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Palabras y sismos

En Cali, el sismo del pasado lunes 10 de agosto de 2026, solo tuvo en algunas partes de esta extensa ciudad, dependiendo del suelo de cada una y de su intensidad...

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Benjamin Barney Caldas
Benjamin Barney Caldas | Foto: El País

20 de ago de 2026, 01:03 a. m.

Actualizado el 20 de ago de 2026, 01:03 a. m.

Según el Diccionario de la Lengua Española, DLE, las definiciones a emplear correctamente son las siguientes: Sismo es una “sacudida de la corteza terrestre” como sucede en un temblor o un terremoto. Temblor es un “terremoto de escasa intensidad”. Terremoto es una “sacudida violenta de la corteza terrestre, ocasionada por fuerzas que actúan en el interior de la Tierra”. Pero aquí, para confundir más las palabras relacionadas a un sismo, el Servicio Geológico Colombiano, SGC, señala que sismo, temblor y terremoto son sinónimos.

Pero además existen evidentes diferencias en la forma coloquial de utilizar dichos sinónimos: “sismo” se usa para describir la sacudida de la corteza terrestre que ocurre cuando se libera energía desde el interior de la Tierra; “temblor” es otra forma de referirse a un sismo y es la palabra que más se usa al respecto; pero “terremoto” suele relacionarse con eventos que se perciben como sismos muy fuertes que dejan consecuencias muy visibles en el lugar del mismo, como muchos escombros, visibles hendiduras y montículos en el suelo.

En Cali, el sismo del pasado lunes 10 de agosto de 2026, solo tuvo en algunas partes de esta extensa ciudad, dependiendo del suelo de cada una y de su intensidad, las consecuencias propias de un terremoto, como fue el desplome de edificios; en otras las de un temblor fuerte y largo, como la caída de partes de las fachadas, cerramientos y cubiertas; y en otras más apenas un temblor que ocasionó roturas, grietas o fisuras. Pero en muchas edificaciones de la ciudad dicho sismo ocasionó daños y contribuyó a su deterioro.

Diferencias, todas las mencionadas en el párrafo anterior, correspondientes a la tendencia, ya verificada, del suelo a los sismos en cada sitio geográfico de la Cali del siglo XXI, como igualmente debida a la vulnerabilidad a los movimientos sísmicos de sus diferentes edificaciones, edificios, casas y demás construcciones, en cada uno de esos sitios mencionados, debida a su inadecuada construcción, altura y usos relacionados con su emplazamiento, y a la falta de control de su debida construcción y del oportuno uso y mantenimiento posterior.

Además, dicho de una edificación, sea esta un edificio o una casa u otra construcción cualquiera, su desplome, según el DLE, es su venida al suelo total o parcial; y, referido sólo a una pared, es “perder la posición vertical”. Caída es “perder el equilibrio hasta dar en tierra” tal como sucede con las fachadas o parte de las mismas, como suele suceder con sus recubrimientos o enchapes, causando daños en donde caen, como lo son especialmente los andenes; y lo mismo es aplicable a los cerramientos laterales, y a las cubiertas.

Ruptura solo se da cuando se “separan con más o menos violencia las partes de un todo, deshaciendo su unión” como suele acontecer casi siempre con los sismos en paredes, muros o tapias, los que son una “obra de albañilería vertical, que cierra o limita un espacio”. Grieta es la “hendidura alargada que se hace en la tierra o en cualquier cuerpo sólido” como en una tapia, muro o pared; mientras que una fisura “no llega a romperlos” y apenas afecta su recubrimiento o pintura, y no representa ningún peligro estructural posterior.

Terremotos que ocasionan destrucciones, en mayor o menor grado, lo que significa su “ruina, asolamiento, o pérdida grande y casi irreparable” y fuertes temblores cuyos daños son “echar a perder o malograr” cualquier parte de una edificación o construcción; y cuyo deterioro es “hacer que algo pase a un peor estado o condición”. Sismos que, además y lamentablemente, cuando son muy fuertes causan heridas, muertes y desapariciones de los habitantes de las ciudades que los sufren, a los que las palabras correctamente usadas algo podrían ayudar.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.

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