“Imprevisto e inevitable”

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“Imprevisto e inevitable”

Septiembre 16, 2018 - 06:45 a.m. Por: Pedro Medellín

Así con esas palabras, la Corte Suprema de Justicia califica el ‘hallazgo’ de la información producida por la interceptación equivocada del teléfono celular del senador Álvaro Uribe, cuando tuvo que salir a reconocer, mediante el oficio institucional 36791 del 10 de septiembre de 2018, que se había equivocado al interceptar al expresidente, cuando en realidad estaba interceptando las comunicaciones del representante chocoano Nilton Córdoba Manyoma.

Sin embargo, la información obtenida por ese error sí sirvió para encausar el proceso que el magistrado de la Sala de Instrucción N° 2 José Luis Barceló le sigue a Uribe por manipulación de testigos.

Lo primero que hay que decir, es que en materia penal la Corte Suprema sí tiene la competencia para interceptar comunicaciones de los parlamentarios que esté investigando por la supuesta comisión de algún delito. Más aún, la Corte Suprema no sólo tiene la competencia de interceptar las comunicaciones de sus investigados, sino que tiene el deber de hacerlo si esa interceptación ayuda a una mejor investigación.

Ahora, si en desarrollo de esa interceptación por algún ‘error del destino’ se interceptan las comunicaciones de otro parlamentario que esté siendo investigado o no, y la información sirve para resolver otra investigación judicial, pues no hay ilegalidad. Las pruebas no pierden peso jurídico. Más bien para el interceptado accidental, podría decirse que hubo más mala suerte que ilegalidad.

El problema está en los significados y las implicaciones que tiene el hecho de que una instancia judicial tan importante para un país, como la Corte Suprema de Justicia, tenga que salir públicamente a reconocer un ‘error’ en la interceptación de las comunicaciones de un investigado, eso deja mal parado a todo el mundo.

Desde el punto de vista jurídico, pone en duda la calidad de la investigación judicial que soporta los procesos que se llevan y se fallan en la Corte Suprema. ¿Cómo así que pasan casi treinta días, entre el momento que se ordena la interceptación de un parlamentario y el momento en que se dan cuenta que el interceptado no es y tiene que ordenarse la cancelación de la interceptación? ¿Qué clase de investigadores tienen en sus equipos los magistrados de las Salas de Instrucción, que pierden un mes de trabajo para darse cuenta de que el chuzado no es? Mucho más si se trata de una voz tan particular y conocida como la del expresidente Álvaro Uribe. Incluso quienes se tomen el trabajo de buscar alguna grabación con la voz del representante Córdoba, encontrarán que su tono y modismos son más cercanos del Tino Asprilla que del paisa Juanes.

Desde el punto de vista político, pone a la Corte Suprema como si en realidad estuviera en el difícil papel de andar persiguiendo al presidente Uribe. ¿Cómo así, que el error en la interceptación se comete precisamente con el teléfono del senador Álvaro Uribe Vélez?
Dentro de los ya casi 400 congresistas, entre senadores y representantes, ¿porqué tienen que equivocarse justo con el jefe del Centro Democrático?

En un país en el que, en los últimos años, las altas cortes no se han destacado por su imparcialidad y coherencia jurisprudencial, resulta muy difícil que la gente crea que no fue un error intencional. Y sí toma más fuerza explicativa la incapacidad que muestran algunos magistrados para mantener su distancia y serenidad con el senador Uribe y sus seguidores.

Lo cierto de todo esto es que el “hallazgo imprevisto e inevitable” con el que la Corte explica su error, dibuja de cuerpo entero la crisis de la Justicia en Colombia. Ya ni siquiera pueden prever ni evitar que todo un equipo de investigadores de semejante instancia judicial, pueda perder un mes de trabajo interceptando a un senador antioqueño, cuando en realidad su objetivo era un representante chocoano. Y si eso es con un asunto tan controlable, ¿Cómo será con lo demás?

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