Columnista
Aura Lucía al reino de la luz
Recuerdo haber quedado fascinada con su franqueza, con esa manera amena y divertida de expresarse, sin tapujos, con una convicción limpia que no necesitaba adornos.
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3 de abr de 2026, 12:55 a. m.
Actualizado el 3 de abr de 2026, 12:55 a. m.
Aura Lucía Mera hizo su transición al reino de la luz. Nos harán falta sus columnas de los martes, a veces tan amenas y otras tan profundas, siempre atravesadas por una voz honesta que no temía decir lo que pensaba.
No estudié con ella. Mi padre, masón, y mi madre, libre pensadora, nos mantuvieron lejos de los colegios de religiosas. Mi camino tomó un giro distinto en el Liceo Benalcázar. Sin embargo, la seguí de cerca. Tenía previsto entrevistarla para el Ágora el sábado pasado, pero cuando la llamé el viernes ya no respondió. Me quedó un dolor hondo, el de las conversaciones que ya no serán.
La había entrevistado años atrás, en un programa que tuve en Telepacífico, La Lupa. Recuerdo haber quedado fascinada con su franqueza, con esa manera amena y divertida de expresarse, sin tapujos, con una convicción limpia que no necesitaba adornos.
Su libro ‘Testimonios de una lucha contra el alcohol y la droga’ nos deja una enseñanza poderosa de resiliencia y fortaleza moral. Aura Lucía sostenía que la adicción es una enfermedad que no depende de la voluntad del afectado, sino también de su composición genética. Pero, al mismo tiempo, su propia vida fue prueba de que, con ayuda, es posible sobreponerse.
Rompía, además, con lugares comunes: no atribuía las adicciones necesariamente a infancias difíciles, a padres abusadores o desamores. La suya, por el contrario, fue una infancia feliz. La recuerdo como una niña hermosa, casi de porcelana, en la casa esquinera antes de subir a la estatua de Belalcázar, la mansión de los Mera Becerra.
Decía también, a partir de estudios científicos, que las adicciones —al alcohol, a las drogas, a la comida o incluso a las pantallas— podrían en el futuro tratarse con medicamentos neurológicos, pero mientras tanto, si tienes el gen, no probar nada adictivo. Una puerta de esperanza para quienes padecen y para sus familias.
Nos deja un acervo de columnas impecables y sus aportes a conversaciones muchas veces controversiales en Cambio. Recuerdo aquella en la que se enfrentó a la muerte: relató cómo había logrado vencer el miedo y sentarse con sus hijos a decidir, con serenidad, cómo sería su tránsito al “reinado de la luz”.
Un primo mío recuerda una discusión intensa con ella sobre las corridas de toros, sin saber entonces que Aura Lucía había sido compañera durante cuatro años de Domingo Dominguín, hermano del torero Luis Miguel Dominguín. Su vida, como sus textos, estaba llena de matices.
Tras esa etapa, fue directora de Colcultura y organizó la caravana que acompañó a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel en Estocolmo. El escritor Jorge Mario Arbeláez decía que con ella todo era a lo grande: desayunos memorables y la posibilidad de compartir con figuras de la literatura y la política.
Qué gran legado nos deja Aura Lucía. Y, como escribió en su libro, queda resonando su deseo más íntimo: “Quiero entrar sobria a la muerte”.

Profesión Abogada, PhD en Gobierno de la London School of Economics. Fue directora del programa de TV el Agora y la Lupa. Miembro de La Comisión Preparatoria sobre Administración Pública de La Asamblea Nacional Constituyente 1991. Promotora y madre del Artículo 40 de la Constitución o Ley de cuotas 1991. Miembro del Comité Asesor de Poder de El País 2010. Escribe para el periódico desde el 2005.
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