El próximo 31 de mayo los colombianos elegiremos presidente. Pero los vallecaucanos deberíamos hacernos una pregunta adicional: ¿quién está pensando realmente en el Valle del Cauca?
Durante buena parte del siglo XX, el Valle fue protagonista del desarrollo nacional. Lideró procesos industriales, agroindustriales y exportadores que transformaron la economía colombiana. Cali se consolidó como una de las principales ciudades del país y Buenaventura como la puerta de Colombia hacia el Pacífico. Esa región que tanto aportó es la misma que hoy sigue esperando.
Seguimos siendo una de las regiones más importantes de Colombia. Aportamos cerca del 10 % del PIB nacional, concentramos una parte fundamental del comercio exterior y contamos con uno de los ecosistemas empresariales más dinámicos del país. Sin embargo, algo ocurrió en el camino: el Valle comenzó a perder peso político y capacidad de incidencia en las decisiones nacionales.
Las cifras hablan por sí solas. Entre 2012 y 2022, el departamento recibió apenas el 3 % de la inversión nacional en infraestructura. Desde 2010, la participación del Valle en la inversión pública ha oscilado alrededor del 5 % sin cambios estructurales, pese a la alternancia política. Ni Santos, ni Duque, ni Petro han corregido esa inequidad territorial. Al contrario: entre 2023 y 2026, la participación proyectada del Valle es del 4,9 %, frente al 5,5 % y 5,3 % de los dos gobiernos anteriores. Si el Valle aporta cerca del 10 % del PIB nacional, ¿por qué recibe apenas la mitad en inversión?
Basta mirar la lista de proyectos pendientes: el dragado de Buenaventura, Mulaló-Loboguerrero, el Tren de Cercanías, el Tren del Pacífico, la modernización del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, el acueducto de Buenaventura y la conexión hacia la Orinoquía. Iniciativas de las que llevamos décadas hablando y que siguen atrapadas entre anuncios, estudios y promesas incumplidas. El Valle fue uno de los departamentos que más votos aportó en 2022 a Petro y termina hoy con proyectos incumplidos y participación marginal en las decisiones nacionales.
Por eso estas elecciones representan una oportunidad. Más allá de partidos, ideologías o simpatías personales, deberíamos evaluar a los candidatos a partir de cuatro preguntas fundamentales.
¿Quién tiene una estrategia clara para recuperar el control territorial, combatir las economías ilegales, detener el terrorismo que le roba la tranquilidad a la población y garantizar la seguridad en nuestros corredores logísticos?
¿Quién está dispuesto a convertir en realidad los proyectos estratégicos que el Valle lleva décadas esperando sin depender de quién sea el gobernador o alcalde?
¿Quién entiende que la empresa, la inversión y la generación de empleo son aliados fundamentales para superar la pobreza y crear oportunidades?
¿Quién ofrece estabilidad, respeto por las reglas de juego y capacidad para construir consensos?
Al revisar las propuestas, encuentro diferencias importantes. Algunos siguen apostando por modelos que concentran más poder en el Estado y profundizan las divisiones. Otros entienden que el desarrollo requiere seguridad, infraestructura, iniciativa privada y capacidad de ejecución. Cada ciudadano deberá sacar sus propias conclusiones.
También vale la pena preguntarnos si ha llegado el momento de que el suroccidente colombiano vuelva a tener una voz en la Casa de Nariño. Una voz que conozca nuestra realidad, entienda la importancia estratégica del Pacífico y comprenda que el Valle no puede seguir esperando. Y por qué no, que por primera vez esa voz sea la de una mujer.
Pero más allá de cualquier candidatura, la reflexión de fondo es otra. El Valle no necesita privilegios. Necesita liderazgo, gestión y que se cumplan los compromisos pendientes. Nada se consigue mediante promesas imposibles de cumplir. El desarrollo requiere visión, acuerdos y ejecución sostenida en el tiempo.
Durante años el Valle ha aportado más de lo que recibe. Ha sido protagonista en las campañas, pero secundario en las decisiones. El próximo 31 de mayo tenemos la oportunidad de enviar un mensaje distinto: el Valle del Cauca exige el lugar que merece en Colombia.
Cuando lleguemos a las urnas, más allá de los partidos y las ideologías, votemos pensando en nuestra región. Porque nadie defenderá mejor los intereses del Valle que los propios vallecaucanos.
Votemos por el Valle que merecemos. Un Valle más seguro, más competitivo, más conectado con el mundo, más unido y más grande, donde quepamos todos.
@edwinhmaldonado