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Constructora Solanillas, la pasión por edificar sueños

Constructora Solanillas

Julio 05, 2019 - 05:41 p.m. Por:
Especiales El País
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A los 22 años, Ximena Solanilla lo tenía claro: después de graduarse como Ingeniera Industrial no buscaría un empleo en una multinacional o en el sector bancario, como podía ser previsible. Ella quería ser empresaria. Pero no cualquier empresaria: deseaba construir viviendas y de esa forma, servir; generar empleo, nuevas oportunidades. Ese fue el punto de partida de Constructora Solanillas, la consolidación de un sueño y de una pasión que ya cumple 30 años.

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Constructora Solanillas

Realización audiovisual: Andrea Quintero C.

Las caras de asombro de familiares y amigos, ante su determinación de hacer parte de un mundo tradicionalmente masculino, fueron su otra motivación: demostrar que la mujer vallecaucana estaba lista para enfrentar retos de ese tamaño. Sobre todo, en tiempos en que las discusiones sobre la igualdad de géneros era un eco lejano. Y cuando ser un emprendedor tenía tintes de utopía.
Al hablar de Ximena Solanilla, por eso, no es exagerado decir que se trata de una pionera.
La primera piedra de su sueño fue la venta de una parcelación, de propiedad familiar, ubicada en Pance. Al principio nada resultó sencillo. Ganar credibilidad en un sector tan competitivo, fue el primer gran escollo. Pero Ximena contó con el apoyo de su padre, Carlos Marino Solanilla, ingeniero civil reconocido en toda la región por su compromiso y honestidad, quien le sirvió de respaldo para poder darle vuelo al sueño que para ella, claro, era mucho más que arena, grava y cemento.
A la venta de la primera parcelación le siguió la compra de un lote para construir un edificio en el sector de Juanambú. Después, otro paso similar y así, paulatinamente sembrando bases sólidas y firmes, la constructora de Ximena cimentó su prestigio en el departamento, donde hoy ha construido cerca de 2.000 viviendas que, a su vez, han hecho crecer otros muchos sueños.

Constructora Solanillas

De la mano de su fundadora, Ximena Solanilla, la firma constructora se ha dedicado en los últimos 30 años a edificar viviendas pensando en las necesidades propias de la familia vallecaucana y utilizando los más altos estándares de calidad. Por eso, su nombre es símbolo de confianza en la región.

Foto José Luis Guzmán / El País

Una gran familia
Una de las apuestas de la marca ha sido fortalecer los valores de la familia. Lo que se refleja en la misma organización de la compañía: ahora Ximena trabaja de la mano de su esposo y de sus dos hijos. Lo que explica por qué, en vez de usar un nombre de tipo comercial, utilizan el apellido como su sello. Un concepto tan simple como potente: más que una empresa, es una familia unida en torno a un anhelo común, crear espacios para que otras personas aniden sus sueños.
Por ello, la principal preocupación de Constructora Solanillas ha sido edificar en función de quienes habitarán sus proyectos, ya sea una sola persona, una pareja o una familia grande. Ya sea un proyecto de 60 o de 300 metros cuadrados, desde los primeros bocetos de diseño, en Solanillas piensan cómo serán habitados, cuáles son las expectativas de los futuros moradores o sus necesidades. Y con esa proyección siempre construyen con los más altos estándares de calidad.
Todas estas razones permiten que quienes han adquirido sus proyectos se sientan respaldados por una marca que los trata con calor familiar; desde el diseño hasta la post venta.
La familia de la constructora, por su puesto, se ha ido agrandando con el tiempo a través de un equipo de colaboradores que se apropió de la filosofía que fundó la empresa. Hoy, ese es otro gran orgullo de este emprendimiento vallecaucano: actualmente genera 200 empleos directos y cerca de mil indirectos, a través de sus proyectos habitacionales.
Un gran número de esos empleos están en manos de mujeres, obedeciendo a una decisión expresa de su fundadora, por abrir espacios para que ellas demuestren todo su potencial.
Para Ximena Solanilla su equipo humano es vital pues considera que “aunque los desarrollos tecnológicos son importantes, cuando se trabaja con el espíritu de una gran familia que entiende el tamaño de su compromiso, se obtiene la excelencia. Esa calidad humana no tienen valor monetario”.

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