Columnistas
Ostracismo
Colombia y el mundo se han movilizado conmovidos para rescatar vidas y ayudar a los que más sufrieron...
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22 de ago de 2026, 01:44 a. m.
Actualizado el 22 de ago de 2026, 01:44 a. m.
Cuando la euforia por la posesión presidencial, plena de gestos y símbolos de buen gobierno, llenaba al país de optimismo, por quitarse el yugo del miedo y la corrupción, vino la naturaleza a recordarnos cuán frágiles somos como pasajeros del planeta. El país se unió ante la desgracia dando muestras de solidaridad, liderazgo y heroísmo mostrando de qué pasta estamos hechos.
Hemos llorado ante cada historia que aflora y cuenta lo inexorable del destino: el papá que se fue a trabajar y ya no encontró su familia cuando voló a ver su casa, las trillizas y el coraje de la que sobrevivió, Violeta que vino a visitar a su abuela, para vivir tres días en los escombros hasta que ya no pudo más, ante la impotencia de sus padres y rescatistas.
Colombia y el mundo se han movilizado conmovidos para rescatar vidas y ayudar a los que más sufrieron, cadenas humanas desesperadas escarbando con sus manos, vecinos alimentando y alojando a quienes todo lo perdieron, voluntarios recibiendo donaciones , clasificándolas, despachándolas y haciéndolas llegar a los núcleos críticos.
Y de nuevo el liderazgo institucional con un Presidente que apenas llegaba y a los dos días de su gobierno, empezó a ejercer con el concurso de gobernadores y alcaldes, definiendo políticas y acciones de emergencia, en medio de la quiebra fiscal que encontró. Y los vilipendiados empresarios de todos los tamaños, ofreciendo soluciones y cerca de un billón de pesos para la restauración. El Valle duramente golpeado ha tenido en su gobernadora Dilian Francisca Toro y en el Alcalde de Cali, Alejandro Eder, dos líderes crecidos ante la adversidad, haciendo presencia con soluciones rápidas y efectivas pero también abrazando, orando y llevando consuelo a su pueblo. ¿Qué decir de la gobernadora del Chocó, Nubia Córdoba, explicando en elocuente inglés a Buffet y a Shakira el tamaño del daño y las reparaciones?
Todas las acciones evocan lo mejor del alma humana y generan fe en que aún la humanidad puede remontar sus mezquindades y redimirse, con una excepción: la del insensible Petro que tuerce todo para desconocer las buenas acciones y mantenerse vivo ante la opinión.
Ese ha sido su juego diabólico. Lo estúpido es entrar en él. Por ello lo mejor es aplicarle el ostracismo, esa sanción social que los griegos aplicaban a los ciudadanos indeseables, marginándolos de la sociedad con la indiferencia, que es el mayor castigo para quien quiere mantenerse vigente a cualquier costo. Lo cual equivale a no reproducir sus mentiras, ni sus diatribas en las redes, así sea para desmentirlo. No se necesita, sus infamias caerán por sí solas, como frutas podridas de un árbol.
Dejemos que la justicia opere ante las valientes denuncias de despilfarro y corrupción formuladas por el presidente Abelardo de la Espriella y contribuyamos con nuestro silencio a dejarlo gobernar, como frente a los escombros cuando se escucha una voz de alguien sepultado. Y que el nefasto se revuelque en su soberbia y aislamiento ante la indiferencia ciudadana.







