Intuición

No vivirán por cuenta del gobierno Biden en apartamentos de clase alta, ni sus hijos irán a colegios privados. No disfrutarán las delicias de vivir en el trópico y conocer Caño Cristales y otros tesoros naturales.

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23 de ago de 2021, 11:35 p. m.

Actualizado el 18 de may de 2023, 07:16 a. m.

Algo me huele a podrido en la ‘bienvenida’ que le dará Colombia a más de cuatro mil personas que están vinculadas a labores de Estados Unidos en Afganistán. No sé si llamarla servilismo o solidaridad.

No recibiremos cuatro mil familias. Se trata de cuatro mil mujeres aterrorizadas con el futuro que les espera a ellas y sus hijos. No serán cuatro mil maridos jefes de hogar que respaldan a sus esposas en la nueva vida que encontraron durante los veinte años de esa invasión norteamericana absurda y sin sentido.

No vivirán por cuenta del gobierno Biden en apartamentos de clase alta, ni sus hijos irán a colegios privados. No disfrutarán las delicias de vivir en el trópico y conocer Caño Cristales y otros tesoros naturales.

No. Nos enviarán, como en los tiempos de los famosos Cuerpos de Paz, que de paz, educación y ayuda al país no tuvieron nada y sus resultado fueron desastrosos y vergonzosos (léase cuerpos de espionaje disfrazados de civiles), nos enviarán, repito, hombres curtidos en la guerra, a lo mejor mercenarios y quién sabe qué otras joyas, y los enviarán a territorios en conflicto, para aumentar el conflicto que ya tenemos, con miles de desplazados, asesinatos sistemáticos de líderes de paz, etc.

Siento una especie de ternura y lástima al recibir chats de algunas amigas, emocionadas con la noticia, creyendo que van a apoyar a mujeres y niños en peligro. No sé si viven en el limbo, o pertenecen a la orden de ‘Antoñita la fantástica’ que solo ve bondad en todas partes.

Me huelo que este gobierno, afortunadamente en sus postrimerías, hace el último y desesperado esfuerzo por ‘estar bien’ con USA y desembarrar todas las metidas de pata y errores diplomáticos. Pero también me huelo, y esto ya hiede, que existe algo más oscuro, con sabor siniestro a ultraderecha en víspera de elecciones.

Personalmente creo que al presidente Biden le reconocerá la historia el valor de retirar las tropas de un país que invadió. Pero también creo que está encañengado con miles de hombres en retirada y no sabe dónde ponerlos, y entonces ¡zaz!, Colombia se ofrece de anfitrión generoso y compasivo. A otro perro con ese hueso, un hueso duro de roer cuando la realidad real y cruel es que no estamos haciendo nada por los cientos y cientos de campesinos nuestros desplazados. Ni sabemos qué hacer con nuestros hermanos venezolanos y estamos untados hasta el cogote con los mercenarios que se fueron a matar a un presidente de otro país, porque aquí se morían de hambre y abandono.

Como reza el refrán, “no está el horno pa’ bollos”. Duque se va dentro de poco y con tal de que se vaya, aunque le vaya bien, y nos dejará con cuatro mil soldados extranjeros, cuya estancia ‘temporal’ ya la veremos. Y esos sí que ‘no vienen a recoger café’.

***

PD. De pronto se nos ha despertado una solidaridad gigante con las mujeres afganas, mientras nos quedamos indiferentes ante las diarias y continuas violaciones y asesinatos de mujeres colombianas. Igual nos pasa cuando vemos la foto de un niño ahogado en el Mediterráneo pero no nos interesa si es un joven decapitado en Tuluá o un menor asesinado en un cañaduzal.

Sí. Los ‘polombianos’ tenemos un sentido extraño de solidaridad.

El hambre de los niños africanos nos sacude el alma, pero el hambre de los niños de la Guajira no nos quita el sueño. ¡Bienvenido Mister Marshall!

Periodista. Directora de Colcultura y autora de dos libros. Escribe para El País desde 1964 no sólo como columnista, también es colaboradora esporádica con reportajes, crónicas.

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