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Mapa de calor
Colores que serán muy útiles para compararlos con los que arroje el mapa de color de la primera vuelta presidencial el 31 de mayo, porque es muy probable que no coincidan.
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25 de abr de 2026, 01:11 a. m.
Actualizado el 25 de abr de 2026, 01:11 a. m.
El mapa de calor publicado por El País con los resultados de las elecciones parlamentarias del 8 de marzo en el Valle del Cauca, indica que el Pacto Histórico, que sacó el 35 % de la votación, tiene su mayor fortaleza en el sur del departamento y en Cali y su área de influencia. El Partido de la U tiene su bastión en el norte del departamento y el Centro Democrático, teñido todo de morado, apenas unos puntos de influencia en el centro y el norte. Cali por otra parte es una ciudad petrista teñida de rojo sobre todo en el oriente y la ladera, con influencia notoria en el resto de la ciudad. El Centro Democrático se centra en la comuna 22 con un color rojo que se va poniendo amarillo en algunos barrios de estrato superior (el rojo indica más del 50 % de la votación, el amarillo alrededor del 25 %, el morado que tiende a cero).
Esos colores serán muy útiles para compararlos con los que arroje el mapa de color de la primera vuelta presidencial el 31 de mayo, porque es muy probable que no coincidan. El mayor absurdo de la política colombiana es que la elección parlamentaria va por un camino y la presidencial por otro. Como consecuencia el presidente termina siendo elegido principalmente por el voto de opinión de las grandes ciudades, una movilización ciudadana al margen de los partidos, que ni se mortifican porque ya tienen aseguradas sus curules en el Congreso.
Pueden suceder en la primera vuelta varias cosas. La primera, que candidatos con una reducida representación parlamentaria o con ninguna, como Abelardo de la Espriella, Sergio Fajardo y Claudia López saquen una buena votación. La segunda, que candidatos con una fuerza importante en el Congreso como Iván Cepeda y Paloma Valencia, saquen una votación muy superior a la que obtuvieron sus partidos. La tercera es que los dos candidatos que pasen a la segunda vuelta tengan una minoritaria representación en el Congreso que los obligará a hacer coaliciones para poder ganar. Las tres cosas pueden suceder al mismo tiempo.
Los politólogos con vocación de estadígrafos, que son los mejores porque basan sus análisis más en cifras que en intuiciones, están de acuerdo en que para ser elegido presidente de la república se debe ganar en Bogotá, que es medio país, y en un par de otras regiones densamente pobladas Antioquía, Valle del Cauca, los Santanderes y la Costa Caribe. El que pierda en Bogotá, pierde.
No es seguro por ejemplo que Paloma Valencia saque una muy pobre votación en el Valle del Cauca, habida cuenta de que al Centro Democrático no le fue bien en las elecciones legislativas o al contrario que Iván Cepeda pueda multiplicar la gran votación que obtuvo el Pacto Histórico en el departamento. Es sólo un ejemplo que es aplicable a lo largo y ancho del país, donde puede plantearse la misma inquietud.
En la elección presidencial de 2022 Rodolfo Hernández pasó a la segunda vuelta y obtuvo en ella diez millones de votos, sin ninguna representación en el Congreso. Ganó Gustavo Petro con once millones de votos y una representación de cerca del 20 % en el Congreso.
Es decir, en la elección presidencial de 2022 el Congreso fue un convidado de piedra. ¿Será que en 2026 vuelve a suceder lo mismo? Aunque sea un examen post mortem va a ser muy interesante comparar esos dos mapas de calor, para ver de qué manera la calentura política no está en las sábanas del Congreso sino en el cuerpo de la opinión pública.

Abogado especializado en Ciencias Socioeconómicas. Ha sido embajador de Colombia ante la Asamblea General de la ONU, Cónsul General de Colombia en el Reino Unido, Gerente Regional de la Caja Agraria y Secretario General de Anif y de la Universidad del Valle.
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