El amor a prueba

El amor a prueba

Octubre 07, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor José Alejandro Castaño Arbeláez, obispo de Cartago

La simplicidad del relato de la creación del hombre y la mujer que nos presenta el libro sagrado no puede menos que insistir en ¿quién es el creador? ¿Cuál es la dignidad a que es elevada la pareja humana? Y, ¿qué función han de cumplir en el universo?, también salido de las manos del Creador pero con otras funciones.

Solo del hombre y la mujer se afirma al concluir su creación que “son muy buenos”, no solo como producto final sino como criaturas a las que Dios ha impreso su huella de trascendencia y divinidad; Dios artesano de la vida será por tanto su dueño y su especial cuidador, pues solo a ellos les ha regalado el hálito vital y la misión sagrada de la procreación. Tanto el varón como la mujer son iguales en su dignidad, han salido de las mismas manos creadoras y tendrán por encargo trasmitir la vida que les ha sido regalada amorosamente por el Dios que ama y salva.

El texto del evangelio de San Marcos escuchado en el día de hoy insiste en que: “Unos fariseos para poner a prueba a Jesús le preguntaron: ¿Puede el marido repudiar a la mujer?”. Por el contexto se deduce fácilmente que la problemática sobre el matrimonio se había centrado más en la parte legal, regulada por la ley y no en el amor esponsal de la pareja pero aún hay más: es el criterio humano el que prima para dirimir lo sagrado y trascendente de esta unión y no la vida que debe trasmitir y que Dios mismo le da desde el inicio un carácter sagrado.

El matrimonio como unión de un hombre y una mujer “varón y hembra” no es inicialmente de origen cristiano, es decir, ya las civilizaciones pre-cristianas sabían de esta realidad, y las regulaba con normas o leyes según legislaciones; lo propio y peculiar del cristianismo y que Jesús ratifica es la grandeza del amor cristiano y supera todo legalismo absurdo o utilitario de la sociedad.

Al final la lección que Jesús regala a quienes le escuchaban y por ende a quienes serán sus seguidores para siempre es: “El amor, herido por la infidelidad o cualquier otra perturbación hace tan indigno al hombre como a la mujer” y es objeto de condenación no ya de legislaciones humanas sino de Dios mismo que es el que le da el carácter sagrado.

En nuestro mundo moderno la relación hombre-mujer, que la iglesia eleva a la dignidad sacramental por mandato Divino, ha tenido los más diversos ataques que pretenden socavar la estabilidad y el verdadero y profundo sentido del amor cristiano. Nos corresponde defender y fortalecer, el auténtico sentido del amor que encierra la vida de pareja.

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