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¿Qué es libertad?

Mayo 10, 2021 - 11:40 p. m. 2021-05-10 Por: Aura Lucía Mera

“Es como el oxígeno, no puedes tocarlo ni verlo. Tampoco lo aprecias ni piensas en ello cuando lo tienes, pero lo notas cuando falta”. Jospeh Kim.

Soy pacifista de tiempo completo. Repudio la violencia venga de donde venga, ninguna muerte se justifica. Fuerzas oscuras de derecha e izquierda atizan el desmadre y la polarización. Ambos extremos están organizados y financiados. Y lo que se inició como un paro nacional programado, que se hubiera podido evitar, se salió de madre y ni Mandrake sabe el final.

Escuché hace años una frase que se me atornilló en la cabeza: “iniciar una revuelta es muy fácil, detenerla o saber en qué se convertirá es casi imposible de predecir”. Y aquí estamos todos los colombianos y sobre todo los vallecaucanos y caleños con los pelos de punta y los ánimos exacerbados y a flor de piel, cualquier comentario sobre la situación puede generar la respuesta iracunda del que está al lado.

Si se justifica la marcha, si se condena, si se pide más respeto por las organizaciones indígenas, si se dice que hay que acabarlos a todos a plomo limpio, si se habla de Uribe y sus mensajes violentos, si se defiende a Uribe como el mesías prometido, si se comenta que Duque es un Presidente fantasma que solo se reúne de noche y alza el vuelo, si se dice que es el mejor Presidente que ha tenido Colombia, si se dice, si se dice, se corre el peligro de ser anatema, comunista, fascista, oligarca, hijueputa, vándalo o resentido.

Así como la libertad es como el oxígeno, la salud física es el silencio del cuerpo; cuando en las habitaciones se empiezan a guardar los cosméticos y los perfumes y salen las medicinas, termómetros, aparatos de la tensión, es que algo anda mal. El cuerpo llora y rompe su silencio con cefaleas, dolores musculares, fracturas, vértebras que apretan los nervios; cuando está en silencio todo marcha y ni nos damos cuenta.

Igual la mente, nos vamos encerrando en una claustrofobia mental y en un silencio espeso, esperando, curiosamente, un diálogo que nadie sabe cómo se logrará porque cualquier punto de vista diferente al del otro es motivo de ira e intenso dolor, y lo más triste es que nadie escucha.
Mientras crece, crece la audiencia y la rabia reprimida de años y años por diferentes razones sociales, económicas, étnicas, esto lo tenemos bien sabido desde que las estatuas desbancadas nos descubrieron y colonizaron. Todo comienza a desbandarse.

Me leo con pasión el ‘Libro de los Susurros’ del escritor armenio Varujan Vosganian en el que nos narra la historia de su familia víctima del genocidio armenio que solo el presidente Biden ha tenido el valor de nombrar; genocidio silenciado por todos los países del mundo y así, en susurros, la historia de la masacre iniciada en 1915 por el Imperio Otomano, paso a paso, y como se va incendiando el ambiente todavía con rescoldos de cenizas y fosas comunes que la comunidad internacional no pudo detener.

Vosganian es uno de los escritores más conocidos, economista, matemático, líder de la comunidad armenia, en Rumania, ministro de economía y finanzas y actual senador. Al fin se atrevió a contar la historia de sus antepasados, de su etnia en homenaje a todos aquellos a los que les tocó sufrir la historia en vez de vivirla. Obra trágica y grandiosa, casi inverosímil y prácticamente desconocida. La deberíamos leer todos en estos momentos en que ya tenemos que empezar a hablar en susurros.
Libro en prosa poética, donde se mezclan fantasía y realidad de manera conmovedora.

Colombia lleva a cuestas más de un siglo de violencia y sangre, ya es hora de parar. De reconocernos, de respetarnos, de saber que cada vida es sagrada. Estamos en un “turning point”, que ya no tiene reversa. Por eso recomiendo este libro y recordemos que la libertad es nuestro oxígeno, no podemos vivir sin él. Invito a una marcha de banderas y pañuelos blancos a los más de cuarenta millones de colombianos. !No Más Sangre!

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