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No es un debate ideológico; es algo que se palpa diariamente y por eso quiero compartir algunos ejemplos concretos.

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Claudia Calero, presidenta de Asocaña, entregó un balance positivo de 2024 y habló de los retos de la agroindustria para 2025.

Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana.
Claudia Calero, presidenta de Asocaña, entregó un balance positivo de 2024 y habló de los retos de la agroindustria para 2025. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana. | Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO

10 de ene de 2026, 12:21 a. m.

Actualizado el 10 de ene de 2026, 12:21 a. m.

En mi vida personal y profesional poco me lamento. Creo que a los problemas hay que darles la vuelta, entenderlos y buscarles solución. Así que esta columna no la escribo desde la queja, es una recopilación de vivencias y conversaciones recogidas en mi cuaderno de notas, esas que no aparecen en comunicados ni tampoco en redes, pero que reflejan con claridad lo que hoy está pasando en el territorio.

No es un debate ideológico; es algo que se palpa diariamente y por eso quiero compartir algunos ejemplos concretos.

Hace unos días, un gerente de una empresa me decía con franqueza: “No es que no queramos invertir, es que, para comprometernos, necesitamos entender para dónde vamos”. Se trata de ampliaciones o nuevos proyectos. Ya hubo estudios, bancos, permisos ambientales y diálogo con la comunidad. El interés continúa, pero el proyecto seguirá esperando. Lo que pasa es que nadie se atreve a asegurar cuáles serán las reglas para ponerlo a operar en los próximos meses. Y, ahí sí, la prudencia termina imponiéndose.

Con la mayoría de las empresas con las que hablé, de tamaños y sectores distintos, el mensaje que recibí fue similar y es que en el corto plazo no habrá nuevas contrataciones.

Se operará con lo justo y no habrá crecimiento.

El costo de producir va para arriba y, como efecto, no se está contratando más gente. Se limitan proveedores, se recortan planes… nada de nada. Todo queda en pausa. Y sin darle tantas vueltas al asunto, el mayor costo para la sociedad es el empleo que no se genera, la inversión que no se concreta y menos ingresos para las administraciones municipales.

Mientras tanto, las comunidades esperan definiciones claras para el desarrollo. Se preguntan si los proyectos siguen, en qué condiciones y cuáles serán los tiempos. Esas respuestas no llegan y, siendo honestos, por ahora no llegarán. Lo que se instala es un limbo que termina desgastando a todos.

Cuando esa incertidumbre se cruza con el evidente deterioro de la seguridad, el impacto aparece hasta en lo básico. Eso no es exclusivo de una sola región, ocurre en casi todo el país. En el suroccidente, por ejemplo, la inseguridad se puede medir desde lo simple. Un trabajador sale de su casa muy temprano en la mañana para tomar su ruta de transporte. Su esposa se ha levantado aún más temprano a prepararle su almuerzo. Él sale de la casa, pero a la mitad del camino, ella recibe una llamada: “Mija, me devuelvo, hoy no es posible llegar a trabajar, no hay condiciones”.

El bus, que salió más temprano y que llevaba a otros compañeros, fue interceptado por grupos criminales. Me reservo la experiencia vivida por los trabajadores. De nuestra parte hubo un comunicado de rechazo, pero pasó desapercibido. Me duele decirlo, pero cuando estos hechos se vuelven repetitivos, dejan de asombrar y todo se vuelve paisaje. Y ahí es cuando se entiende que la seguridad y el orden, es decir las reglas, no son asuntos accesorios. Son condiciones básicas para producir, invertir y convivir.

Estamos ad-portas de las elecciones, en un contexto internacional complejo y en una región cargada de tensiones. No es un momento cualquiera. Por eso, las decisiones que se tomen hoy, desde lo público y lo privado, deben contribuir a dar tranquilidad y a bajar la incertidumbre. Nuestro país necesita cuidado y sentido de responsabilidad con la gente, las instituciones y las empresas que siguen sosteniendo el día a día. Cuidar a las empresas no es proteger intereses; es proteger el crecimiento, empleo y abastecimiento. En momentos así, la prudencia y la responsabilidad institucional hacen la diferencia.

Presidenta de Asocaña

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