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Los Orcos

Los orcos son ejecutores, no los arquitectos. Aún no entienden que son una pieza del rompecabezas insurgente.

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Willy Valdivia Granda es director ejecutivo de Orion Integrated Biosciences y especialista en inteligencia artificial aplicada a la defensa, la salud pública y la seguridad nacional.
Willy Valdivia Granda es director ejecutivo de Orion Integrated Biosciences y especialista en inteligencia artificial aplicada a la defensa, la salud pública y la seguridad nacional. | Foto: Willy Valdivia

10 de jun de 2026, 01:35 a. m.

Actualizado el 10 de jun de 2026, 01:35 a. m.

En El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien describió a los orcos como criaturas de piel corroída y dientes afilados. Donde otros construían ciudades, ellos dejaban escombros. Donde otros cultivaban campos, ellos dejaban cenizas. Donde otros transmitían conocimiento, ellos imponían miedo. Físicamente, los orcos no existen, pero la sociedad ha convivido con ese comportamiento durante demasiado tiempo.

Durante el paro, mientras miles de ciudadanos quedaban atrapados sin alimentación, transporte, empleo y servicios básicos, los orcos celebraban la destrucción. Cuando un menor murió dentro de una ambulancia bloqueada por las barricadas, minimizaron la tragedia con una frase cruel: ‘Igual se iba a morir’.

Los orcos destruyeron el MÍO, hasta justificaron que ‘igual no servía’. Repararlo costó más de 80.000 millones de pesos. El equivalente a cerca de 26,7 millones de pasajes, es decir, 13 millones de jornadas de transporte para trabajadores y estudiantes. Dicho de otra manera, más de 100.000 personas habrían podido usar el sistema sin pagar durante casi cinco meses. Lo que tomó una década en construir fue devastado en días. La destrucción del MÍO fue visible, pero la acción de los orcos en las universidades públicas es devastadora.

Pocas instituciones han hecho más por la movilidad social en el suroccidente colombiano que las universidades públicas. Para miles de jóvenes, un título universitario representa la diferencia entre la pobreza heredada y un futuro distinto. Pero la esperanza es frágil y los orcos lo saben. Según el Ministerio de Educación, uno de cada tres estudiantes abandona la educación superior antes de graduarse. La mitad de esa deserción ocurre en los primeros dos años de estudio. Incapaces de cubrir los gastos de permanecer en un sistema paralizado, miles de estudiantes son forzados a abandonar su educación. La misma que los orcos dicen defender.

Nadie puede negar la pobreza y desigualdad que han alimentado la válida indignación estudiantil. Precisamente por ello, los orcos se aprovechan del idealismo universitario para mimetizarse como incomprendidos o justicieros. No lo son. Realmente son una minoría de ‘estudiantes’ que llevan diez, doce o quince años acumulando semestres como trincheras, provocando violencia e intimidando a profesores y alumnos que no se doblegan ante sus demandas. Esta infiltración no es un hecho aislado ni reciente; es una estrategia narcoterrorista documentada por los organismos de seguridad del Estado.

Los orcos son ejecutores, no los arquitectos. Aún no entienden que son una pieza del rompecabezas insurgente. Por encima de ellos, alguien redacta el relato, selecciona los agravios, identifica los enemigos y decide qué debe destruirse. Por eso, para vencer a los orcos no es necesaria la confrontación por la confrontación, ni la revancha por la violencia, lo que ellos temen es la ejecución de dos acciones que no pueden seguir aplazándose. Primero: la aplicación efectiva de la responsabilidad penal individual —no colectiva— para quienes destruyen infraestructura pública; segundo: la intervención legítima de las autoridades para hacer efectiva la inequívoca separación entre la autonomía universitaria y la infiltración armada que usa el campus para el reclutamiento y la intimidación.

La universidad es el espacio para las ideas, el debate y la innovación, no un instrumento de presión política. Ninguna universidad cumple su misión tolerando que los orcos secuestren el futuro de miles de estudiantes.

Willy Valdivia Granda es director ejecutivo de Orion Integrated Biosciences y especialista en inteligencia artificial aplicada a la defensa, la salud pública y la seguridad nacional. Con más de 20 años de experiencia, ha colaborado con organismos internacionales, asesorado a la Unión Europea y liderado proyectos en América Latina, Europa, Asia, Medio Oriente y África. Actualmente, también se desempeña como profesor adjunto en una universidad de Estados Unidos.

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