El nombre con el que fue bautizado de niño tuvo fecha de caducidad. Sus compañeritos de escuela y de resguardo lo conocieron hasta los 13 años como Luis, edad en la que fue reclutado en Cajibío (Cauca) por las disidencias de las Farc.

Era un niño tímido y endeble que aparentaba menos de 13; pero entre unas botas, un uniforme más grande que él y un fusil de palo, se convertía en una amenaza a la estabilidad del Estado y en objetivo de las Fuerzas Militares. Para compensar su fragilidad, se puso un nombre con el que jugaba a inspirar terror en las comunidades: alias Ronald Gómez.

Así se le conoció durante seis años de vida criminal en el Bloque Occidental de las disidencias en departamentos como Cauca, Valle del Cauca, Chocó y Nariño.

Solo hay tres formas de salirse de la guerrilla: muerto, amputado o capturado por la Fuerza Pública; en su caso fue la tercera, y en la cárcel San Isidro de Popayán le entregó a El País un testimonio impactante sobre el reclutamiento de niños, su formación militar, las ejecuciones masivas, la forma en la que hacen política en el Valle y el día a día en medio de la guerra, entre otros temas.

‘Ronald Gómez’ fue capturado hace cerca de tres años en el corregimiento de El Queremal, en el municipio de Dagua, donde tuvo un papel fundamental en la estrategia política de las disidencias de las Farc en el Valle. | Foto: El País

“Hablo sin miedo porque ya no tengo nada que ocultar. Fui parte de una estructura armada. Viví la guerra desde adentro. Vi cosas que ningún niño debería ver. Hice cosas que ningún joven debería hacer y por eso hoy levanto la voz. Lo que está pasando en el Cauca es una tragedia que no podemos seguir normalizando. Aún hoy bajo el mando de ‘Iván Lozada’ estas estructuras siguen reclutando niños y niñas. Los que buscan en la pobreza, en el abandono, en la falta de oportunidades y les venden la mentira de que empuñar un arma es luchar por un cambio. Eso es falso. No hay revolución cuando se roba la infancia a un niño, no hay causa justa cuando se obliga un menor a matar o morir. No hay dignidad en una guerra sostenida por el narcotráfico, el miedo y la manipulación. Yo estuve ahí. Y hoy lo digo con claridad. Esas organizaciones perdieron cualquier propósito hace mucho tiempo; hoy solo queda el negocio, el control y la violencia. Lo demás es un discurso vacío para seguir reclutando inocentes”.

Con 22 años de edad, los tres últimos preso, asegura Ronald que espera que el dar a conocer su caso sirva de ejemplo y alerta para que menos niños indígenas se vean motivados a formar parte de estos grupos ni a caer en el engaño con que son llevados.

“A los jóvenes del Cauca, no se dejen engañar. Ese camino no tiene gloria, no tiene futuro. Solo deja heridas que nunca sanan, familias destruidas y vidas truncadas. Hablo por los que no pueden salir, por los que sobrevivieron, por los que siguen atrapados. Esto no es solo un testimonio, es un grito para que Colombia despierte, para que los niños sean protegidos y para decir que la guerra nunca debió ser una opción en este país”.

La primera familia que destruyó fue la suya, cuando le contó a su madre la decisión que había tomado de irse a las disidencias. “Fue un día de tristeza y mucho dolor para mi madre al saber que su hijo iba a unirse a un grupo armado y que corría el riesgo de perder la vida o caer a un lugar como este: en la cárcel”.

Una angustia para ella que se extendió por largo tiempo; porque fueron años en los que las disidencias no le permitieron comunicación para que al menos supiera que se encontraba vivo.

Desde el día uno lo internaron en el monte y empezó el adoctrinamiento; no tardó mucho tiempo para que su conciencia infantil le dictara que jamás llegaría la vida de lujos ni el crecimiento económico y personal que le prometieron.

Desde el Pabellón de Máxima Seguridad de la cárcel de Popayán, en el patio donde se encuentran recluidos los integrantes de las comunidades indígenas, 'Ronald Gómez' pidió a los niños indígenas no dejarse engañar por los grupos armados ilegales. | Foto: El País

Lo primero que conoció fue el miedo. “El momento más duro a esa edad fue prestar guardia de noche a 500 o 600 metros del campamento porque a uno de niño cualquier ruido lo asusta. El temor era que me pasara algo porque ellos siempre nos decían que en la Fuerza Pública hay unas fuerzas especiales que les llamaban los ‘hombres zorro’ que le llegaban de quieto y me daba miedo perder la vida”.

