Columnistas
La Cali que tenemos que levantar
Detrás de cada edificación hay familias, negocios, proyectos de vida y, en los casos más dolorosos, pérdidas irreparables.
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23 de ago de 2026, 12:13 a. m.
Actualizado el 23 de ago de 2026, 12:13 a. m.
Aún no salimos del asombro y el dolor del terremoto del 10 de agosto, que dejó más de 150 personas fallecidas en Cali. Sabemos que un fenómeno natural de esta magnitud no puede evitarse y que la ciudad tiene zonas construidas sobre suelos con características que pueden amplificar los efectos de un movimiento sísmico. Pero también sabemos que hay decisiones que sí están en nuestras manos: conocer el territorio, respetar las normas, construir con rigor y aprender de lo ocurrido.
El balance oficial, con corte al 20 de agosto, da cuenta de la magnitud de la emergencia: 1122 edificaciones verificadas, 24 con colapso total, 246 con colapso parcial y 231 con daño estructural. Detrás de cada una hay familias, negocios, proyectos de vida y, en los casos más dolorosos, pérdidas irreparables.
Los daños se concentran especialmente en sectores del cono de Cañaveralejo, en el sur de Cali, pero también hay otros lugares donde se cayeron edificaciones, como la Notaría 20, en El Poblado, y zonas con edificios relativamente nuevos, como ocurre en el extremo norte de Cali, hoy desalojados. También se van conociendo fallas en el mantenimiento de edificios antiguos, situados o no en el epicentro de la tragedia, que quedaron en el piso. Serán los peritos quienes finalmente establezcan qué pasó y los expertos quienes dirán qué debemos hacer en adelante.
La respuesta tendrá que considerar el suelo, el diseño, la estructura, la antigüedad, los materiales, las modificaciones, el mantenimiento y el cumplimiento de las normas. Investigaciones de universidades como la Javeriana y la del Valle explican la concentración importante de los daños en sectores asociados al antiguo abanico aluvial del río Cañaveralejo, donde las características del suelo pueden amplificar el movimiento sísmico. Edificaciones cercanas, sin embargo, tuvieron comportamientos distintos.
Cali ya tenía estudios de microzonificación sísmica. Ahora corresponde preguntarnos qué hicimos con ese conocimiento y cómo debe incorporarse a las decisiones futuras, así como las nuevas normas que surgirán.
También habrá que revisar lo que ya está construido. La seguridad de una edificación no termina cuando se entrega: el mantenimiento, las modificaciones, el deterioro o las intervenciones sobre elementos estructurales pueden cambiar su comportamiento con los años. Y si edificaciones relativamente nuevas resultaron afectadas, habrá que establecer qué estudios de suelo tuvieron, qué norma les aplicaba, cómo fueron construidas y qué controles recibieron.
Aquí hay una responsabilidad que no puede diluirse. Construir en Cali exige mucho más que cumplir un trámite. Por eso, los constructores y entidades que participan en el proceso deben actuar con el máximo rigor, responsabilidad y transparencia. Cumplir la norma no es un requisito de papel, sino un compromiso con la vida.
Cali va a levantarse, no hay duda de su fuerza y coraje, pero la verdadera pregunta es si vamos a levantar la misma ciudad en las zonas afectadas o tendremos el valor de construir una más segura, preparada y consciente de sus riesgos.
La mejor manera de honrar a quienes murieron y a quienes lo perdieron todo, será aprender de lo ocurrido. Revisar lo que hicimos mal y bien, asumir las responsabilidades que correspondan y aprovechar el conocimiento que tenemos.
Porque cuando se construye una vivienda, una torre, un hospital o cualquier edificación se pone en juego la vida de quienes estarán allí. Esa responsabilidad debe estar presente en cada plano, cada inspección y cada decisión. Y que quienes fueron irresponsables paguen. Nos levantaremos, pero esta ciudad en muchas de sus zonas y en el corazón de quienes la edifican no puede volver a ser la misma. @pagope

Comunicadora Social - Periodista y Docente de la Universidad Autónoma de Occidente. Caleñísima. Con 26 años de experiencia en una sala de redacción. Entiende el periodismo como una pasión, pero sobre todo, como una manera de transformar y servir a la sociedad. Ciudad, paz, género y niñez, los temas que le apasionan.







