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Las finanzas del Tigre

Un informe de la Universidad Javeriana muestra que el 91,5 % del presupuesto no se puede modificar: SGP, servicio de la deuda, gasto en pensiones, salud y otras transferencias ya están comprometidos.

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Mauricio Cabrera Galvis
Mauricio Cabrera Galvis | Foto: El País

7 de jun de 2026, 12:51 a. m.

Actualizado el 7 de jun de 2026, 12:51 a. m.

En mi columna reciente afirmé que la gran debilidad de las propuestas de gobierno de todos los candidatos era no decir de dónde iba a salir la plata para pagarlas. La verdad es que el programa del abogado sí es explícito en plantear unas fuentes de recursos para financiarlas y además bajar impuestos, pero el problema es que son como las cuentas de la lechera, ilusiones fiscales de unos recursos que no existen o son imposibles de obtener.

El programa de la patria milagro es generoso en propuestas que aumentan el gasto público: $10 billones para el plan de choque en salud, aumento de $250.000 a $600.000 mensuales de las transferencias a adultos mayores, $2 billones para compra directa de cosechas a campesinos, 100.000 subsidios de vivienda, reducción de la tasa de crédito hipotecario a 2 % anual. Además, montos no especificados de aumento del gasto militar para la guerra contra los grupos armados y del gasto en la rama judicial para el bloque de búsqueda contra la corrupción. Todas son propuestas buenas y necesarias, pero ¿con qué plata se van a financiar?

Además, por el lado de los impuestos hay propuestas concretas para reducir la carga tributaria, como eliminar el 4x1000, bajar los impuestos a la gasolina o eliminar el impuesto al patrimonio, y otras todavía indeterminadas, como reducción de impuestos a empresas que generen empleo de calidad.

Según uno de los documentos de la campaña, la financiación de este milagro tiene 8 componentes, de los cuales los más importantes son: recorte del 40 % del aparato estatal ($25 - 30 billones); ataque a la corrupción ($20 – 25 billones); regalías hidrocarburos ($15 – 20 billones); regalías mineras ($5 billones); crecimiento 5 % del PIB ($15 – 20 billones); Plan Colombia II ($8 – 12 billones).

Hay alguna confusión en las cifras, porque en otros documentos dicen que el plan de choque de reducción del Estado generaría un ahorro estructural del 3,1 % del PIB (unos $70 billones de pesos), incluyendo un recorte en el SGP, y en el publirreportaje que le hizo una emisora al candidato y su vicepresidente, ambos dijeron la palabra prohibida que nunca ha usado Colombia: ¡Reestructurar la deuda! Si los mercados les creyeran, entrarían en pánico.

De las fuentes de recursos señaladas, unas son factibles, pero solo en el mediano o largo plazo, no en cuatro años de gobierno, y otras son imposibles de lograr con la Constitución actual. El aumento de la producción de hidrocarburos, cobre o níquel requiere mínimo tres o cuatro años para que sea realidad y empiece a generar regalías; además, está el pequeño detalle de que las regalías no pertenecen al gobierno central y no disminuyen el déficit fiscal. Un exministro de Hacienda debería saberlo.

También sorprende que una persona con la experiencia y el conocimiento del exministro Restrepo no sepa de la inflexibilidad del gasto público y de la casi imposibilidad de achicar el Estado sin un cambio en la Constitución. Un informe de la Universidad Javeriana muestra que el 91,5 % del presupuesto no se puede modificar: SGP, servicio de la deuda, gasto en pensiones, salud y otras transferencias ya están comprometidos. En cuanto al gasto de personal, solo el 12 % ($14 billones) corresponde a la rama Ejecutiva, y el resto a defensa, rama Judicial, educación y salud. Recortar 40 % el aparato estatal en Colombia es una quimera que ni siquiera la motosierra de Milei o Elon Musk podrían lograr.

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