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Fechas luctuosas

Afortunadamente el país con su gran resiliencia muestra signos de recuperación.

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José Félix Escobar
José Félix Escobar | Foto: El País

17 de ago de 2026, 01:27 a. m.

Actualizado el 17 de ago de 2026, 01:27 a. m.

La historia moderna de Colombia está marcada por fechas en las que ocurrieron hechos trágicos, o violentos imprevistos de la naturaleza. Toda una generación de colombianos recuerda el 9 de abril de 1948. Cuando el caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán fue asesinado en plena carrera séptima de Bogotá.

La muerte de Gaitán desató la ira popular, lo que sirvió como abrebocas a los trágicos años de la violencia partidista. Obras literarias reflejan el sentir de los ciudadanos en esas terribles épocas. Recordemos entre otras a “Cóndores no entierran todos los días” del vallecaucano Gustavo Álvarez Gardeazabal.

Nuestra querida Cali sufrió una dolorosa prueba el 7 de agosto de 1956, cuando seis camiones cargados de dinamita hicieron explosión en horas de la madrugada. El resultado fue de miles de muertos y una vasta parte de la ciudad destruida. Esta mezcla de imprevisión y fatalidad fue superada por el espíritu de nuestra gente; solo 15 años después estábamos celebrando los Juegos Panamericanos de 1971.

El año de 1985 fue particularmente trágico en nuestro país. Tan solo una semana después de que fuerzas criminales tomaran el Palacio de Justicia de la capital, se produjo la impresionante avalancha del 13 de noviembre que sepultó al municipio de Armero. Allí obraron de consuno la maldad de los seres humanos y la imprevisible capacidad destructiva de la naturaleza.

Desde finales de los años ochenta del siglo pasado se desató en Colombia una trágica serie de crímenes políticos, cuyos efectos todavía perduran. El más notorio fue el ocurrido el 18 de agosto de 1989 cuando el líder liberal Luis Carlos Galán fue acribillado en una manifestación política en el sur de Bogotá. Afortunadamente el país con su gran resiliencia muestra signos de recuperación.

Solamente el caótico gobierno que acaba de terminar podía haber sido el escenario de un nuevo crimen político de la envergadura del atentado que cobró la vida de Miguel Uribe Turbay. El camino de la joven figura hacia la Presidencia estaba despejado, lo que no gustó a los malos de siempre.

Ahora ha sido el planeta el que se ha hecho sentir. El reciente y violento terremoto del 10 de agosto de 2026 ha causado muerte y destrucción, sobre todo en el occidente del país. Esta entrará a formar parte de la cadena de fechas luctuosas que marcan la historia contemporánea de Colombia. Pero tengamos fe y mantengamos la esperanza en que todo será superado.

Sin embargo, en el plano local, la gran cantidad de construcciones averiadas situadas en el cercano sur de la ciudad exige de las autoridades el mayor esmero en la verificación de los estudios antisísmicos y la urgente limitación de alturas en las edificaciones. La falla de Romeral si existe.

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POSDATA: Cuando apenas se comienza a levantar el mantel bajo el cual el anterior presidente y su antigua esposa ocultaban todas sus fechorías, el Congreso de la República resolvió otorgar el permiso constitucional que requiere un exmandatario para abandonar el país dentro del año siguiente a la finalización de su gobierno.

Lo esperan su parcero Carlos Ramón González en Nicaragua o los viejos compañeros de luchas en la Cuba de Díaz Canel. La pragmática Sheinbaum no le abrirá las puertas mejicanas. Muchos sostienen que es bueno que el anterior presidente se vaya, aunque le vaya bien.

Doctor en Jurisprudencia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Abogado en ejercicio. Colaborador de EL PAÍS desde hace 15 años.

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