Sus inicios en las disidencias los pasó como centinela (solo con un radio), haciendo mandados, cargando leña, ayudando en el rancho (cocina) y recibiendo formación política y militar, pero también se movilizaba, con su fusil de palo, con los hombres de la escolta personal de alias David, su comandante y la persona que lo reclutó.

Un fusil no se lo van a entregar a un niño de la noche a la mañana. Primero tiene que tener formación militar para poderlo manipular, y el primer arma que recibe es una pistola. Viendo la responsabilidad que tengamos con ese fusil de palo, ahí ellos van analizando: ‘Bueno, este niño tiene la capacidad de cargar un fusil y tiene la responsabilidad suficiente para entregarle un fusil. Yo cargué unos 2 o 3 años un fusil de palo al que tenía que cuidar como si fuera mi compañera; y si lo dejo botado estaría perdiendo mi vida, porque de esa arma depende mi protección”.

A los 14 años se materializaron todos sus temores y vivió su primer susto en un ataque de la Fuerza Pública que tenía como objetivo a su comandante; el hecho ocurrió muy lejos de casa, entre otras cosas porque los trasladan a otras regiones donde no llegue la guardia indígena a reclamarlos o rescatarlos.

Cuando yo ingresé, ya mi pez (comandante) estaba perfilado (...) Fue en los inicios de la Jaime Martínez acá en el Cauca y en esos días estaba siendo perseguido por la masacre en la que murió Karina García, la candidata a la alcaldía de Suárez. Entonces, debido a eso, la persecución fue constante y como andaba con la seguridad personal de él, estaba expuesto que en cualquier momento nos desembarcaban; podíamos morir o podíamos salir ilesos”.

Aunque ese día lograron escapar del desembarco y salir ilesos; habría de llegar el día en el que tendría que soltar el fusil de palo y empuñar un arma de asalto en medio del combate.

El Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) aseguró que en los últimos cuatro años han sido reclutados 832 niños de las comunidades indígenas del departamento. | Foto: El País

En su caso fue antes de cumplir los 16 años de edad, cuando de manera abrupta se vio en medio del fuego disparando y escuchando las balas del Ejército silbar cerca a su cabeza. “Estábamos en la caseta comunal de la vereda Piedras Negras, en el municipio de Cajibío. Gracias a la inteligencia que se tenía, a las masas como les llamamos, se nos dio la información de que había presencia del Ejército. Entonces procedemos a retirarnos del lugar y más o menos a unos 500 o 600 metros se abre fuego... es donde por primera vez cojo un fusil; era un Norinco, como estilo AK-47 y me provocó susto porque son balas que se intercambian y no sabe uno en cualquier momento cuál de esas balas va a impactar su cuerpo. Fue la primera sensación de que tuve de la guerra. Hasta ese día tuve el fusil de palo”.

“Tenía miedo y ganas de correr, pero no lo podía hacer. Pues si abandonaba la cortina iba a ser eliminado por la misma organización. Entonces, en el momento había que demostrar valentía así no la tuviera. Si usted se echaba para atrás, era hombre muerto. Y pues retroceder es para cobardes, según la doctrina que a uno le siembran. Usted tiene que pararse en la cortina y avanzar juntos. Si usted echa para atrás, pues la misma organización lo va a asesinar. Porque va a decir, que no sirve, que va a salir a correr y en cualquier momento nos va a dejar botados y esto representa un riesgo para la organización porque se devuelve y va a ir a entregar información a al Estado o a otro grupo armado”.

El asesinato de menores

Si hay un tema que aún no entiende ni logra superar ‘Ronald Gómez’, pese a que vivió y fue parte en seis años de vida guerrillera de los hechos más violentos, es el asesinato o la ejecución de niños indígenas por parte de las disidencias. Algunos por querer huir; otros, por lo que la guerrilla considera un delito capital: sentir miedo.

