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Ibagué: festival del arraigo fundamental
La producción fue impecable, la disposición, la ambientación del lugar para convertirlo y adecuarlo en un escenario musical, siendo sin duda un espacio tan lúgubre como puede ser un cementerio, fue algo realmente destacable.
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3 de abr de 2026, 12:58 a. m.
Actualizado el 3 de abr de 2026, 12:58 a. m.
Como algunos lo saben, mi vida profesional se divide en dos ejes fundamentales, a saber: el mundo del derecho y el del arte; disciplinas para algunos, prácticamente opuestas. Para mí no; es más, las considero complementarias. He cantado y he ejecutado instrumentos en escenarios exóticos, distintos, Sui Generis y por qué no, hasta medio locos, pero lo que viví el fin de semana antepasado en Ibagué, en el marco de la cuadragésima versión del Festival Nacional de Música Colombiana, fue algo sin precedentes en mi carrera musical y quedó tan sumamente arraigado e incrustado en mi corazón y en mi pensamiento, que se convirtió en el insumo para escribir estas líneas.
Soy una de las voces principales del elenco de la compañía artística La Gran Rondalla Colombiana, en donde honrosamente ocupo un lugar desde hace dos años, gracias a la deferencia del maestro Jorge Zapata, quien tuvo bien ficharme para integrar esa selección de fabulosos artistas y grandes seres humanos. Entre ellos cuento a los maestros Valderrama, Carlos y Juan Camilo, padre e hijo, respectivamente, quienes recientemente obtuvieron por segunda vez, el segundo puesto en esta edición del mencionado festival en el concurso de duetos ‘Príncipes de la Canción’.
Usualmente, la señora Doris Morera de Castro, cabeza de este maravilloso festival, que ya se erige como uno de los más emblemáticos de nuestra nación, integrando el podio que lidera el Festival rector: Mono Núñez, en Ginebra (Valle del Cauca) y al que le sigue Antioquía, le Canta a Colombia, nos invita a cantar en su festival regional. Fue así como me llegó la noticia de la convocatoria con cierta inquietud, habida cuenta del escenario en el que íbamos a ejecutar nuestro show musical. Pues bien, se trataba del cementerio de Ibagué, el cementerio San Bonifacio de la capital tolimense, que alberga una cantidad innumerable de huéspedes horizontales, entre los cuales están Darío Garzón y Eduardo Collazos, el famoso dueto Garzón y Collazos, que reposa en una de las tumbas, como se ilustra en la imagen a continuación.

Al recibir el llamado del maestro Zapata para cantar a 40 grados centígrados, a pleno rayo del sol del mediodía en el cementerio en Ibagué, luciendo smoking, mi sorpresa no fue menor, pero mi atención, que fue poderosamente llamada por la invitación, enseguida me dejó volar por los escenarios más extraños que yo hubiera pisado, y esta vez tenía el honor de hacerlo en un panteón. Se llegó el día y finalmente atendimos el llamado de doña Doris. Luego de un ensayo y un bonito repertorio andino elegido por la producción y la dirección de nuestro elenco, llegamos a Ibagué con todos los bríos y el entusiasmo que nos caracteriza, para atender este lindo homenaje a ese entrañable y perenne dueto, que hoy, por más que sus íconos están en el cementerio, se siente más vivo que nunca, y todo gracias a ese arraigo fundamental que le ha querido imprimir y que con denuedo, sin descanso y excelencia, ha realizado la señora Doris y su competente equipo, que hoy mantiene viva la memoria de este par de grandes de nuestro folklore nacional.
La producción fue impecable, la disposición, la ambientación del lugar para convertirlo y adecuarlo en un escenario musical, siendo sin duda un espacio tan lúgubre como puede ser un cementerio, fue algo realmente destacable. El aforo a reventar, las personalidades hicieron presencia, el público comprometido cantó a voz en cuello las inolvidables y hermosas tonadas que interpretaba este recordado dueto, que representa al tolimense de pura cepa.
Estaba presente la gobernadora del departamento, la alcaldesa, por supuesto la señora Doris Morera, el doctor Alfonso Gómez Méndez, -presidente honorario de la fundación que organiza el festival-, el doctor Juan Lozano, como uno de los ilustres representantes del departamento, y quien, además, se sabía todas las canciones completas y las cantó con nosotros, junto a su carismática señora, entre otras personalidades del orden local y nacional. Por supuesto, estaban los hijos, los herederos del legado de Garzón y Collazos, con quienes tuvimos el honor de cantar a dueto; hicimos junto a ellos la danza Negrita y el pasillo Hurí.
