Editorial
Llegó “el gobierno de las regiones”
Gobernar para todos no significa que desaparezcan las diferencias, sino entender que, terminada la elección, existe una responsabilidad mayor: trabajar por el país entero.
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9 de ago de 2026, 03:12 a. m.
Actualizado el 9 de ago de 2026, 03:12 a. m.
Con un discurso de unidad, en el que prometió gobernar para todos, incluso para sus adversarios, y en el que, como se esperaba hizo énfasis en retomar el orden e imponer la seguridad, el presidente Abelardo de la Espriella tomo posesión de su cargo este viernes 7 de agosto.
Que haya escogido a Cali y al Valle del Cauca para hacerlo, trasladando por primera vez en la historia este acto protocolario que por tradición se desarrolla en la capital de la República, es un gesto simbólico que sin duda reconoce el peso de las regiones, en particular del suroccidente del país, y abre la posibilidad de avanzar hacia una nación en la que las decisiones centrales tengan cada vez más presente la realidad de sus territorios.
La ciudad estuvo a la altura. Durante una semana exigente, con enormes retos de logística y seguridad, Cali recibió delegaciones de distintos gobiernos y fue escenario de una agenda presidencial que puso al Valle del Cauca en el centro de la atención nacional e internacional. Lo hizo con tranquilidad y capacidad.
En su acto de posesión, que inició en la arena USC donde se le impuso la banda presidencial y continuó en el Batallón Pichincha donde dio su discurso y tomó el mando sobre las tropas como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, De la Espriella habló de gobernar para todos, incluso para quienes no lo respaldaron en las urnas. Es un mensaje necesario. Colombia viene de cuatro años marcados por profundas divisiones y necesita pasar de la confrontación a la construcción. Gobernar para todos no significa que desaparezcan las diferencias, sino entender que, terminada la elección, existe una responsabilidad mayor: trabajar por el país entero.
Ese propósito tendrá que verse en la manera como se ejerza el poder. El compromiso expresado por el Presidente con la democracia, las instituciones y la separación de poderes será una de las primeras pruebas del nuevo Gobierno. La fortaleza no está en concentrar la autoridad, sino en ejercerla dentro de la Constitución y respetar la independencia de quienes tienen la responsabilidad de controlar y vigilar al Ejecutivo.
Algo similar ocurre con la descentralización, una de las apuestas más importantes planteadas en la posesión. Llevar sedes alternas del Gobierno a las regiones y reconocer a Barranquilla como segunda capital administrativa puede ser un paso significativo.
El verdadero cambio, sin embargo, llegará cuando esa visión y ese “gobernar desde las regiones y para las regiones”, como dijo de la Espriella en su discurso de posesión, se traduzca en mayores capacidades para departamentos y municipios, en infraestructura y en decisiones más cercanas a los ciudadanos. Se trata de construir un Estado con mayor presencia en todo el territorio y de reconocer que el desarrollo de Colombia depende también de la fortaleza de sus regiones.
En seguridad, el país espera resultados. Colombia necesita enfrentar a las organizaciones criminales y recuperar la tranquilidad en muchas zonas donde el Estado ha perdido terreno. La firmeza anunciada por el Presidente tendrá que estar acompañada de inteligencia, justicia y eficacia, sin dejar de lado el respeto irrestricto por los derechos humanos.
La situación fiscal obligará igualmente a tomar decisiones difíciles, el congelamiento del gasto público, el combate a la corrupción y las definiciones sobre empresas estratégicas y recursos mineroenergéticos marcarán buena parte del rumbo económico. Pero ordenar las finanzas no puede significar abandonar a quienes más necesitan del Estado. La protección de los programas sociales debe ser compatible con la recuperación de unas cuentas públicas debilitadas.
En salud, la urgencia es aún más cercana a la vida cotidiana de los colombianos. Millones enfrentan dificultades para acceder a una atención oportuna y eficiente. Por eso, cualquier cambio deberá responder a ese drama concreto y no convertirse en otra batalla ideológica.
Para Cali y el Valle, la jornada deja además una oportunidad que no debería desaprovecharse. La escogencia de la ciudad reconoce su importancia estratégica, económica y social, mientras que el nombramiento de María Fernanda Santa como viceministra de Infraestructura representa una presencia regional que deberá reflejarse en resultados concretos para el Suroccidente.
La fotografía de la posesión será histórica. Pero las imágenes pasan. Lo que permanecerá será la forma en que este Gobierno cumpla sus promesas, respete las instituciones y acerque realmente el Estado a las regiones.







