En una jornada electoral que transcurrió con normalidad en la mayoría del territorio nacional, cerca de veinticuatro millones de colombianos expresaron en las urnas su voluntad política. El de este domingo fue un ejercicio democrático amplio y respetuoso, en el que se escogió a través del voto a quienes disputarán la segunda vuelta en la que se escogerá al próximo presidente de la república.

Quedó demostrado que el del 31 de mayo fue un certamen que se realizó con todas las garantías, pese al clima de tensión y a los problemas de orden público que estuvieron presentes a lo largo de la campaña, incluido el magnicidio del precandidato Miguel Uribe Turbay, perpetrado el 25 de junio pasado, y las amenazas constantes a varios de los aspirantes a llegar a la Casa de Nariño.

Tal como lo anunció en repetidas ocasiones el Registrador Nacional del Estado Civil, al responder a las voces que pretendieron sembrar dudas sobre el proceso, los resultados del preconteo fueron transparente y se divulgaron de manera rápida, tanto que a menos de cinco horas de cerradas las urnas el 99,99 % de las mesas de votación ya se encontraban escrutadas.

Durante más de un año, los colombianos conocieron la más variada gama de pretendientes a ocupar la Primera Magistratura del país, a la vez que recibieron las propuestas y compromisos de los que en principio fueron cerca de un centenar de precandidatos. El agotamiento de muchos, así como las consultas internas y las interpartidistas realizadas el 8 de marzo pasado, permitieron decantar la larga lista. Aunque en el tarjetón aparecieron trece fórmulas, al final fueron once las que permanecieron hasta el final de la primera ronda electoral.

La mayoría de los votantes decidió que quienes disputarán la segunda vuelta presidencial serán los candidatos Abelardo de la Espriella, quien obtuvo el 43,74 % de los votos, y el oficialista Iván Cepeda, con el 40,90 % del total escrutado. Son las dos propuestas que se han mantenido en los extremos más distantes: la primera de ellas con el ofrecimiento de cambios radicales frente a las políticas del actual gobierno y la segunda que le apuesta a la continuidad ideológica y política del movimiento liderado por el presidente Gustavo Petro.

Los planteamientos de De la Espriella y Cepeda calaron por haberse sintonizado, cada uno desde su orilla, con lo que los colombianos consideran hoy sus mayores preocupaciones. La corrupción, el deterioro del orden público, la inseguridad y la crisis por la que atraviesa el sistema de salud, están, sin duda, en el centro de las inquietudes de los ciudadanos en todo el territorio patrio. La diferencia abismal en la votación entre quienes pasaron a segunda vuelta y los aspirantes que los escoltaron deja claro que el país exige decisiones contundentes frente los problemas que lo aquejan.

Es de esperar que durante las próximas tres semanas se dé entre los dos candidatos presidenciales elegidos en primera vuelta, el debate franco y abierto que se merecen los colombianos. Solo así se garantizará el pleno ejercicio democrático, en el cual los votantes llegan a las urnas conociendo las propuestas definitivas que se les ofrecen y toman la decisión consciente de a cuál de las dos fórmulas le brindan su apoyo.