Columnistas
Las palabras tienen consecuencias
Los colombianos merecemos unas elecciones en paz. El suroccidente merece despertar el lunes sin miedo.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


13 de jun de 2026, 04:09 a. m.
Actualizado el 13 de jun de 2026, 04:09 a. m.
A ocho días de la segunda vuelta, Colombia enfrenta un riesgo que no lo registran las encuestas. Me refiero a la posibilidad de que quienes tienen capacidad de movilizar a miles de personas conviertan una jornada democrática en un detonador de una nueva crisis. No me lo estoy imaginando…
Después de la primera vuelta del 31 de mayo, el ambiente político se enrareció más. La narrativa del fraude circuló, sin pruebas, sin respaldo de los organismos de control nacionales e internacionales. Por otro lado, una congresista, sin tener la competencia legal, intentó suspender al presidente Petro por presunta participación en política sin respetar el debido proceso en el Estado de Derecho. A pocos días del cierre del proceso electoral, las redes sociales arden con mensajes que no llaman a votar sino a desconfiar.
Quienes vivimos en el suroccidente colombiano sabemos lo que esas palabras pueden traer. Lo vivimos en 2021. Los bloqueos no se dieron por arte de magia, fueron alimentados por narrativas de indignación que encontraron tierra fértil en una región que de por sí es irreverente.
Las consecuencias no fueron menores: el paciente que no pudo llegar al centro de salud, los alimentos que no llegaron a los centros de abasto ni a la mesa de las familias, empresas cesantes, empleos perdidos, el puerto de Buenaventura paralizado mientras las exportaciones esperaban y las importaciones no entraban, las carreteras bloqueadas que convirtieron la movilidad cotidiana en una odisea. En fin, el suroccidente pagó una cuenta cara y el miedo tardó meses en bajar.
Sin embargo, a pesar de todo, en esta región también sabemos lo que significa la esperanza. Tenemos la convicción profunda de que las cosas pueden cambiar, de que el esfuerzo colectivo tiene recompensa, de que vale la pena seguir.
Millones de coterráneos van a ir a las urnas el domingo, no por obligación sino porque creen que su voto importa, que su futuro depende de lo que pase en esa urna. Esa fe en la democracia es uno de los activos más valiosos que tiene Colombia y es precisamente lo que está en riesgo cuando se siembra la duda, antes de que los resultados lleguen.
Hoy la tensión es la misma que en el 2021. Las palabras de quienes controlan plataformas políticas, mueven masas y tienen tribuna permanente, no son sólo opinión, son combustible. Y sobre eso deben estar plenamente conscientes.
Usar las palabras para encender, en lugar de calmar, no es un ejercicio legítimo de la política. Es, claramente, una irresponsabilidad que trae consecuencias devastadoras.
En todo caso, la democracia no termina la noche del 21 de junio. Es precisamente ahí donde comienza. Aceptar los resultados, respetar las instituciones y evitar que las diferencias políticas se conviertan en confrontación social es una responsabilidad de todos, pero especialmente de los que tienen liderazgo y poder de convocatoria. Esa obligación no distingue ideologías ni colores políticos; es una condición básica para la estabilidad democrática del país.
Debe existir un compromiso de todos con el respeto al resultado que anuncien la Registraduría Nacional y el Consejo Nacional Electoral. Esa es la expresión mínima de responsabilidad democrática en un país que no puede darse el lujo de una nueva crisis institucional ni de mayores divisiones.
Los colombianos merecemos unas elecciones en paz. El suroccidente merece despertar el lunes sin miedo. Eso no es mucho pedir… pero eso sí dependerá, en buena medida, de que quienes tienen voz decidan usarla para construir, no para destruir.
Los habitantes del suroccidente ya vivimos las consecuencias de una crisis que dejó profundas afectaciones en la región. Por eso, hoy más que nunca, las palabras deben ser cuidadosas y responsables, porque está en juego la confianza, la convivencia y el bienestar que entre todos hemos construido durante décadas.

Presidenta de Asocaña
6024455000