En el 2020 me llevaron a la escuela de formación Alonso Cortés, ubicada en el Naya. Es un campamento dentro de una selva donde no hay casas ni nada cerca. Ahí conocí del ajusticiamiento de compañeros que habían convivido conmigo o que habían estado dentro de esas cortinas de fuego en medio de los combates. Vi cómo menores eran juzgados en un consejo de guerra y posteriormente, si se ganaba el consejo de guerra, eran fusilados y si no, pasaban a ser sancionados drásticamente con trabajo. Fue donde pude mirar cómo se ajusticiaba a un niño de 13 años, un niño de 12 años, y es duro mirar una persona que convivió mucho tiempo con uno, o así sean dos meses que haya convivido, que lo asesinen simplemente porque cometió un mínimo error”.

La Defensoría del Pueblo ha emitido varias alertas en los últimos años frente al riesgo de reclutamiento voluntario y forzado de niños indígenas por parte de los grupos armados ilegales. | Foto: SEMANA

Lo más triste es que muchos de esos niños que fueron fusilados aún son esperados por sus familias en los resguardos indígenas del norte del Cauca y que una política de las disidencias, señala ‘Ronald’, es que no entregan cuerpos ni ubicación de la fosa donde son sepultados.

Quienes logran conservar su vida tras un consejo de guerra, son condenados a sanciones drásticas como trabajos forzados en las fincas de propiedad de las disidencias y el traslado a zonas de combate constante con el Ejército o los otros grupos armados donde la única garantía es que va a morir en combate.

“Durante el año que estuve en la escuela de formación, estaba ahí el viejo Wilson González, alias Mayinbú, y debido a eso pues el Estado envió una persecución en contra de él y enviaron infiltrados. Hubo un día que fue en el que yo miré el mayor ajusticiamiento que pude haber visto en la en la historia de mi vida; fueron 30 personas ajusticiadas en un solo día por querer sacar información y por querer desertarse y no pudieron huir porque fueron interceptados por milicianos que estaban dentro del mismo campamento”, recuerda ‘Ronald’, al asegurar que gran parte de esas personas ejecutadas eran menores de edad.

Sin embargo, en medio de esta guerra que se libra en su gran mayoría con niños y jóvenes indígenas nasa del Cauca, cuenta ‘Ronald’ que se vienen modificando algunas tácticas y roles dentro y fuera de los campamentos guerrilleros.

“En la organización se adoctrina a las personas y quizá algunos definitivamente no pueden servir para el tema militar, pero puede servir para el tema político. O esta mujer no puede servir para el tema militar, pero la podemos ubicar en la zona urbana. Por ejemplo, hoy día se vienen comprando bienes o montando negocios dentro de las zonas urbanas, entonces se pone esa mujer a que administre ese negocio, pero pues dentro de ese administrar se está escondiendo, como quien dice, para hacer inteligencia. Se está escondiendo esa persona, se está camuflando para poder hacer la inteligencia al Estado o a los otros grupos armados que hay. Cualquier cosa debe hacer porque a estos grupos es fácil entrar, pero es casi imposible poder salir”.

La utilización de las niñas

De acuerdo con las directivas del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), en los últimos años se ha visto un incremento notable en el reclutamiento de niñas por parte de los grupos armados y en especial las disidencias de las Farc. Pero eso no es gratuito, de acuerdo con el testimonio de ‘Ronald’.

Decenas de niñas indígenas del Cauca se han reportada como reclutadas o desaparecidas. | Foto: El País

“Las mujeres son más apetecidas dentro de la organización porque ellas cumplen una función muy importante tan pronto maduren. Y es cuando ya tengan la edad suficiente, poder atraer a esos niños a que vengan y hagan parte de la organización. O sea, atraerlos con su belleza física. Entonces, es como el ejercicio, el papel fundamental que ellas desempeñan. Es atraer jóvenes para que puedan crecer las estructuras armadas, que hagan parte de un bloque o de un frente”.

Por lo demás, la vida guerrillera de una niña es similar a la de los niños y cumplen los mismos roles. Allá ni el hombre es más que la mujer ni la mujer es más que el hombre. Si el hombre carga seis arrobas, la mujer también tiene que cargar seis arrobas y las funciones son las mismas”.

