Política
Así fue el tormentoso primer año de Trump con Colombia
Los altisonantes mensajes en redes sociales entre Bogotá y Washington le han dado paso a una calma diplomática. Expectativa.
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26 de ene de 2026, 10:24 a. m.
Actualizado el 26 de ene de 2026, 10:24 a. m.
El primer año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha estado caracterizado por la constante confrontación entre los Estados Unidos y Colombia, algo inédito en la historia de ambos países.
Desde el principio, estos mandatarios reemplazaron los canales diplomáticos por los mensajes en redes sociales que generaron crisis permanentes que aún se mantienen, pese al anunciado encuentro del 3 de febrero, que podría dar un cambio importante en la relación.
La migración (cuando Colombia no aceptó a los deportados), el narcotráfico (aumento de hectáreas sembradas), el fin de la cooperación hacia Bogotá y la política internacional han sido los mayores temas de confrontación.
La lucha contra las drogas
Una de las principales diferencias se ha evidenciado en lo que Estados Unidos ha llamado la “guerra contra las drogas”, y que toca especialmente a Colombia, debido al aumento de cultivos ilícitos y a los grupos armados ilegales dedicados a las rentas del narcotráfico.
En este escenario, políticas claves del gobierno de Gustavo Petro, como la Paz Total, se han convertido en una ocasión para profundizar las grietas que se han abierto en las relaciones diplomáticas en los últimos meses entre ambas naciones.

Para Felipe Jaramillo, profesor asociado del Departamento de Ciencias Jurídicas y Política de la Universidad Javeriana de Cali, esto se debe a que la apuesta de Petro y la de Trump van por caminos diametralmente opuestos:
“La prioridad de los Estados Unidos es la reducción de los cultivos ilícitos, el control del narcotráfico y la preservación de su influencia en el hemisferio, en una lógica que remite al relanzamiento de la ‘Doctrina Monroe’”, explica, y añade que, en este sentido, el Gobernante republicano ha priorizado una visión “securitizada del problema, centrada en resultados inmediatos y en el cumplimiento estricto de sus exigencias”.
Una apuesta contraria a la de Petro, cuyo interés ha girado en los diálogos exploratorios, pese a que, a cerca de tres años de intentar consolidar procesos de paz con distintos grupos, el precio a pagar haya contribuido a deteriorar la relación con los estadounidenses, explicó.
Para el analista y estratega político Jaime Gutiérrez, el crecimiento de estos grupos narcotraficantes en Colombia ha sido aprovechado por Trump como bandera política al interior de su propio país:
“Les ha vendido la idea de que no necesariamente las amenazas terroristas vienen de Medio Oriente, o se dan a través de bombas, sino que también tienen que ver con el envenenamiento sistemático de su población. Estados Unidos ya entendió que las drogas son una amenaza latente de seguridad nacional, que puede afectar a mediano plazo su posición como poder hegemónico mundial”, explica.
Agrega que este cambio en las políticas por parte de Washington, que ha dirigido sus tropas a regiones remotas del mundo con la excusa de su seguridad nacional, trajo consigo uno de los hechos más notorios en términos de rupturas diplomáticas, cuando el pasado 3 de enero entró a Venezuela para capturar a Nicolás Maduro.
Este suceso también tuvo repercusiones en Colombia y en su tono diplomático: durante el 2025 entre ambos presidentes hubo una escalada en los comentarios que utilizaban para expresarse sobre el otro, especialmente a través de las redes sociales.
Comentarios por parte de Donald Trump en los que acusó a Gustavo Petro de ser “matón” y “líder del narcotráfico”, y respuestas del colombiano en las que comparó las políticas del estadounidense con las de Adolf Hitler, han sido la constante.
Como consecuencia del deterioro de las relaciones, Gustavo Petro fue incluido en la ‘Lista Clinton’, por presuntos nexos con el narcotráfico.
Una llamada improbable
Días después de la operación militar en Venezuela, los mandatarios de Colombia y EE. UU. hablaron por teléfono, por primera vez, en lo que parece cambiar el panorama confrontativo.

Alejandro Sánchez, profesor de Ciencia Política en la Universidad Javeriana de Cali, explica lo que podría traer para la relación binacional esta especie de primavera diplomática:
“Va a obligar a algunas concesiones importantes por parte del Gobierno colombiano. Por ejemplo, de la acción armada contra las organizaciones ilegales. También está el restablecimiento de las fumigaciones aéreas, lo cual es muy costoso para las bases rurales del proyecto de Petro”.
Algunas de estas concesiones ya están produciéndose, pues a inicios de año se hizo público un acuerdo entre ambos países para realizar “acciones conjuntas” en contra del ELN.
Más allá del miedo infundado en el continente luego de lo ocurrido en Venezuela, el año electoral en Colombia también ha influido en este cambio.
Para el profesor Felipe Jaramillo, la relación con la Casa Blanca será central de cara a las próximas elecciones, especialmente a la hora de atraer electorado: “La relación con Estados Unidos se perfila como uno de los ejes de polarización electoral, obligando a los votantes a elegir entre dos posturas contrapuestas: una visión más confrontacional y soberanista, asociada a sectores de izquierda, y otra más pragmática o complaciente, promovida por sectores de derecha que enfatizan la alineación estratégica con Washington”.

Comunicador Social y Periodista con sensibilidad por las artes, las humanidades y la cultura. Con larga experiencia en la cobertura de la realidad social, tanto regional como nacional. Interesado en cubrir fenómenos de medioambiente, posconflicto y DD.HH.
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