Columnista
La tierra tiembla, Colombia se abraza
El dolor de una familia que no conocemos se convierte en el dolor de todos. En Cali lo hemos sentido de una manera profunda.
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23 de ago de 2026, 12:17 a. m.
Actualizado el 23 de ago de 2026, 12:17 a. m.
Hay momentos en la vida de un país en los que las palabras parecen pequeñas. El lunes 10 de agosto, la tierra volvió a estremecerse y, con ella, se estremecieron hogares, familias, recuerdos y sueños. Una tragedia enorme que ha dejado dolor, incertidumbre y pérdidas que difícilmente podremos medir solamente en cifras. Pero, en medio de tanto sufrimiento, hay algo que el terremoto no pudo derrumbar: el corazón de Colombia.
Cuando la tierra tiembla, las diferencias pierden importancia. Las discusiones políticas quedan a un lado y las distancias sociales desaparecen. El dolor de una familia que no conocemos se convierte en el dolor de todos. En Cali lo hemos sentido de una manera profunda. Esta ciudad, que llevo en el corazón por haber nacido y haberme formado en ella, tiene una manera particular de levantarse frente a la adversidad. Cali sabe de alegría, de música, de trabajo y de esperanza; pero también Cali y Colombia saben abrazar cuando uno de los suyos está sufriendo. Hemos visto ciudadanos llevando agua, alimentos, ropa y medicamentos; vecinos abriendo sus puertas; empresarios aportando recursos; jóvenes y voluntarios ayudando; médicos, enfermeros, bomberos, policías, soldados y rescatistas entregando sus fuerzas para salvar vidas. Hay héroes cuyos nombres quizá nunca conoceremos: quien permanece entre los escombros buscando una señal de vida, quien comparte lo poco que tiene, quien ofrece su vehículo o su tiempo, y ese vecino que simplemente se acerca y pregunta: ‘¿Qué necesita?’.
En medio de este dolor, merece un reconocimiento especial la respuesta del Gobierno nacional. El presidente Abelardo de la Espriella, acompañado por la primera dama, los ministros y todo su equipo ha estado presente desde los primeros momentos en los lugares afectados, recorriendo las zonas golpeadas y acompañando las labores de emergencia. Su presencia inmediata, junto con la de las autoridades nacionales y territoriales, los organismos de socorro, las Fuerzas Armadas, la Policía y los equipos de salud, transmiten un mensaje fundamental: las familias afectadas no están solas y el Estado está presente. A esta solidaridad nacional se ha sumado la ayuda internacional. Desde distintos países han llegado expresiones de respaldo, recursos y asistencia humanitaria. Agradecemos esas manos tendidas, porque frente al sufrimiento humano no deberían existir fronteras. Pero quizá una de las imágenes más conmovedoras de estos días es que antes de que muchas ayudas pudieran llegar, ya había colombianos auxiliando a otros colombianos. Esos gestos también son una forma de reconstruir.
Colombia conoce el dolor de los terremotos. Nuestra ubicación geológica, marcada por la interacción de grandes placas tectónicas y sistemas de fallas, hace que vivamos sobre una tierra activa. La historia lo ha recordado con tragedias como el terremoto y tsunami de 1906 en el Pacífico, la devastación de Popayán en 1983 y el terremoto del Eje Cafetero en 1999. No sabemos cuándo volverá a temblar la tierra, pero sí podemos prepararnos mejor: construir bajo los más estrictos estándares, fortalecer la prevención, educar a nuestras familias y mejorar nuestra capacidad de respuesta. La emergencia no termina cuando desaparecen los escombros ni cuando las cámaras se marchan. Las tragedias nos recuerdan que no basta con arreglar fachadas sino de reconstruir viviendas, escuelas, centros de salud e infraestructura. Adicionalmente, hay que reconstruir vidas, confianza y esperanza. Para unos padres que perdieron sus hijos, no existe parte oficial que cierre el dolor. Para los que lo perdieron todo, comenzar de nuevo será un camino extenso y requiere un plan de largo plazo por lo que la solidaridad debe permanecer. Hoy nuestra querida Cali y nuestros hermanos del Pacifico, del Eje Cafetero y de cada lugar donde la tierra dejó una huella de dolor debemos decirles que aquí estamos. Nuestra alma está herida. Cali está herida. Colombia está de duelo. Pero seguimos de pie porque lo que verdaderamente sostiene a una Nación es algo mucho más profundo: la capacidad de sentir como propio el dolor del otro.
Mientras exista un colombiano dispuesto a tenderle la mano a otro, mientras una familia encuentre consuelo en otra familia y alguien, en cualquier rincón del país, diga ‘yo también quiero ayudar’, Colombia seguirá teniendo futuro. Que esta tragedia nos deje dolor, pero también sabiduría. Que nos encuentre más preparados, más responsables y unidos. Porque la tierra puede volver a temblar. Pero mientras permanezcamos juntos, nuestro espíritu no caerá. La tierra tiembla y Colombia se abraza.

Psicóloga de la Universidad del Valle con Maestría en Ciencia Política de la Universidad Javeriana, Estudios en Negociación de Conflictos, Mediación y Asuntos Internacionales. Columnista, concejal de Cali durante 2 períodos y senadora de la República durante 16 años. Presidenta del Congreso de la República, Ex embajadora de Colombia ante las Naciones Unidas, Ex ministra de Relaciones Exteriores.