En ese preciso momento no se hicieron esperar las lágrimas y las manifestaciones de emoción y de sentimiento puro y genuino, por parte de esos pijaos que dejaban ver cómo les brotaba del corazón el amor por su tierra y ese característico sentido de pertenencia. Era su sentir: ese sentir sobre lo fundamental. Realmente sintieron su bandera tinto y oro en el pecho y de eso se trataba; eso fue lo que transmitieron y de lo que yo me nutrí para cantar con más responsabilidad y compromiso en ese sentido y merecido homenaje a este dueto perpetuado en los corazones tolimenses.
Fue tan bonito y poderoso esto que viví, en esas horas en aquel cementerio, que me puse a pensar en hacer un llamado a los demás festivales para que, en un acto de generosidad y de preservación de la memoria y de respeto por quienes nos han antecedido, hicieran algo similar. No pretendo proponer una mímesis de esto, pero sí generar una conciencia sobre nuestro patrimonio y nuestros creadores; nuestros gestores y fundadores que lo dieron todo, y que de ellos hoy nos nutrimos simplemente usando sus nombres para obtener unas buenas taquillas y disfrutar de unos días en alguna latitud de nuestra hermosa geografía nacional y musical. Pienso que debemos ir más allá. Pienso que sí debemos volver a esos ancestros, sin perder la evolución, no, ni perder la visión académica, la de la música de los artistas y sus propuestas, -preservando las raíces-, sino para rendir ese merecido tributo a quienes han sido los causantes, el génesis, el germen y la inspiración de estos maravillosos festivales nacionales folclóricos que tenemos hoy en Colombia, que, dicho sea de paso, son muchos y cada vez, en hora buena, hay más.
Se me ocurre, por ejemplo, proponerle a Funmúsica hacer un homenaje similar, por supuesto, con las características propias de Ginebra, al gran Benigno Núñez; un homenaje también en Ginebra o en Buga, al maestro Gerardo Arellano Becerra, y a muchos otros que tenemos en nuestro acervo cultural, y poder replicarlo como modelo institucional de homenajes a nivel nacional. Lo propongo Aguadas, en Santander, en el Espinal, Antioquía, Cotrafa, Cuyabrito, Vélez, donde se pudiera realizar con el apoyo de autoridades locales y de la empresa privada, para mantener viva y homenajear esa memoria de quienes fueron los precursores de esta gesta folclórica, que hoy no termina y que debe ir siempre hacia adelante, porque se trata nada menos que de nuestro patrimonio cultural.
Algunos podrían pensar que son medidas o romanticismos cursis o propuestas anacrónicas y, por qué no, cavernarias en tratándose de personas que murieron hace ya bastante tiempo. Yo considero que eso no es así. Yo pienso que, teniendo en cuenta que estamos hablando de los juglares, que en su momento dieron su vida por lo que hoy tenemos y conservamos como patrimonio, cualquier esfuerzo que se haga en reconocimiento a ellos va a ser minúsculo frente a la grandeza de lo que hicieron y que hoy subsiste, gracias a que a través de esos nombres nos ha permitido llevar las banderas de nuestro país cultural a lo largo y ancho de nuestra geografía y, por supuesto, a ser embajadores de nuestra maravillosa música andina colombiana en otras latitudes.
Es así como, de manera respetuosa, hago un llamado a los diferentes festivales, a las entidades territoriales, organizaciones, fundaciones, ONG´s y asociaciones que se encargan del desarrollo de los distintos encuentros nacionales, para que se tenga en cuenta este tipo de iniciativas, como lo ha hecho y lo ha mantenido doña Doris en su festival de Ibagué, que considero de la mayor importancia, porque encarna el arraigo de lo fundamental. Es una invitación que les hago desde el corazón, habiendo vivido una experiencia maravillosa de sentimientos puros de la gente que creció y vivió con esos bambucos, pasillos, torbellinos y guabinas; esos aires que recorrieron sus vidas y que hoy siguen cantando allende los años y la edad. Ojalá que se logre replicar. Queda para la reflexión de los días santos.
Abrazo cálido. Seguimos trabajando. Falta poco.
@muiscabogado

Abogado bogotano de 48 años. Egresado de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho Comercial y Financiero, DDHH y DIH. Asesor, consultor, litigante en asuntos de derecho público y privado desde hace 24 años. Defensor de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.
6024455000






