Columnistas
El otro álbum del Mundial
En las páginas más bellas aparece Colombia, en esos estadios Azteca y Guadalajara vestidos de amarillo, con un himno cantado con el alma y repetido en decenas de videos
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28 de jun de 2026, 01:35 a. m.
Actualizado el 28 de jun de 2026, 01:35 a. m.
Hay un álbum que se llena con estampitas vivas: instantes que capturan las cámaras y quedan pegados para siempre en la memoria. Es el Panini de nuestros recuerdos. Y este Mundial, el primero con 48 selecciones y ya con un récord de goles, va completando sus páginas cada día, con historias que trascienden un marcador.
En ellas aparecen los hinchas, sus banderas, sus costumbres, su alegría y sus hazañas. Alemanes y ecuatorianos alentando juntos en Times Square, antes de celebrar el triunfo de ‘la Tri’ sin fronteras de idioma. El abrazo interminable del técnico Beccacece con su familia después de la clasificación de Ecuador. El llanto de Moisés Caicedo antes de fundirse con sus padres, recordándonos que detrás de cada figura mundialista sigue existiendo un hijo.
Curazao nos regaló una de las escenas más conmovedoras. Perdió 7-1, pero celebró el primer gol de su historia en un Mundial como si hubiera levantado la copa. Dick Advocaat, su técnico, lloró en el banco; sus jugadores cantaron el himno, conmovidos representando al país más pequeño del campeonato. También quedará el baile con los reyes de los Países Bajos tras el empate con Ecuador, y el aliento en las tribunas a su selección, mientras la marea naranja convertía las calles de Kansas en una fiesta.
México merece un capítulo aparte. Coanfitrión del torneo, clasificó con puntaje perfecto y convirtió a Memo Ochoa en el primer arquero convocado a seis mundiales. En las calles, La Minerva volvió a ser una celebración permanente: torres de vasos, batallas de baile, juegos con los aficionados y un cántico inolvidable, “Coreano, hermano, ya eres mexicano”, que terminó abrazando también a checos y sudafricanos, con ese ADN latino que nos distingue en el planeta.
Los noruegos dejaron otra postal imborrable con su tradicional remo vikingo encabezado por Martin Ødegaard y seguido por un estadio entero bajo la mirada emocionada del gran Erling Haaland. Los escoceses volvieron a ponerle gaitas al Mundial; los japoneses recogieron la basura de los estadios inspirando a otras hinchadas. Messi siguió alimentando su leyenda; Cristiano nos dijo que aquí estaba de nuevo; Mbappé y Vinícius hablaron con fútbol, mientras las viejas glorias reaparecían en las tribunas, y en los camerinos nacían partidos improvisados.
Conmovió la llegada a Miami de la madre del arquero de Cabo Verde Vozinha para verlo cumplir su sueño, tras superar tantas barreras que otros no lograron. La selección africana debutante sorprendió al empatar con Uruguay y España, mientras Marruecos, Costa de Marfil y Sudáfrica confirmaban el buen momento del continente.
Entre todas las imágenes, quizá ninguna tan poderosa como la de Michel Kuka Mboladinga, aficionado de la República Democrática del Congo caracterizado como Patrice Lumumba. Inmóvil, con el brazo en alto o simulando un arma sobre su sien, convirtió una tribuna en una lección de historia, memoria y resistencia.
Y en las páginas más bellas aparece Colombia, en esos estadios Azteca y Guadalajara vestidos de amarillo, con un himno cantado con el alma y repetido en decenas de videos; los nuevos cánticos que vale la pena aprenderse; el abrazo de Pékerman, James y Juanfer; la autenticidad de Daniel Muñoz en sus declaraciones; nuestra Shakira celebrando en medio de un ensayo. Colombia volvió a demostrar que juega de local donde quiera que vaya.
Como amante de este evento, atesoro las estampitas inéditas que me regaló este Mundial al recorrer el Fan Fest de Miami en sus primeros días y comprobar que el fútbol tiene una fuerza única para reunir al mundo. Porque las mejores estampitas vienen, más que en los sobres, en la posibilidad de ver a tantas personas compartiendo ese otro álbum del Mundial, del que aún nos queda mucho por llenar.
@pagope

Comunicadora Social - Periodista y Docente de la Universidad Autónoma de Occidente. Caleñísima. Con 26 años de experiencia en una sala de redacción. Entiende el periodismo como una pasión, pero sobre todo, como una manera de transformar y servir a la sociedad. Ciudad, paz, género y niñez, los temas que le apasionan.
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