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Cuál diálogo
El derecho a opinar ya existe. Y controvertir una idea no equivale a desconocer ese derecho. Al contrario: discutirla es la esencia misma del diálogo.
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8 de ago de 2026, 02:42 a. m.
Actualizado el 8 de ago de 2026, 02:42 a. m.
Diálogo: palabras que se cruzan entre dos personas. La libertad de expresión significa precisamente eso: poder usar cualquier combinación de palabras, por duras o incómodas que resulten, siempre que no constituyan una incitación directa a la violencia o una amenaza contra los derechos de los demás.
Se ha puesto de moda la idea de que ciertas palabras son, por sí mismas, una forma de violencia y que, por tanto, deben prohibirse. Es un profundo error. Cuando las diferencias no pueden expresarse, cuando las opiniones se silencian por temor a incomodar o ser censuradas, el resentimiento se acumula. Y el resentimiento reprimido tiene muchas más probabilidades de terminar en agresión que el desacuerdo expresado abiertamente. Quien no entiende esto difícilmente ha comprendido cómo funciona una democracia. Basta asistir a una sesión del Parlamento británico o del Congreso español. Los adversarios se contradicen, se ridiculizan, se interrumpen, se insultan y se descalifican con frecuencia. Sin embargo, nadie concluye que la siguiente etapa deba ser salir a matarse.
Expresiones como ‘a mí me respeta’, ‘no acepto ese trato’, ‘con el debido respeto’ o ‘tengo derecho a opinar’ revelan lo poco que se entiende el debate. El derecho a opinar ya existe. Y controvertir una idea no equivale a desconocer ese derecho. Al contrario: discutirla es la esencia misma del diálogo. Incluso la ironía, la burla o el insulto siguen siendo palabras. Pueden agriar una discusión, pero no dejan de pertenecer al terreno del lenguaje. Solo se convierten en un problema cuando alguien decide responder con el recurso más primitivo: la agresión física.
Por eso resultan ingenuos los llamados permanentes a eliminar los desacuerdos. No existe una sociedad sin profundas diferencias sobre cómo debe organizarse, distribuir el poder o entender la libertad. El desafío de la democracia no consiste en pensar igual. Consiste en convivir a pesar de pensar distinto. Para lograrlo basta una regla inviolable: ninguna idea, por noble que se considere, justifica la violencia. La ideología que proclama válidas “todas las formas de lucha” rompe ese principio. Llevamos 4 años de farsa en la que las palabras de paz solo han servido para enmascarar la promoción de la violencia. Esperemos que los hipócritas pataleos finales no generen confrontación y muerte.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.






