Para mí, el 13 de marzo de 2013 fue de gloria porque ese día resultó elegido papa el cardenal arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, un pontífice “traído del fin del mundo”, como él mismo se definió al asomarse al balcón de la Basílica de San Pedro luego del humo blanco que anunció la buena nueva para la Iglesia Católica.

Yo le había seguido la pista al prelado argentino pues sabía del buen papel cumplido como cabeza de su iglesia en el país austral. Ordenado sacerdote de la Compañía de Jesús, Bergoglio es lo que podíamos llamar “un cura liberal”, porque su desempeño apostólico así lo justifica.

Ya con el capelo cardenalicio, participó en la elección del papa anterior, Benedicto XVI, quedando de segundo en la votación, lo que lo convirtió en el más opcionado para suceder al después Papa Emérito, recientemente fallecido.

Su carismática figura, su amable sonrisa, sus homilías sagradas, su buena relación con otras iglesias cristianas, su preocupación por las graves dolencias de la humanidad, su interés por la paz de Colombia, me llevan a considerarlo el mejor papa de los que yo he conocido, solo comparable con Juan XXIII.

Es el jefe de Estado del Vaticano. Cuenta con 86 años, con severo problema de rodillas, pero con su mente lúcida y atento a sus obligaciones como máximo pastor de la Iglesia. Es el pontífice No. 266. No habita en el Palacio Apostólico, sino en la Casa Santa Marta.

Antes de ordenarse, fue profesor de Literatura y Psicología en la escuela jesuita Inmaculada Concepción de Santa Fe, y ya con el traje talar fue superior provincial de su comunidad en Argentina. Rector del Colegio Máximo y de la facultad de Filosofía y Teología de San Miguel.

Tan destacada fue su gestión sacerdotal que el cardenal Antonio Carracino lo postuló, y el papa Juan Pablo II lo designó obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Luego, obispo coadjutor de la capital, con derecho a sucesión.

El cónclave, en la fecha citada, lo escogió como Papa, y tomó el nombre de Francisco, en homenaje al santo de Asís.

No ha vacilado en visitar países de alto riesgo para su seguridad, en África y en territorios de mayoría musulmana.

La revista Time lo nombró personaje del año en 2013 y en ese mismo año fue portada de la importante revista Rolling Stone Internacional.
Ha sido acusado injustamente por políticos de su país, pero todas las denuncias resultaron sin sustento probatorio.

En cuanto a su posición frente a las juntas militares que hubo en Argentina entre 1976 y 1983, el nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel niega que el actual pontífice haya sido cómplice de las dictaduras.
Incluso, muchos afirman que los ayudó a escapar de la persecución militar. Un activo miembro de la resistencia –los Montoneros- afirma que Bergoglio salvó la vida de 25 personas en esa etapa siniestra.

Ha publicado encíclicas trascendentales: Lumen Fidei (29 junio de 2013), Laudato Sí (24 mayo de 2015) y Fratelli Tutti (3 octubre de 2020).
Confío en que su salud le permita seguir de Vicario de Cristo. Los católicos lo necesitamos, y el mundo tiene en él al mejor heraldo de Dios.