El apego es otro sentimiento prohibido dentro de las disidencias de las Farc. Por eso ha ‘Ronald’ y a los demás niños que ingresaron en ese grupo armado ilegal les cauterizaron sentimientos como la amistad y el amor. Por eso considera que ninguna de las muertes de personas cercanas o de su misma estructura le produjo algún dolor especial. “Sabíamos que estábamos expuestos a la muerte, a perder, y evitábamos tener esa confianza con nadie para evitar sufrir. Siempre nos recalcaban que la relación era solo de camaradería y nada de confianza”.

También las relaciones sentimentales estaban prohibidas por una razón que es considerada como un perjuicio para el grupo armado: un embarazo.

“Una relación implica que en cualquier momento haya un embarazo y eso es un riesgo que no puede correr la organización porque a la mujer toca darle unos meses de reposo para que vaya a tener su niño. Y si hay una relación tiene que ser autorizada por el comandante y la enfermera de combate tiene que garantizar de que esa mujer está planificando (...) Ahora, los abortos suceden muchas veces porque si estamos dentro de un área compleja en el tema de orden público, la mujer tiene que proceder a abortar; como quien dice a quitarle la vida a ese niño que no tiene nada que ver porque no hay tiempo para ir al hospital o que un enfermero le preste el servicio adecuado, y el directo encargado de ese aborto es el enfermero general de ese frente o de esa compañía. Es quien le da las pastas para que pues haga ese proceso. Pero en ocasiones, cuando están las condiciones dadas para tener un niño, se le permite a la camarada tenerlo, se le da un mes y luego tiene que enviar ese niño donde algún familiares de la mamá”.

Otra cosa que queda clara en el interior de estas organizaciones armadas, es que no todo aprendizaje o formación representa un avance en la vida. Porque no es mucho lo que le sirve a un menor que sea elegido para formarse como francotirador, explosivista o piloto de dron.

El Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) ha indicado que desde sus comunidades están siendo reclutados niños para ser enviados a conflictos en otras zonas del país y un aumento en la cifra de niñas llevadas. | Foto: El País

“Son designados por el Estado Mayor del Frente o por el Estado Mayor de la Guerrilla y son enviados principalmente al Guaviare porque allá es donde traen personas de otro país, de China, de Rusia, de Cuba para que los capacite en el tema explosivos y porque allá no tiene un acceso rápido la Fuerza Pública”.

“Lo de los drones se vino a implementar para el año 2022, más o menos, y primeramente lo implementó la Segunda Marquetalia, la Coordinadora Guerrillera. Tuvimos un combate en Nariño y ahí nos dimos cuenta de que pues existía esa estrategia de poder atacar al enemigo. Y el Estado Mayor ordenó de que se capacitaran personas jóvenes que fueran principalmente guerrilleros, porque no se podía capacitar milicianos porque la milicia tiene un tiempo para ellos poder salir. O sea, dejar de militar. En cambio, el guerrillero de base es hasta que se muera o se muere o cae la cárcel”.

Recuerda ‘Ronald’ que se envían los jóvenes al Guaviare durante seis o siete meses y llegan luego formados a las unidades para capacitar a otros muchachos porque resulta muy efectivo cargar un drón con una granada de mortero. Eso garantizaba que habría un positivo.

El reclutamiento sigue en aumento, así como los homicidios de niños, niñas y adolescentes que se niegan a engrosar los grupos armados ilegales o intentan escapar de estos. Foto: AFP / El País | Foto: Foto: AFP / El País

Su mayor decepción, cuenta como quien siente que ha sido estafado, fue conocer las injusticias y tener que ser parte de ellas. “Tener que reprimir a las comunidades o el asesinar a líderes indígenas por no compartir su misma doctrina o su mismo pensamiento o proyecto político. La organización hoy día se esconde o se camufla tras los discursos o los falsos discursos de revolución o los falsos discursos de ayuda a las comunidades, de defensa a los territorios. Pero ha habido líderes que han conocido la verdadera ideología o el verdadero objetivo de estas organizaciones y debido a eso los asesinan. Hoy día puedo decir que esas violaciones las cometí yo también porque en ocasiones vivía en un mundo de falsa ideología porque el objetivo real eran las rutas del narcotráfico”.

Por eso, finalmente asegura que no tiene miedo por ser declarado objetivo militar porque su propósito es evitar que más niños indígenas sean reclutados básicamente por su disciplina y formación social de base. “Porque somos personas que por más que miren muertos, por más que miren sangre, ellos van a seguir adelante, nunca se van a echar para atrás”.