Columnistas
El milagro fue ganar
Negar que en muchas áreas del país se votó con el fusil en la nuca es una tontería.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


28 de jun de 2026, 01:39 a. m.
Actualizado el 28 de jun de 2026, 01:39 a. m.
Petro duró un año ampliando la base electoral de la izquierda a punta de transferencias monetarias vía medidas gubernamentales, incremento de coberturas a poblaciones vulnerables, traslado masivo de recursos a comunidades indígenas y juntas administradoras locales, aumento de burocracia y contratos de prestación de servicios.
También se dedicó sin pudor a intervenir en política, en abierta violación a la prohibición constitucional, y puso a todo su gobierno y a sus contratistas a trabajar por la candidatura de Cepeda. La campaña a favor de Cepeda contó con dinero a raudales.
Al mismo tiempo, los grupos criminales se pusieron en la tarea de trabajar por Cepeda tanto en las áreas rurales como en las comunas en las grandes ciudades. No hay duda de que hubo “voto resguardo”, pero negar que en muchas áreas del país se votó con el fusil en la nuca es una tontería. Hay denuncias de las comunidades que lo confirman y para la oposición fue imposible hacer campaña en decenas de municipios del país. Me consta.
Pero el gobierno de Petro es tan malo, y fueron tantas sus equivocaciones y las de Cepeda en campaña, que no les alcanzó. El miedo a perder la democracia y a la Constitución del 91 y, en menor grado, la economía de mercado, y a quedar en manos de los bandidos empoderados desde la Casa de Nariño, decidieron la elección.
Sin embargo, la discusión sobre si la mitad de Colombia apoya a la izquierda es inútil. Con la amenaza del fusil o sin ella, por convicción ideológica o movidos por el deseo de preservar el empleo o el contrato, lo cierto es que De la Espriella ganó por menos del 1 % de diferencia.
Y olvidarlo sería fatal. Por un lado, porque para acertar es indispensable reconocer que se inicia con un país profundamente dividido. La soberbia solo traería equivocaciones. Por el otro, porque los espacios políticos, el margen de gobernabilidad, son estrechos. Y si bien se cometería un grave error si se gobernara con las encuestas en la mano, también sería una equivocación no considerar la base electoral desde la cual se parte.
Ahora, el reconocimiento de esa división social, política y territorial no puede significar que se le exija a DLE un acuerdo nacional que hoy es imposible o gobernar con las tesis de Petro y Cepeda. DLE tiene no solo el derecho sino el deber con sus electores de impulsar sus propuestas. La democracia es el gobierno de las mayorías. Pero también exige gobernar respetando los derechos de las minorías derrotadas.
Los desafíos son enormes. DLE inicia su gobierno con vientos en contra por la policrisis que deja Petro y con el riesgo de que se generen rápidos desgastes por la frustración de las expectativas generadas por las ofertas de campaña. En abandonar lo inviable, escoger muy bien las peleas, y concentrarse en lo posible estará la clave del éxito.
Si ganar fue un milagro, no lo será la construcción de la patria que se desea. Paciencia, prudencia, humildad, inteligencia y muchísimo trabajo es lo que se requiere.

Abogado socioeconomista, especializado en derecho constitucional e internacional y derechos humanos. Fue viceministro de Justicia.
6024455000






