Cuatro días después de los devastadores terremotos que sacudieron a Venezuela, es la incertidumbre la que sigue mandando. Incertidumbre porque no se sabe si los muertos se contarán por centenares o por decenas de miles; incertidumbre por lo que el golpe de la naturaleza significará para el futuro de un país que apenas empezaba a ver una tenue luz de salida luego de 26 años de régimen dictatorial que lo sumió en sus peores condiciones.

Por lo pronto, se impone la solidaridad internacional, en especial desde Colombia que hoy debe ser una nación hermanada junto a Venezuela.

La serie de eventos sísmicos sin precedente que sacudió al norte de Venezuela el miércoles en la tarde, deja una estela de desolación que apenas se empieza a descubrir en su magnitud real. La ‘zona cero’ de los dos terremotos de 7,1 y 7,5 grados en la escala de Richter, que se sucedieron en cuestión de segundos, estuvo en los sectores de Macuto y Playa Los Cocos, en el estado de Guaira, apenas a 20 kilómetros de Caracas, la capital. Al cierre de esta edición la presidenta (e) Delcy Rodríguez confirmó 589 fallecidos, cerca de 3000 heridos y decenas de edificios colapsados.

Son cifras iniciales, que podrían quedarse cortas si se tiene en cuenta que hasta la tarde del viernes un reporte de la Organización de Naciones Unidas, ONU, estimaba el número de desaparecidos en 50.000. La mayoría podría estar bajo los escombros, que apenas se están removiendo con todas las precauciones, esperando encontrar sobrevivientes bajo ellos. Como explican los organismos de socorro, las primeras 72 horas están siendo cruciales para rescatar a posibles víctimas aún vivas.

En medio de la tragedia que vive Venezuela, el mundo se ha volcado a prestarle su ayuda sin miramientos. Miles de rescatistas se han desplazado desde varios países para colaborar en las laborales de búsqueda, entre ellos equipos colombianos expertos en atención de desastres. Así mismo, se está enviando ayuda en especies para sortear los primeros días de devastación y brindar atención a los damnificados.

Sin servicios públicos básicos como agua y energía, con los canales de telecomunicaciones colapsados, y las vías principales cerradas debido a las afectaciones que han tenido, las cadenas humanitarias se han vuelto indispensables para encontrar a desaparecidos o para llevar cualquier tipo de ayudas. Es la solidaridad que se impone cuando las catástrofes llegan en magnitudes insospechadas.

Este es apenas el inicial y urgente respaldo que requieren los venezolanos. Porque lo que vendrá después, no en los próximos días ni semanas, sino en los próximos meses e incluso años, es lo que más requerirá de la ayuda internacional. La reconstrucción de las zonas afectadas será larga y costosa, mucho más aún para una nación ya de por sí devastada social y políticamente por el régimen chavista, ya debilitado pero que sigue aferrado al poder.

Frente a la destrucción que hoy sufre una vasta parte del territorio venezolano y que afecta a millones de ciudadanos, se hace necesario activar todos los protocolos de colaboración técnica y financiera para asegurar la reconstrucción. Deberá ser un proceso que se adelante sin presiones o condicionamientos ni mucho menos pretendiendo aprovecharse de la fragilidad que hoy padece el país suramericano.

Que la solidaridad con la cual se engrandece la humanidad esté presente ahora, para enfrentar de inmediato el desastre, y en el futuro próximo para levantar de nuevo a Venezuela y a los venezolanos.