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“Patria Milagro”: Seguridad, consenso y democracia

La verdadera equidad social y el progreso nacional solo pueden construirse dentro de las reglas de juego democráticas, donde la ley está por encima de los gobernantes.

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Canciller Claudia Blum
Claudia Blum, columnista. | Foto: Cancilleria

28 de jun de 2026, 01:38 a. m.

Actualizado el 28 de jun de 2026, 01:38 a. m.

La jornada electoral del pasado 21 de junio nos dejó una certeza: Colombia reclama un rumbo de certezas, pero también exige un cambio profundo en las formas y la firmeza de sus políticas. Desde Barranquilla, el discurso de Abelardo de la Espriella envió un mensaje de reconstrucción que necesitábamos escuchar con urgencia. Su intervención no fue un simple saludo de victoria, sino una hoja de ruta con compromisos serios, realizables e institucionales. Bajo la premisa de la “Patria Milagro” —un concepto que define la capacidad histórica de Colombia para sobreponerse a sus peores crisis y florecer económicamente mediante el orden, la legalidad y el libre mercado—, el nuevo mandatario abrió una ventana a la institucionalidad, la seguridad democrática y el desarrollo social por encima de la confrontación ideológica.

Este nuevo rumbo parte de un respeto por la democracia y la Constitución de 1991. La Democracia es el sistema que garantiza el equilibrio de poderes, frena los abusos de autoridad y protege las libertades individuales. Preservar la Carta Magna del 91, que, aunque admite ajustes puntuales para actualizarse no requiere ser desmantelada, ésta es la que garantiza la estabilidad jurídica del país. En su discurso subrayó que la solución a los desequilibrios históricos de Colombia no pasa por desmontar el marco institucional, sino por aplicarlo con rigor. Frente a las dinámicas de imposición o de decretos unilaterales que tanto desgaste causaron en el pasado reciente, la promesa de una gestión estudiada, discutida y consensuada devuelve la confianza en las instituciones. La verdadera equidad social y el progreso nacional solo pueden construirse dentro de las reglas de juego democráticas, donde la ley está por encima de los gobernantes.

Para que esta visión prospere, el éxito del mandato se medirá, en primer lugar, en el bienestar diario de los ciudadanos. Atendiendo al clamor de priorizar el debilitado sistema de salud, el nuevo gobierno asume el reto histórico de ofrecer soluciones técnicas y de largo plazo a la preocupación más urgente del país. Este desafío, sumado a la necesidad de transformar la educación pública —restando el control político y la parálisis que históricamente han impuesto sectores como Fecode—, requiere de un enfoque netamente pragmático. La pauta indispensable será la consolidación de gabinetes técnicos y de expertos; Colombia no está en condiciones de que sus ministros lleguen a aprender. El nombramiento de líderes idóneos que dominen sus áreas es el primer paso para generar verdaderas políticas de Estado que impulsen oportunidades reales de empleo y educación, demostrando que el motor del desarrollo no es el subsidio eterno, sino las garantías para el trabajo formal y el emprendimiento.

Como segundo eje fundamental de la gestión, y respondiendo a la alarmante pérdida de tranquilidad en las calles y regiones, el presidente de la Espriella ha dejado claro que el eje de su accionar será la superación de la inseguridad. El crimen organizado, el narcotráfico y las estructuras criminales han tomado una ventaja alarmante en los últimos años, arrebatándole la tranquilidad a los ciudadanos. Su enfoque exige una lucha frontal, decidida y sin concesiones contra la criminalidad, devolviéndole el respaldo y la moral a la Fuerza Pública para recuperar el control territorial. Esta ofensiva interna se complementará de manera estratégica con el fortalecimiento de las relaciones bilaterales con los Estados Unidos, un aliado histórico clave para coordinar la lucha transnacional contra el narcotráfico y potenciar el intercambio comercial, atraer inversión extranjera y blindar la economía nacional.

Finalmente, para reforzar las reformas y atacar el tercer gran mal que aqueja al país, la corrupción, el panorama que le espera al nuevo gobierno en el Capitolio requerirá de un pulso político excepcional y de una transparencia a toda prueba. Con una oposición de izquierda fuertemente consolidada tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, el riesgo de bloqueo legislativo a las reformas clave es real. Superar la resistencia del Congreso exigirá gobernar con transparencia, exponiendo los debates de cara al país, argumentar frente a la opinión pública el beneficio técnico de cada proyecto y evitar las negociaciones confusas o el reparto de cuotas burocráticas a cambio de votos. Al mostrar con claridad que los proyectos buscan soluciones estructurales para toda la población y no el beneficio de un partido, el Ejecutivo pondrá a prueba el talante de la oposición, demostrando que la firmeza y la búsqueda del consenso transparente pueden coexistir. Colombia inicia una nueva era con una hoja de ruta que promete orden, institucionalidad y progreso; el país entero vigilará que las promesas de la “Patria Milagro” se transformen en realidades tangibles.

Psicóloga de la Universidad del Valle con Maestría en Ciencia Política de la Universidad Javeriana, Estudios en Negociación de Conflictos, Mediación y Asuntos Internacionales. Columnista, concejal de Cali durante 2 períodos y senadora de la República durante 16 años. Presidenta del Congreso de la República, Ex embajadora de Colombia ante las Naciones Unidas, Ex ministra de Relaciones Exteriores.

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