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¡Les fallamos!

La forma en que los humanos nos tratamos parece más conducta propia de lo salvaje que el resultado de una civilización que ‘piensa’.

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Gloria H.
Gloria H. | Foto: El País.

24 de feb de 2026, 02:19 a. m.

Actualizado el 24 de feb de 2026, 02:19 a. m.

Cada vez que se encuentre con un therian (humano disfrazado de animal) y se le encoja el corazón, o le dé miedo o se inunde de rabia, ojalá pueda sentir muy adentro de usted que fallamos, que los del problema somos los adultos que fabricamos una sociedad falsa y hueca, que los responsables de su confusión de identidad somos todos los que creímos que lo material, lo externo, lo concreto, daba sentido a la vida.

Hoy la comunidad de los therian es una bofetada a la cultura, una cachetada que grita nuestro fracaso como humanidad. Pero no es la primera vez que sucede. A través de la historia, los individuos o grupos disruptivos han existido mostrando la necesidad de salirse del control, de lo denominado ‘normal’, para identificarse con perfiles diferentes, donde su naturaleza no se sienta atropellada. Para ciertas sociedades musulmanas, por ejemplo, la mujer hoy es despreciable, reforzando la idea de los therian, que es mejor ser animal que humano. ¿Entonces, un joven con un mínimo de conciencia cómo interpreta estos comportamientos? ¿Vale la pena ser humano? Es imposible negar las inmensas diferencias de trato, donde un animal es mejor cuidado y amado que un niño, una mujer, un individuo de raza negra. ¿Qué nos espera?

La inteligencia, la razón, el pensamiento marcaron la diferencia entre el humano y el animal. La inteligencia daba una superioridad porque se podía aprender, corregir, analizar. Tener razón era semejante a haber recibido un regalo de los dioses… solo que no supimos priorizar a qué se le debía dedicar el mayor esfuerzo. El animal tiene el instinto, el humano la razón. Pero si seres inteligentes tienen tal capacidad para hacer daño, destruir, marginar a otros humanos, ¿para qué se requiere la inteligencia? El instinto pareciera más adecuado para la vida, más auténtico, más efectivo para la convivencia, menos contaminado de control y poder. Como si la elementalidad fuera más cuidadosa que la fría y aplastante razón.

Hoy habría que preguntarse si la inteligencia es un plus de consideración o un plus para el abuso y el desprecio. ¡Es la sociedad que construimos! Se escondieron emociones, biología, trascendencia, naturaleza y se creyó que la razón, la mente ‘sola’ organizaría la vida en forma adecuada. No resultó. Se dice que los animales no razonan, pero pareciera que su conducta de solidaridad y consideración es más sana que la inteligencia. No necesitaron ser inteligentes para ser considerados. La forma en que los humanos nos tratamos parece más conducta propia de lo salvaje que el resultado de una civilización que ‘piensa’. La mente terminó por ser una tirana que puede asfixiar con su bombardeo de pensamientos disruptivos o borracha de poder y control, pisotea lo que no puede manejar.

Los adolescentes therian han llegado a este nivel de identificación con lo instintivo porque no tienen de qué más agarrarse. ¿Cree que es fácil ‘marginarse’ socialmente con esta conducta? ¿Cree que es una decisión ‘voluntaria’ exenta de angustia y desesperanza? No saber quién soy, estar perdido en una maraña de sensaciones físicas y biológicas, es aterrador. Un mundo que desprecia al humano, que hoy trata mejor a un animal, no es más que una sociedad tóxica que creyó que con la sola razón e inteligencia construía una sociedad armónica y equitativa. ¡Fallamos! Y si un adolescente asumió la identidad therian, es un cuestionamiento a nuestros valores y creencias. Estamos lejos de ser coherentes. ¡Es nuestro fracaso!

Psicóloga, conferencista de temas de pareja, cambio y espiritualidad. Licenciada en Letras. Directora de los programa de televisión “Revolturas, Despertar de la Conciencia” en el Canal 14, y "Consultándole a GloriaH" en el Canal 2 en Cali. Colaboradora habitual de la radio en “Oye Cali”, “El corrillo de Mao” . En 2009, ganó el premio Rodrigo Lloreda Caicedo a la mejor columna de opinión en El País. Autora de los libros “Hablemos del Amor” , "Amarte no es tan fácil" y “Dónde esta mi papᴔ.

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