economía
Postulación histórica en la Convocatoria Cocrea 2026: puente de oro entre la empresa privada y el tejido social
Con más de 2400 iniciativas prepostuladas, la demanda desborda el cupo de $80.000 millones asignado por el CNAC. María del Pilar Ordóñez, directora de Cocrea, destaca cómo la inversión en cultura se convirtió en el eje de la viabilidad comunitaria y la transformación social.
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25 de jun de 2026, 08:43 p. m.
Actualizado el 25 de jun de 2026, 08:43 p. m.
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La Convocatoria Cocrea 2026 ha encendido los motores de la economía creativa en el país, demostrando que el sector cultural colombiano está más activo que nunca. Sin embargo, el éxito de la convocatoria plantea un enorme reto institucional: la demanda de estímulos ha superado la capacidad fiscal asignada para este año.
En entrevista con El País, María del Pilar Ordóñez Méndez, directora de Cocrea, desglosó el panorama de las postulaciones, los plazos clave y el impacto tangible que genera la unión entre artistas, comunidades y el sector empresarial.

Plazos diferenciados y cifras récord
La convocatoria de este año cuenta con fechas de cierre estratégicamente divididas según la naturaleza de financiación de cada proyecto. Los proyectos que se presentan sin un aportante o financiador identificado tienen como fecha límite el 30 de junio a las 5:00 p. m. Por su parte, aquellas iniciativas que cuentan con recursos propios o que ya tienen un inversionista tercero comprometido dispondrán de un mes adicional, cerrando su ciclo el 30 de julio a las 5:00 p. m.
A la fecha, el balance es abrumador. “Hemos recibido 240 postulaciones en firme, pero cuando revisamos la plataforma, vemos que la cifra de proyectos prepostulados asciende a 2420”, reveló Ordóñez. Este volumen evidencia una sobredemanda histórica que sobrepasa el cupo fiscal de $80.000 millones otorgado por el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura en Cinematografía (CNAC) para amparar los beneficios tributarios de esta vigencia.
Ante esta realidad, las directivas de Cocrea ya se encuentran gestionando un segundo cupo fiscal para 2026, repitiendo la estrategia que se ejecutó con éxito en 2025 para no dejar desfinanciados a cientos de creadores.
Para las empresas privadas, la inversión en proyectos avalados por Cocrea representa un alivio financiero directo e inmediato, ya que el mecanismo les permite deducir de su base gravable del impuesto a la renta el 165% del dinero invertido. No obstante, la directora enfatiza que los mayores dividendos para las compañías no son meramente contables, sino de sostenibilidad y entorno.

En el sector de infraestructura y energía, por ejemplo, los proyectos culturales se han transformado en la llave para la “viabilidad comunitaria”. La articulación mediante el arte permite abrir espacios de diálogo seguro, tejer confianza con las poblaciones en las áreas de influencia y mitigar problemáticas sociales agudas. Según Ordóñez, estos entornos amigables no solo protegen la inversión física de las empresas, sino que valorizan la marca corporativa e incrementan su capital intangible.
El impacto de Cocrea se valida en las regiones con proyectos de alto impacto social, como las escuelas de formación artística impulsadas por la Fundación Sidoc en Siloé o el Tecnocentro Somos Pacífico en el distrito de Aguablanca, en el Valle del Cauca, este último respaldado por la farmacéutica Sumikin. Estas alianzas logran cambiar radicalmente las narrativas de violencia y exclusión en zonas vulnerables.
Casos concretos en el país demuestran el poder de estas iniciativas. En Antioquia, un festival de cine comunitario logró rescatar a decenas de jóvenes de un municipio minero azotado por el conflicto; testimonios recolectados por la entidad dan cuenta de cómo el séptimo arte se convirtió en un salvavidas y propósito de vida.
De igual forma, en la Comuna 13 de Medellín, los colectivos juveniles encontraron en la cultura hip-hop una plataforma de inclusión social que revirtió los prejuicios de la migración y la marginalidad, demostrando que cuando una empresa invierte en cultura a través de Cocrea, está financiando directamente la paz y el tejido social de Colombia.
El arte de transformar el talento en riqueza
Hablar de cultura en Colombia ha sido, históricamente, un acto de fe. Durante generaciones, los creadores de las regiones han crecido bajo el peso de una narrativa implacable: “de la cultura no se vive”. Sin embargo, en los pasillos de Cocrea se respira una convicción completamente distinta. Existe un empeño profundo por cambiar ese guion negativo que ha frenado a miles de artistas y demostrar, con realidades y casos tangibles, que la pasión creativa puede y debe ser el motor de una vida digna.
Dice la directora de Cocrea, que este modelo no es el de la beneficencia ni cel de los premios tradicionales. Quien decida dar el salto hacia este incentivo tributario debe hacer primero un ejercicio de madurez y honestidad. “Mientras que una beca local o un estímulo nacional funcionan para financiar un sueño individual, Cocrea exige una visión que trascienda. No se trata de un creador escribiendo para sí mismo; se trata de formular un proyecto capaz de seducir al exigente mundo financiero y empresarial”.
El juego aquí tiene reglas claras: exige rendición de cuentas, proyección y, para los proyectos que superan los cien salarios mínimos, la destreza de gestionar una fiducia que proteja la inversión. Es un pacto donde el Estado interviene para garantizar que el talento se traduzca en mejores bienes y servicios para los ciudadanos, devolviéndole a la sociedad bienestar y riqueza en concreto.
Una de las grandes virtudes de este ecosistema es su sentido de la equidad. En Cocrea, advierte su directora, no hay competencia desleal ni canibalismo de recursos. La convocatoria premia la velocidad y la preparación individual: cada propuesta se evalúa sola, en su propio mérito y por estricto orden de llegada. “Si un grupo de artesanos tradicionales tiene su proyecto listo y se postula el primer día, recibirá su evaluación mucho antes que un gran empresario musical que llegue en el puesto cien”.
Por dicha razón, la plataforma se mantiene en un constante “modo acompañamiento” durante todo el año, sirviendo como un faro para que los creadores ensayen, pregunten y pulan sus propuestas antes de que comience la carrera por los cupos.

