Editorial

La solidaridad, a prueba

Las necesidades apremiantes y la consecución de recursos son retos enormes que en el futuro inmediato afrontan la ciudad y el departamento.

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RESCATES - TERREMOTO- SISMO
RESCATES - TERREMOTO- SISMO - POLICIA RESCATE - RESCATISTAS | Foto: ALCALDÍA DE CALI

16 de ago de 2026, 01:12 a. m.

Actualizado el 16 de ago de 2026, 01:12 a. m.

Si algo han sentido los caleños y los vallecaucanos desde el minuto uno del terremoto del pasado 10 de agosto, que al cierre de esta edición dejaba en el departamentos y en su capital una cifra parcial de 164 personas fallecidas, 2553 heridos, 115 desaparecidos y al menos 594 edificaciones colapsadas, es la solidaridad del resto de Colombia y del mundo. Sin embargo, los momentos más difíciles son los que están por llegar.

El paso de los días será una prueba de fuego frente al enorme reto que representa la reconstrucción de miles de viviendas, la atención ininterrumpida a al menos 150.000 damnificados y la habilitación plena de servicios de la red hospitalaria. Se suma a ello la colosal tarea de tener que volver a levantar municipios casi enteros como El Cairo, en el norte del departamento y destruido en un 80 %.

Las imágenes del terremoto de magnitud 7,4 ocurrido a las 7:34 a.m. del pasado lunes, que tuvo como epicentro a San José del Palmar, en el Chocó, estremecieron al mundo y, como es apenas natural, la reacción inicial de gobiernos y organismos multilaterales es volcar su ayuda para atender la emergencia en su fase más crítica: la remoción de escombros y la búsqueda de personas con vida, pero la tragedia no acaba cuando la cámara se apaga, se limpia el desastre y se sepulta a la última víctima.

Las necesidades apremiantes y la consecución de recursos son retos enormes que en el futuro inmediato afrontan la ciudad y el departamento. Lo son también para el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, que si bien ha actuado de manera diligente junto a su gabinete en la asistencia a las víctimas y la mitigación del drama de los damnificados, tiene ahora la obligación de mantener vivo el interés de la comunidad internacional para consolidar un fondo económico para la reconstrucción de las regiones afectadas.

Es aún incalculable el número de edificaciones que tendrán que ser demolidas, la magnitud del trabajo que se requiere para construir nuevas viviendas y los reforzamientos que demandan muchas de las casas y edificios que lograron mantenerse en pie. Todo ese esfuerzo irremediablemente requiere de una inyección enorme de dinero y de la solidaridad del mundo.

Mantener por semanas, quizá por meses, a familias damnificadas que lo perdieron todo en el terremoto del pasado 10 de agosto es extender el drama y el dolor de personas que necesitan cuanto antes volver a la normalidad. Un campamento o un refugio es una medida que funciona de manera provisional, pero no son espacios que en el largo plazo dignifiquen al ser humano.

El ejemplo más inmediato que tenemos está al otro lado de la frontera. En Venezuela hace seis semanas intentan reponerse de los dos terremotos simultáneos que devastaron la región metropolitana de Caracas. El Banco Mundial ha dicho que la reconstrucción de las zonas afectadas constará alrededor de $19.600 millones de dólares y advierte que una reconstrucción lenta puede frenar la recuperación económica durante la próxima década.

Tal como lo documentó El País en un informe el pasado jueves, Venezuela se trazó la meta de construir 14.000 viviendas hasta finales del 2027 y tienen la certeza de que es necesario levantar ciudades antisísmicas completas, con escuelas, canchas y centros comerciales, no solo casas. “Es el reconocimiento de que un terremoto no se repara: se reconstruye, y eso toma años, no temporadas”.

“Ninguna tragedia es idéntica a otra, y las diferencias políticas, sociales y económicas entre Colombia y Venezuela son grandes. Pero las etapas del terremoto se parecen: primero el rescate, luego la clasificación, después el albergue prolongado y, por último, la reconstrucción medida en años. Cali empieza hoy ese reloj. El vecino ya lleva seis semanas corriéndolo”, dice el informe.

La tragedia apenas empieza y el verdadero reto que enfrenta Colombia es lograr que el mundo no deje solo a Colombia, con unas ciudades destruidas y miles de familias sumidas en la desesperanza.

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