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Cali Nueva
Familias en duelo, y toda la ciudad viviendo noches sin dormir, miedo y ansiedad.
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22 de ago de 2026, 01:43 a. m.
Actualizado el 22 de ago de 2026, 01:43 a. m.
La noticia del terremoto en Colombia ha llenado medios alrededor del planeta. Imágenes dolorosas y relatos de familias que pasaron de tomarse un café tempranito a vivir un minuto de infinito miedo y un futuro incierto. Es desgarrador ver desde lejos el impacto del terremoto en Cali y en tantas otras ciudades de Colombia. La destrucción, las pérdidas humanas, las familias rotas, los amigos que se fueron y las heridas que tomarán meses y años en sanar. Familias en duelo, y toda la ciudad viviendo noches sin dormir, miedo y ansiedad.
Como una ironía cruel, apenas tres días antes Cali también estaba en las noticias. La ciudad se había vestido de fiesta para el cambio de gobierno, para recibir a colombianos y visitantes internacionales y mostrar las oportunidades de una región que desde afuera muchas veces se ve como epicentro de coca, violencia y problemas. Fue una apuesta audaz para una transición política que representa un giro importante de modelo acompañado de enormes expectativas.
Dos eventos extraordinarios pusieron a Cali frente a Colombia y frente al mundo en una misma semana. Uno hablaba de futuro y el otro nos recordó brutalmente nuestra fragilidad.
¿Qué se puede rescatar? En ambos apareció lo mejor de la región: la gente. El trabajo en equipo. Mandatarios locales y regionales unidos, empresarios, fundaciones, gremios, Fuerzas Armadas, organizaciones sociales y ciudadanos trabajando juntos. Después del sismo aparecieron inmediatamente vecinos y voluntarios, mientras la ayuda comenzaba a llegar desde todas las esquinas. Sin duda hemos visto iniciativas de grandes organizaciones internacionales como el Banco Mundial y la Cruz Roja y donantes discretos, pero también profesores rurales, cocineros, monjas, pequeñas empresas, estudiantes y policías buscando cómo ayudar. La ciudad y el mundo se ha activado de una manera asombrosa alrededor de nuestra ciudad.
Cali y el Valle llevan años necesitando una narrativa diferente, y esta vez existen fundamentos para construirla. Llegó la hora de redoblar el esfuerzo, contando sus posibilidades en una región que ha pagado demasiado por la violencia y las divisiones políticas.
La región tiene mucho con qué competir: industria, agroindustria, logística, servicios y talento. Buenaventura conecta al Valle con el Pacífico, mientras Cali tiene universidades, hospitales, cultura y calidad de vida. También aparecen oportunidades nuevas en tecnología aplicada a la salud, economía circular, energías limpias y agroindustria avanzada, proyectos de metanol verde y también combustible sostenible de aviación, aprovechando capacidades industriales que ya existen en la región. Sin olvidar los árboles florecidos, música, gastronomía, y ante todo su gente.
¿Qué sigue? Reconstruir las almas, los edificios y también la imagen. Mantener la atención internacional cuando las cámaras se hayan ido. Hay que aprovechar esta visibilidad de los presidentes, embajadores, empresarios, periodistas y líderes internacionales que llegaron por el cambio de gobierno y conocieron una ciudad que muchos visitaban por primera vez. De esta semana dolorosa e insólita puede salir una Cali nueva.

Caleña. Graduada del Colegio Bolívar. Politóloga de Trinity College con Maestría en Estudios Latinoamericanos de Georgetown. Analista política y asesora para América Latina de Albright Stonebridge Group. Trabajó en Proexport en Bogotá y en la Cámara de Comercio de Cali. Fue subdirectora de la Oficina Comercial de Washington y jefe de prensa de la Embajada de Colombia en Washington.







