron. Ella cree que todavía son varios los soldados y altos mandos del batallón La Popa que fueron responsables de falsos positivos y que todavía no han confesado su responsabilidad en esos crímenes.

Escuchar al soldado Yaeris y a Rocío me hizo pensar que la prioridad de Colombia debería ser la recuperación del valor de la vida. No puede ser que nos matemos con tanta facilidad, con tanta naturalidad, como si fuera normal, como si la vida no valiera nada.

Solo los falsos positivos llegaron a 6.402 entre 2002 y 2008, cuando Álvaro Uribe Vélez era el presidente del país y les exigía a las tropas resultados que terminaron en esas ejecuciones a cambio de ‘premios’. Según el Informe Final de la Comisión de la Verdad, 450.664 colombianos fueron asesinados por la guerrilla, por los paras, por el Ejército, durante el conflicto. Solo en Cali matan a 1000 personas al año, ¡1000!, y todo sigue como si nada.

Escuchando al soldado Yaeris y a Rocío recordé también las poderosas preguntas que se hizo el padre Francisco de Roux, en la entrega del Informe Final: ¿Por qué el país no se detuvo para exigirle a las guerrillas y al Estado parar la guerra política? ¿Cómo nos atrevimos a dejar que pasara? ¿Y cómo nos podemos atrever a permitir que continúe esta barbarie? ¿Por qué apretamos el gatillo con tanta facilidad?

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