Cultura
Historias del Petronio Álvarez: Grupo Palmeras, una institución de los violines caucanos
Ganadores en tres ocasiones del Festival Petronio Álvarez y con más de 70 años de tradición, son un referente indiscutible de la música afrocaucana y del Pacífico. Hoy preservan el legado musical, enseñando a niños y niñas del Cauca.
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9 de ago de 2026, 10:24 p. m.
Actualizado el 9 de ago de 2026, 10:24 p. m.
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Hay una canción que suena en todas las veredas del Cauca, coreada y bailada en las fiestas de la comunidad afrocolombiana en este departamento, se trata de “La Patirrucia”, una fuga del Grupo Palmeras que ya es un clásico de la música caucana y del Pacífico: “Ya llegó, ya llegó, ya llegó la patirrucia. Cómo baila… la patirrucia, cómo se menea… la patirrucia, cómo goza… la patirrucia”. Quienes estuvieron en alguna de sus presentaciones en el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez seguro repitieron este pegajoso estribillo con un pañuelo blanco arriba.
El maestro Luis Edel Carabalí, violinista y miembro de tercera generación del Grupo Palmeras, su padre y su abuelo tocaron este instrumento en formaciones anteriores, cuenta que la canción rinde homenaje a una fan de la agrupación.

“Ella se llama Nelly y es seguidora de nosotros. Resulta que una vez bailó toda la noche y se le dañaron los zapatos. Al otro día me la encontré y me dijo: ‘Mire, Luis, yo por andar detrás de ustedes con esos benditos violines, miren cómo tengo estas patas de rucias’. Yo pensé, apenas me dijo eso, que ella era la patirrucia y le iba a componer una canción. Porque siempre llegaba donde estábamos nosotros, y si no había llegado, preguntábamos: ‘¿No ha llegado Nelly?’. Entonces alguien de los compañeros decía: ‘Ya llegó, ya llegó…’, y así comienza la letra”, recuerda el maestro Carabalí.
Sin duda, el Grupo Palmeras, tres veces ganador del Bombo Golpeador en el Festival Petronio Álvarez (2008, 2010 y 2013), es un referente de la música de violines caucanos. Fundado hace más de 70 años en la vereda El Palmar, Santander de Quilichao, donde familiares y vecinos decidieron rescatar la tradición del violín de fabricado en guadua y los ritmos típicos del norte caucano, serían pioneros en la divulgación de un original espectro sonoro del Pacífico colombiano que permanecía oculto y corría el riesgo de desaparecer.
“A mí desde pequeño me gustó el violín, independiente de que mi papá fuera violinista. Al principio aprendí solo con un violín de guadua, viéndolo tocar con el Grupo Palmeras, y ya cuando él me cogió para enseñarme yo ya tocaba algo. Pero él me perfeccionó muchas cosas y me enseñó el sonido tradicional”, relata.

También aprendió a construir violines de guadua, “eso me lo enseñó Amador Casarán, a cortar el tallo en luna menguante para que tuvieran mejor sonoridad. Los hacíamos así debido a que los violines clásicos eran muy costosos, cuando yo pude comprar uno de esos me costó $510 pesos. Ahora toco con un violín tradicional, de los europeos, pero aún guardo mi violín de guadua, una reliquia”.
La música de violines caucanos tiene una larga historia, de por lo menos 300 años. De acuerdo con algunas investigaciones musicológicas, durante el siglo XVII, en tiempos de la Colonia, evangelizadores católicos, entre ellos, jesuitas, llegaron a la región del Cauca, donde había haciendas esclavistas, y traían consigo instrumentos de la cultura europea, como el violín.
Los africanos esclavizados, y sus descendientes nacidos en Colombia, aprendieron a tocarlo, gracias a sus desarrolladas habilidades musicales y la instrucción de los misioneros, y cuando comenzaron a liberarse formando comunidades cimarronas, se llevaron este conocimiento y lo adaptaron a su entorno, creando una versión del violín en guadua.
En gran parte del Cauca, norte y la región del Patía, se conservó esta tradición casi de forma endémica, dado que muy pocas veces circulaban por fuera de su propio territorio. No obstante, grupos como Palmeras, entre otros, comenzaron a buscar espacios de mayor reconocimiento, participando en eventos de música folclórica colombiana, entre ellos, el Festival Petronio Álvarez, pero al principio en la modalidad libre, con otras propuestas musicales.
Solo hasta el año 2008, el Petronio Álvarez abre por primera vez la modalidad de Violines Caucanos en su certamen musical, en buena medida gracias al trabajo del investigador Carlos Alberto Velasco, quien recorrió el territorio cartografiando e identificando esta tradición musical. “Él fue hasta nuestra vereda y nos propuso que se iba a abrir la modalidad. Nos inscribimos, hicimos ensayos, fuimos, competimos y ganamos. Somos los primeros en la historia que ganamos dentro de esta modalidad, luego ganamos dos veces más, y ahora estamos fuera de competencia y participamos como invitados de honor”, comenta el maestro Carabalí.
Pero el maestro no vive de la nostalgia, piensa en el futuro y la preservación del legado de sus ancestros, por eso creó una escuela de violines caucanos en la vereda Quinamayó, donde reside hace 30 años. “No fue fácil, pero me siento muy feliz porque ahora hay un despertar de la música de violín caucano. En la vereda estoy enseñando a los niños y niñas a tocar violín en estos convencionales, pero ya estamos en el proceso de cambiar al violín de guadua, para que se vayan acostumbrando a lo tradicional que es su identidad”, afirma.
En 18 años, desde que abrieron la competencia, creció el número de escuelas y agrupaciones dedicadas a esta música, como el Taller Integral de Músicas Caucanas y Colombianas (TIMCCA) en Santander de Quilichao, y el grupo Mavichi, ganador del Petronio Álvarez en 2024, que viene realizando giras a nivel internacional en países como Sudáfrica y Eswatini. No sorprende que hoy, en el marco del Festival, la presentación de violines caucanos sea uno de los eventos que atrae más público.
Para los 30 años del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, queda demostrado que no solo el bombo y la marimba representan esta rico universo musical, también el violín de guadua es un símbolo de la cultura afrocolombiana, porque como aclara el maestro Carabalí, “todos somos hermanos, todos somos del Pacífico, pero tenemos diferentes tradiciones según la región y, gracias al Petronio Álvarez, se están reconociendo en su diversidad, impulsando investigaciones para conservarlas y que puedan trascender en el tiempo”.

Periodista y escritor, entre sus publicaciones destaca el volumen de ensayos ‘Libro de las digresiones’. Reportero con experiencia en temas de cultura, ciencia y salud. Segundo lugar en los Premios Jorge Isaacs 2022, categoría de Ensayo.








