Opinión: autopsia de una reforma tributaria fallida

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Opinión: autopsia de una reforma tributaria fallida

Mayo 03, 2021 - 10:24 a. m. Por:
Ramiro Guerrero* | Especial para El País
Ramiro Guerrero

Ramiro Guerrero, decano de la Escuela de Economía y Finanzas de Icesi.

Especial para El País

Con el retiro definitivo de la propuesta de reforma tributaria se cerró un capítulo de una historia que aún no termina, y cuyas consecuencias empezamos ahora a dimensionar.

Es claro que el revuelo político de la reforma se veía venir. Previo a su presentación al congreso, la Andi le había sugerido al gobierno proponer una reforma que ayudara en algo a capotear la crítica situación financiera de la nación, y evitara tocar temas candentes en lo político como el IVA, así fuera más modesta en el recaudo. El gobierno optó por una propuesta más ambiciosa en los programas sociales y también en el recaudo. Y le incluyó un venenito.

Pese a que el gobierno había prometido que no gravaría la canasta familiar incluyó un artículo que, si bien no modificaba la tarifa nominal de los bienes básicos, sí les eliminaba ciertas deducciones, con lo cual subía su tributación efectiva. Pronto los gremios advirtieron algunos alimentos subirían de precio. Esa movida dejó entre los ciudadanos y el congreso la sensación de que les querían meter un gol, lo cual tuvo el efecto de socavar la confianza en el gobierno y en el sistema político, confianza que de por sí ya es precaria en Colombia. A esto se sumaron las declaraciones del ministro de Hacienda sobre el precio de los huevos. No hace falta mucha empatía para entender que el ciudadano de a pie las haya recibido, en el plano emocional, como un insulto.

Errores políticos así ocurren en cualquier país. Ante ellos, la válvula de escape en una democracia madura es la renuncia del ministro en cuestión y el retiro de la disposición polémica. Pero el ministro no sólo no asumió su responsabilidad sino que se escondió y dejó que todo el costo político cayera en cabeza del presidente.

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El sistema político, entonces, no tuvo la capacidad de encauzar y tramitar el descontento social, y éste se desbordó a la calle. La reforma tributaria acabó por convertirse en un símbolo de múltiples malestares sociales de diversas causas. La más evidente es el encierro prolongado de la pandemia más grave que ha vivido la humanidad en un siglo, pandemia que no es culpa del gobierno y que éste, por lo demás, ha manejado de manera responsable y ordenada. La pandemia también trajo crisis económica y desempleo. La ampliación del apoyo social que dispuso el gobierno es apreciable, pero el tamaño de la crisis es aún mayor, y en la ciudadanía prevalece inevitablemente una sensación de angustia por la propia salud y por el bolsillo.

Bastó el anuncio de calle para que aparecieran pescadores profesionales de río revuelto. Políticos buscando avanzar sus agendas o desviar la atención de sus propios errores. Organizaciones delictivas con planeación y apoyo logístico para bloqueos, saqueos y actos vandálicos de exagerados alcance y violencia, sobre todo en el Valle. Y gremios de camioneros y otros grupos sociales con peticiones que no tienen nada que ver con la reforma.

El gobierno había retirado tempranamente la propuesta del IVA. Pero ya la reforma en su totalidad se había convertido en un símbolo de algo malo, pese que tenía cosas buenas. Ahora retiraron entera la propuesta de reforma. Está por verse en qué medida esto desactiva la tormenta. De haber sido enteramente pacífica la protesta, habría sido un fracaso del gobierno y un triunfo de la democracia. Pero la violencia, el vandalismo desaforado y la intimidación calculada contra el ciudadano común impedido en su movilidad, siendo imputables a una minoría, hacen de ese triunfo otro fracaso.

*Decano de la Escuela de Economía de la Icesi.

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