Ese puente entre la identidad y el futuro se hace evidente en líneas como “Ciudadanos del Río”, una apuesta que demuestra que el cuidado de la naturaleza y los saberes ancestrales habitan en la misma casa. Proteger un cuerpo de agua, un páramo o una laguna no es solo un asunto de ingenieros ambientales; es, en su origen, un quehacer cultural.
Así se vio reflejado en el Eje Cafetero, donde una diseñadora gráfica logró sanar el vínculo roto entre una comunidad y su quebrada local a través de la expresión visual de niños y jóvenes. Lo mismo ocurre con los pescadores tradicionales, cuyos métodos respetuosos, el uso de redes adecuadas y el acatamiento de las vedas no son más que tradiciones vivas que protegen el entorno.
Hoy, tras consolidar la confianza de 447 inversionistas únicos en su séptima convocatoria, CoCrea ya no solo sale a buscar al tejido empresarial, sino que empieza a ver cómo los mismos empresarios se acercan atraídos por la solidez del modelo.
La estrategia para este 2026 es de filigrana: a través de alianzas con gremios y cámaras de comercio, se está llevando este portafolio de talento directamente a los grandes contribuyentes y a los sectores que atraviesan momentos de bonanza económica o que enfrentan tasas de tributación más altas. Para ellos, la cultura ya no es un gasto o una donación lejana, sino una inversión estratégica y transparente que transforma sus obligaciones fiscales en el motor del desarrollo social del país.
La gran revolución de CoCrea este año no viene solo de la mano de los sectores tradicionales. La entidad está terminando de afinar los detalles de una herramienta que promete transformar las reglas del juego: el Banco de Aportantes. Se trata de un salvavidas diseñado para romper una de las barreras más difíciles del sector: la falta de financiación para proyectos huérfanos de patrocinador.

En el ecosistema cultural, la realidad es abrumadora; de más de un millar de ideas postuladas, el espacio para conectar a cada creador con un empresario es milimétrico. Con este nuevo banco, CoCrea busca que el 40 % de los proyectos que logren ser avalados cuenten con un portafolio visible y estructurado para que los inversionistas elijan directamente a qué línea apostarle, o bien, dejen el recurso en manos de la corporación para que esta lo asigne estratégicamente.
Esta estructura está blindada contra la incertidumbre. En el mundo de los negocios, los imprevistos ocurren; sin embargo, en CoCrea el creador nunca queda a la intemperie. Cuando un empresario se compromete a financiar una obra —en plazos que van de uno a tres años— sus recursos entran a un patrimonio autónomo e irrevocable. El dinero no se puede retirar al día siguiente por un cambio de opinión.
Si la fatalidad económica o una quiebra golpean al inversionista, CoCrea interviene bajo la figura de fuerza mayor para redimensionar el proyecto o permitir una terminación anticipada, protegiendo al artista de sanciones o inhabilidades. Incluso, si por causas extremas el proyecto no se ejecuta o si los recursos sobran gracias a la llegada de nuevos donantes, esos dineros jamás se pierden: se redireccionan, con el visto bueno del aportante o bajo el criterio técnico de CoCrea, hacia un fondo común para apadrinar los proyectos que más lo necesiten.
En el Valle del Cauca
Este ecosistema de confianza y transparencia ya está dando frutos tangibles en las regiones, y el Valle del Cauca es el ejemplo más vibrante de ello. La movilización del cupo fiscal en el departamento casi se duplicó, pasando de 6239 millones de pesos en 2024 a la impresionante cifra de 10.651 millones en 2025.
Este crecimiento no es casualidad; es el resultado de un poderoso “voz a voz” empresarial. Cuando a un empresario en el Valle le va bien, se convierte en el mejor embajador del mecanismo frente a sus colegas. A esto se suma el respaldo estratégico de actores clave como ProPacífico, Compromiso Valle y el éxito de iniciativas emblemáticas de alto impacto social, como el programa Happy Play de la Fundación Sidoc, el Tecnocentro o los recientes proyectos de formación artística liderados por la Fundación La Escala en el vecino departamento del Cauca.
El idilio entre el Valle y CoCrea encuentra su punto más fuerte en la línea ambiental. La región ha sido históricamente pionera en este frente gracias a la plataforma colaborativa de la CVC, donde las comunidades, la academia y las empresas se unieron en torno al cuidado del agua. De ahí que “Ciudadanos del Río” sea una de las convocatorias más queridas y activas en el departamento, una sinergia que se consolidó con la presencia de esta iniciativa en Cali durante dos años consecutivos, incluyendo la histórica vitrina de la COP.
El futuro inmediato de esta alianza no podría ser más prometedor. Con la Universidad del Valle como socia estratégica y parte activa de la junta directiva de CoCrea, el vínculo institucional es inquebrantable. Mientras el equipo técnico redobla esfuerzos para acompañar a los creadores vallecaucanos a clasificar de manera temprana y asegurar su porción del cupo fiscal, ya se vislumbra una gran noticia: la confirmación de que Cali se perfila como la sede oficial del gran evento nacional de CoCrea para el año 2027.
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