Columnistas
La victoria de la compasión
Entre la gente de a pie no hubo diferencias de credo ni de partidos, ni de preferencias ideológicas.
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21 de ago de 2026, 02:23 a. m.
Actualizado el 21 de ago de 2026, 02:23 a. m.
Con lágrimas en los ojos escribo mi columna de hoy no solo por el dolor de ver a mi Cali y a su gente abatida y golpeada en sus vidas, su patrimonio y su tranquilidad sino también por la emoción de sentir cómo caleñas y caleños se han volcado a socorrer a las víctimas y a practicar ‘la economía del dar’. Dice la académica Genevieve Vaughan que los seres humanos son ‘homo donans’ por naturaleza, pues aprenden de sus madres que los amamantan cuando bebes y los cuidan sin exigir ninguna contraprestación. Más tarde en la vida entran en el mundo de la competencia y el capital, donde todo vale.
Cali se ha unido. Tan pronto sucedió la tragedia, voluntarios se movilizaron a armar las cadenas de remoción de escombros para salvar vidas, mientras los políticos debatían si debían o no recibir ayuda humanitaria de los expertos, de todos los países o si el rencor y las diferencias políticas deberían de primar sobre la vida.
Entre la gente de a pie no hubo diferencias de credo ni de partidos, ni de preferencias ideológicas. Todos juntos han ido ayudando, médicos, enfermeras se han doblado para atender a los enfermos y con gran profesionalismo se pudo salvar a los pacientes que tuvieron que ser evacuados del Hospital Universitario del Valle. También arquitectos e ingenieros constructores y albañiles han prestado sus servicios, primero para evaluar los daños y luego para ver que se puede reconstruir.
Sin duda alguna la Gobernadora y su gabinete han llegado hasta los más lejanos rincones, con ayudas y voces de esperanza mientras que el alcalde Eder, con suma eficiencia ha asumido el liderazgo necesario para informar a la ciudadanía a diario de los pasos que se siguen y de los lugares de apoyo a los damnificados.
Empresarios han donado de sus utilidades para la reconstrucción y los Gilinski, amigos de mi infancia, con enorme generosidad aportaron una suma substancial, mientras que otros, como el exalcalde Maurice Armitage donan fincas y terrenos para que las personas que quedaron sin casa puedan reconstruir sus vidas y porque no en eco-aldeas sostenibles.
Cali se ve florecido, los guayacanes rosados y amarillos de agosto, la veraneras, los tonos verdes que la caracterizan, pero detrás de las fachadas nadie sabe, el Teatro Municipal, el teatrino, la sala Beethoven, el Centro Cultural, el Teatro Jorge Isaac, la Iglesia de la Merced, muestran grietas y daños que los hacen no aptos para ser utilizados y la Orquesta filarmónica, debe hacer sus conciertos en la Iglesia del Barrio Obrero.
Mientras tanto detrás de cada puerta hay un drama humano. Un ser querido que se fue sin despedirse, otro que está enfermo, un techo que se esfumó, colegios que comienzan pronto, útiles, matrícula ¿y empezar de cero? Además, las alarmas de los celulares repican, son las réplicas del sismo pasado. En este panorama, cogidos de la mano elevemos la oración al infinito para que este Cali que tanto queremos vuelva a resplandecer

Profesión Abogada, PhD en Gobierno de la London School of Economics. Fue directora del programa de TV el Agora y la Lupa. Miembro de La Comisión Preparatoria sobre Administración Pública de La Asamblea Nacional Constituyente 1991. Promotora y madre del Artículo 40 de la Constitución o Ley de cuotas 1991. Miembro del Comité Asesor de Poder de El País 2010. Escribe para el periódico desde el 2005.






