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No será igual

Las imágenes de miles de caleños ayudando a desconocidos, ofreciendo comida, llevando suministros y removiendo escombros constituyen una lección ciudadana y una razón legítima para sentir orgullo.

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Juan Esteban Ángel
Juan Esteban Ángel | Foto: El País

24 de ago de 2026, 12:08 a. m.

Actualizado el 24 de ago de 2026, 12:09 a. m.

Cali volvió a demostrar de qué está hecha. No somos una ciudad perfecta; estamos lejos de serlo. Enfrentamos enormes desafíos en materia de seguridad, desigualdad, infraestructura y convivencia. Durante años hemos hablado del deterioro de nuestro civismo. Sin embargo, cuando la adversidad golpea, reaparece algo profundamente nuestro: la disposición a ayudar, tender la mano y ponernos, con empatía, en el lugar de quien sufre.

Hace tiempo, Cali decidió convertir la solidaridad en uno de sus símbolos; incluso levantó un monumento para recordarlo. El terremoto nos mostró, de la manera más dolorosa, que todo puede cambiar en cuestión de segundos y dejar historias, recuerdos e imágenes difíciles de borrar. Pero también nos recordó que, pese a nuestros defectos, conservamos grandes virtudes. Las imágenes de miles de caleños ayudando a desconocidos, ofreciendo comida, llevando suministros y removiendo escombros constituyen una lección ciudadana y una razón legítima para sentir orgullo.

Los expertos que han analizado este tipo de desastres coinciden en que deben entenderse como procesos de largo plazo. La primera fase corresponde a la atención inmediata de la emergencia, cuando salvar la mayor cantidad de vidas posible debe ser la prioridad. Después viene el momento de comprender y dimensionar, con cifras y diagnósticos precisos, las afectaciones causadas por el terremoto. Finalmente, llega la reconstrucción: un camino complejo que puede tardar varios años y que exigirá paciencia, coordinación y compromiso colectivo.

Por eso no podemos bajar la guardia. Una vez superada la emergencia inicial, centrada en salvar vidas, atender a los heridos y responder al impacto inmediato, comienza una etapa distinta, menos visible, pero igualmente dolorosa para muchas personas. La tragedia no termina cuando las noticias dejan de abrir con el terremoto. Continuará para quienes perdieron a sus familiares o sus viviendas, para los pequeños negocios que no saben si podrán volver a abrir, para las familias obligadas a empezar de nuevo y para tantos ciudadanos que seguirán enfrentando dificultades.

Mantener viva la solidaridad implicará sostener las donaciones donde todavía sean necesarias, comprar en los comercios afectados, acompañar a quienes no pudieron regresar a sus hogares y permanecer, de manera constante, al lado de quienes más lo necesitan.

El alcalde de Cali, Alejandro Eder, ha advertido que la recuperación de la ciudad podría tomar cerca de tres años. La Gobernación del Valle, encabezada por Dilian Francisca Toro, comenzó a plantear desde los primeros días acciones de reparación y reconstrucción en los municipios afectados. A su vez, el Gobierno Nacional ha dispuesto medidas extraordinarias para movilizar recursos destinados a vivienda, recuperación económica e infraestructura.

En este proceso será fundamental la articulación entre el sector público, el privado y la ciudadanía, de modo que los recursos y las ayudas lleguen de manera oportuna, transparente y efectiva a quienes más los necesitan.

Capítulo aparte merece el reconocimiento a el trabajo del alcalde de Cali, de la gobernadora del Valle, del Gobierno Nacional, de los organismos de socorro, de la fuerza pública y del personal de salud, que han respondido oportunamente a la emergencia. También merece destacarse la generosidad del sector privado, que ha movilizado capacidades, recursos y esfuerzos para respaldar las labores de atención y reconstrucción.

Nuestra historia ha construido alrededor del civismo una parte esencial de la identidad de Cali. Ojalá la enorme solidaridad que vivimos durante la emergencia trascienda; que entendamos que en esta ciudad cabemos todos, sin importar el origen, la condición o la procedencia; y que solo unidos podremos levantarnos, reconstruir lo perdido y salir adelante.

Economista y MBA con énfasis en negocios internacionales. Exsecretario general de la Gobernación del Valle y Privado de la Alcaldía de Cali. Exdirector del Comité Intergremial y Empresarial del Valle. Actualmente, fortaleciendo la economía solidaria desde el Grupo Coomeva. Hincha del Deportivo Cali. Papá de Manolo y Agustín.

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