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Gobierno - oposición

Infortunadamente, la izquierda tiene una tendencia casi irremediable de autodestruirse. Lo más lógico era que hubiera reconocido con altura y elegancia el resultado de la primera vuelta y luego el de la segunda.

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Fernando Cepeda Ulloa
Fernando Cepeda Ulloa | Foto: El País.

27 de jun de 2026, 01:39 a. m.

Actualizado el 27 de jun de 2026, 01:39 a. m.

Si las cosas fueran como deben ser, hoy Colombia debería estar celebrando que, por fin, tiene la posibilidad de gozar de una plena democracia, porque los resultados electorales mostraron que hay dos fuerzas políticas, casi iguales, una que va a gobernar con el presidente Abelardo de la Espriella y su vicepresidente, José Manuel Restrepo, y otra fuerza política que, por primera vez en nuestra historia, logra estar en términos equivalentes con la que está gobernando, y que además cuenta con un importante número de senadores y representantes en el Congreso y con fuerzas sociales que la apoyan.

Pero no. Infortunadamente, la izquierda tiene una tendencia casi irremediable de autodestruirse. Lo más lógico era que hubiera reconocido con altura y elegancia el resultado de la primera vuelta y luego el de la segunda. Los observadores internacionales que representaban buena parte del mundo habrían quedado admirados de un comportamiento semejante que mostraba que Colombia realmente estaba logrando la mejor expresión de un sistema político democrático.

Pero, entonces, hacen todo lo contrario, teniendo el conocimiento y la experiencia de una tradición electoral respetable que, además, había reconocido un enorme error que terminó favoreciendo, una vez establecido, a los sectores de izquierda en una elección anterior. No obstante, resuelven darle a la Registraduría, que ya tiene conquistado un enorme prestigio nacional e internacional, el tratamiento de una institución de una república bananera. Increíble.

Es que nunca la izquierda había logrado un desempeño electoral como el que alcanzó este 21 de junio, precedido de las que calificaría también de victorias, el 31 de mayo y ni hablar la del 8 de marzo. Otra vez, no puedo darle crédito a ese tipo de comportamiento.

El Procurador General de la Nación, en colaboración con el Registrador Nacional, el Contralor General y la Defensoría del Pueblo, como si hubiera tenido un gran presentimiento, armó una campaña en todo el país de color amarillo como el de la Selección, para predicar y reclamar la Paz Electoral que muchos veíamos en juego y para colocar como un elemento fundamental de esa Paz Electoral, el reconocimiento de los resultados electorales. Y resulta que es la fuerza política del gobierno, y con el gobierno, la que resuelve desconocer esos resultados. Y cuando lo hace, ya el pecado mortal se ha cometido.

Y el asunto no para ahí. Figuras prominentes del Pacto Histórico insinúan que el país se va a incendiar y casi que exigen que la izquierda tiene que ganar para que no ocurran hechos catastróficos. Y tanto el día de las elecciones, conocidos los resultados, como el día después, promueven asonadas y movilizaciones que le hacen aún más dura la vida a los ciudadanos que ellos dicen proteger, o sea, a los sectores más pobres de la ciudadanía... así como proclaman que se juegan por la vida, pero destruyen el sistema de salud, y eso no los conmueve.

Difícil que nos podamos dar el lujo de tener una fuerte oposición, que se prepare como alternativa viable de gobierno, con ese tipo de comportamientos. Ya veremos cómo se inscriben y si irán fragmentados para declararse oposición o independientes. Difícil encontrar un acuerdo nacional que ha sido desechado durante el primer gobierno de la izquierda que se plantea casi como una amenaza o imposición... así no funciona el esquema gobierno - partidos de oposición.

Al parecer, se va a requerir un proceso de aprendizaje para que esta fuerza política cumpla con la tarea histórica que le corresponde, la de ejercer una oposición civilizada, inteligente, razonable y democrática.

Y quedan las dudas sobre lo que fue la utilización del constreñimiento electoral, o de la intimidación o de la amenaza de violencia, o del así llamado voto fusil, o no sé cuántas leyendas que transmitieron a través de los jóvenes para intimidar sus familias, con la idea de que muchos de los derechos fundamentales de los cuales gozan las poblaciones más vulnerables de Colombia desaparecerían, como si esa no fuera el fundamento de nuestra democracia y el que necesitamos fortalecer cada día más para que esta sea más fuerte.

Es que la oposición debe ser tan respetable como lo es, o debe ser, el gobierno. La oposición debe ejercerse con el mismo sentido de la majestad que caracteriza a un gobierno respetable.

Experto en Ciencias Políticas, profesor y diplomático. Estuvo vinculado a la Universidad de los Andes por 23 años, durante los cuales enseñó Ciencia Política y ocupó varios cargos como Rector Encargado, Vicerrector y Decano de Ciencias Políticas, entre otros. Se ha desempeñado como Embajador en Canadá, Representante Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas, Embajador en Inglaterra, Ministro Plenipotenciario en Washington y encargado de Negocios. Fernando Cepeda Ulloa ha sido Ministro de Gobierno, de Comunicaciones, Consejero Presidencial y Viceministro de Desarrollo Económico.

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