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¿Nuevos amigos?

Las movidas europeas contrastan con una diplomacia estadounidense más personalista y voraz hacia América Latina.

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Muni Jensen
Muni Jensen | Foto: El País

18 de abr de 2026, 12:55 a. m.

Actualizado el 18 de abr de 2026, 12:55 a. m.

En medio de las tormentas políticas, las guerras, disputas y elecciones, hay un evento interesante que ha pasado sin mucho ruido. Se trata del acuerdo comercial de la Unión Europea con Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, más unos allegados). En Asunción, y tras un cuarto de siglo de idas y vueltas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, selló junto el acuerdo con la presencia de los líderes del bloque.

Hay varias razones para ponerle atención a este momento y al mensaje contundente de la presidenta de la Comisión Europea, que dijo “apostar por el libre comercio y no los aranceles, una cooperación duradera y beneficios concretos para ciudadanos y empresas, un mensaje claro al mundo”.

Una jugada que además de comercio, tiene un segundo objetivo: mostrar la fuerza de Europa no solo en temas comerciales sino como un continente con fuerza política y de seguridad global. Tal vez sea algo más que un acuerdo comercial sino un gesto de posicionamiento.

El resultado es una de las mayores áreas de libre comercio del planeta: 31 países y 700 millones de ciudadanos. Pero más que cifras, el acuerdo refleja el momento europeo: una apuesta por diversificar socios, reducir dependencias y reforzar su seguridad económica. Es un movimiento táctico de Europa.

Sin duda es un gesto de posicionamiento más que un acuerdo comercial. Ante las políticas erráticas y transaccionales de Donald Trump, y la incursión poderosa de China, Europa intenta proyectar fuerza geopolítica y un contrapeso con movimientos cada vez más firmes, un temblor leve que empieza a sentirse en el tablero global. Es una buena noticia en un momento donde los pactos y alianzas, la globalización y el interés individual están ‘out’, incluyendo las instituciones como la ONU, la OEA y otros que están de capa caída o enredados con objetivos pasados de moda.

Es una buena noticia en un momento en que los pactos, las alianzas y la globalización parecen estar en retirada, y en el que instituciones como la ONU o la OEA atraviesan una evidente pérdida de relevancia. Las movidas europeas contrastan con una diplomacia estadounidense más personalista y voraz hacia América Latina.

Aunque se han tomado acciones en países como Venezuela, Ecuador y quizás pronto Cuba, el renovado interés de Washington parece centrado en asegurar recursos energéticos y minerales estratégicos. Sus intenciones son claras: ganar terreno frente a sus rivales, más que fortalecer alianzas duraderas. Por esta razón, este acuerdo muestra una opción más saludable y efectiva.

Caleña. Graduada del Colegio Bolívar. Politóloga de Trinity College con Maestría en Estudios Latinoamericanos de Georgetown. Analista política y asesora para América Latina de Albright Stonebridge Group. Trabajó en Proexport en Bogotá y en la Cámara de Comercio de Cali. Fue subdirectora de la Oficina Comercial de Washington y jefe de prensa de la Embajada de Colombia en Washington.

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