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Palo porque bogas y palo porque no bogas

Por otra parte, para estos profetas del desastre, el Alcalde “no sirve pa’culo”, refiriéndose a la problemática que padecemos en materia de movilidad.

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Mario Fernando Prado
Mario Fernando Prado. | Foto: El País.

27 de feb de 2026, 01:06 a. m.

Actualizado el 27 de feb de 2026, 01:06 a. m.

Uno no entiende a los caleños, sean de aquí o venidos a más gracias a esta ciudad que les abrió sus puertas y que los considera sus hijos adoptivos; esta Cali que lucha por salir adelante, con o sin el concurso de ellos.

Para decirlo de una vez, utilizando un lugar común, son esas personas que no ven el vaso medio lleno, sino medio vacío, y generan un ambientillo pesimista y apocalíptico que resulta desafortunadamente contagioso.

Así las cosas, estos anticaleños viven muertos de la envidia porque Barranquilla sí es ‘la puntería que dejó a Cali atrás’, y viven chorreando la baba por el tal bulevar, por la escultura de Shakira y por oír que es un barrio ‘que nada tiene que envidiarle a los de Miami’. Cuando van, no pitan, no se suben a los andenes, no se pasan los semáforos en amarillo y hasta en rojo, y no se exceden en la velocidad; cosa que aquí sí hacen porque esta ciudad “está hecha una mierda”.

Y ni hablemos de ese paraíso que es Medellín. “Es que esos paisas son unos berracos”, repiten y repiten cuando montan en el metro o van al aeropuerto, muertos de la envidia, y se preguntan por qué ellos sí han podido y nosotros no. Y provoca contestarles: “porque ellos son paisas y nosotros no”.

Lo propio sucede con el Eje Cafetero, que es la octava maravilla del mundo, y se quedan boquiabiertos viendo las fincas y los estaderos y la inocultable hospitalidad de sus personas (cosa que harta falta nos hace), y aquí llegan denostando del 18, de Dapa o del río Pance.

Por otra parte, para estos profetas del desastre, el Alcalde “no sirve pa’culo”, refiriéndose a la problemática que padecemos en materia de movilidad, como si en Fort Lauderdale, Barranquilla y Medellín los trancones no fueran el pan nuestro de cada día.

Y el otro tema recurrente es el de los huecos en las calles y las vías hechas chicuca, Dios Santo Bendito. Ahí se despachan los peores epítetos y el que paga el pato es “ese Alcalde que no sirve para nada”; pero cuando les están repavimentando las calles y arreglándoles los andenes, la vuelven a emprender contra el pobre burgomaestre por los trancones momentáneos que se presentan, y de nuevo la emprenden contra su abnegada progenitora.

Lo viví ayer por los lados de Santa Teresita en boca de una nueva rica a bordo de una ‘Be Eme’ que se salió de la ropa por un besito que le propinó un taxista y le hizo un rayoncito en el guardabarros, que salió con un poquito de saliva.

La dama protestó porque iba a llegar tarde a la clase de pilates y formó un bororó que ni se imaginan y todo. Según ella, por culpa del ‘huevón’ del Alcalde, que no sabe dónde está parado. O sea, “palo porque no se tapan los huecos y palo porque se tapan”.

Posdata: Lo vengo diciendo desde hace años: “Nos unimos o nos hundimos” y no nos están parando bolas. Si no hay unión, olvídense ustedes de que podamos derrotar las aspiraciones del señor Cepeda.

Posdata 2: Yo hablo bien de Cali. ¡Hazlo tú también¡

Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.

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