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Todos tenemos nuestro Otto
Perder a una pareja, un padre, una madre, o un amigo puede llegar a ser un evento traumatizante.
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28 de jul de 2026, 12:44 a. m.
Actualizado el 28 de jul de 2026, 12:44 a. m.
Mis hermanos siempre me dicen que a mí me encantan las películas malas, entonces según ellos, yo no debería estar dando recomendaciones como la que estoy a punto de dar. Pues aún así, aquí estoy. Resulta que la semana pasada estaba de vacaciones con mi pareja, y en una tarde de descanso me dijo “Veámonos esta película”, a lo cual yo respondí con la típica cara de “no, mejor escojo yo”.
Unos días después, él bastante convencido, me volvió a insistir que viéramos esa película, que a simple vista no parecía la gran cosa. Yo, sabiendo que me iba a quedar dormida apenas pasaran los cortos, le dije que sí. Dos horas y seis minutos después, me vi obligada a tragarme mis palabras, mientras a los dos se nos regaban las lágrimas y nos mirábamos en estado de sorpresa.
No pensé que una película de un viejito gruñón me llevaría a reflexionar tanto sobre la vida, la muerte, y todo lo que representa nuestra naturaleza humana. Pero sobre todo, el mensaje que más me quedó grabado es que todos tenemos en nuestros corazones el poder de sanar lo que no hemos roto, y en ciertas ocasiones, hasta salvar vidas. ‘Un vecino gruñón’ o en inglés ‘A Man Called Otto’, nos muestra la historia de un señor mayor, representado por Tom Hanks, quién busca ponerle fin a su vida de una manera voluntaria y un tanto desesperada. Pero aunque al principio parezca que el señor Otto tenía una vida ‘completa’ y su decisión de acabar con ella era un tanto irracional, poco a poco vamos entendiendo que más allá de la superficie (buen trabajo, buena casa, vecindario amigable, estabilidad económica), su vida había perdido significado y sentido tras haber perdido a la persona que se lo daba.
Esto me llevó a pensar mucho en el duelo y la pérdida, y cómo a veces pasamos por alto el impacto tan determinante que puede tener en la vida de aquellos que lo han vivido tan de cerca. Perder a una pareja, un padre, una madre, o un amigo puede llegar a ser un evento traumatizante. Y ante el trauma se puede resistir o resciliar; es decir aguantar el dolor o transformarlo. Pero, como dice el psiquiatra francés Boris Cyrulnik, si no tenemos vínculo o sistema de apoyo difícilmente vamos a poder construir resiliencia. Yo he tenido la fortuna de ser testigo de la resiliencia que mis personas amadas han construido tras haber sufrido una enorme pérdida, sin embargo ese proceso suele venir con muchos obstáculos, vacíos, dolores, dudas, silencios, y más; por lo cual no es fácil llegar a resciliar.
Hay muchos casos en los cuales el duelo es consumidor, llega como un tsunami incontrolable y ahoga cada parte de la vida de las personas que lo viven. Hay otros casos en los cuales simplemente las personas en duelo no tienen un verdadero sistema de apoyo. Pero, al terminar esta película, caí en cuenta que hay un tercer caso del cual no se habla tanto, y es cuando la persona sí cuenta con un sistema de apoyo, pero se cierra a este y se aísla por completo de todos.
Pues este fue el caso para Otto, tras la muerte de su esposa se encontró viviendo una vida vacía y sin sentido, y como resultado escogió aislarse por completo de las personas que lo querían, quedándose encerrado en su trauma sin una vía alterna para transformarlo. Hasta que, por obra del destino, una familia mexicana se muda al vecindario, y de inmediato la mujer, astuta e ingeniosa, establece contacto con él.
La historia es fascinante y vale por completo la pena sacar dos horas de la semana para verla, entonces no voy a revelar demasiados detalles. Pero me parece muy importante, tras mucha reflexión, resaltar el hecho de que el duelo y la pérdida afectan profundamente la salud mental de las personas mayores. Pues por el tiempo y la cantidad de seres queridos, es inevitable en muchos casos que el duelo sea acumulado, prolongado y complejo. Como pasó con Otto, esto suele conducir a un agudo aislamiento, causando una constante soledad y sin que se den cuenta, un deterioro significativo en la salud mental. Y cómo ya lo ha comprobado la ciencia, la soledad es altamente riesgosa para la salud física y mental.
Pero entonces, ¿cómo podemos evitar que este sea el caso para nuestros padres, nuestros abuelos, tíos, adultos mayores que amamos, o hasta para nosotros mismos? La realidad es que ese ‘Qué’, osea el dolor prolongado por la pérdida, no lo podemos evitar. Pero lo que sí podemos cambiar es el ‘cómo’, es decir cómo los acompañamos a transitar el duelo y transformar el dolor. De esta manera vuelvo a mi punto principal: como seres humanos tenemos el poder de sanar y salvar a los otros, si tan solo le ponemos el corazón a ese ‘cómo’.
Esto es lo que más me enganchó de la película: el poder del vínculo. Pues a través de esta familia mexicana, y su manera de ser tan presente y natural con Otto, nos enseñan el valor que tiene la conexión humana, el sentir que alguien está pendiente, que a alguien le importas, el sentido de pertenencia, la familia y el afecto. He aquí nuestro superpoder como seres humanos. Entonces para finalizar esta reflexión los invito a que nos cuestionemos lo siguiente: ¿Quién puede ser ese Otto en mi vida?, ¿soy consciente del impacto que tienen mis acciones en los demás?, ¿cómo estoy utilizando ese ‘super poder’ para bien?, ¿qué tan presente estoy en la vida de los que amo y valoro?, y ¿qué vínculo en mi vida me ha ayudado a sanar?






