Valle del Cauca
Unintep, la nueva universidad pública que nació en un municipio de 40.000 habitantes del Valle y hoy llega hasta el Amazonas
El vicepresidente José Manuel Restrepo los estudió como modelo, cuando era rector de la Universidad del Rosario, así es la universidad que acaba de nacer en Roldanillo.
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27 de jun de 2026, 09:12 p. m.
Actualizado el 27 de jun de 2026, 09:12 p. m.
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Roldanillo, un municipio vallecaucano de apenas 40.000 habitantes, acaba de lograr algo que pocas ciudades del país pueden presumir: tener su propia universidad pública.
Desde el 19 de junio de este año, el Instituto de Educación Técnica Profesional, conocido por décadas como el Intep, recibió del Ministerio de Educación Nacional la resolución que lo convierte oficialmente en la Institución Universitaria de Roldanillo, o Unintep.
En esta entrevista, el rector Germán Colonia explica, sin rodeos y con la emoción de quien vivió el proceso desde adentro, qué significa este cambio para los estudiantes de la región, qué mitos circulan sobre el tema, incluyendo el del precio de las matrículas, cuáles son las nuevas carreras que vienen en camino y por qué el actual vicepresidente de Colombia, José Manuel Restrepo, tiene un vínculo académico especial con esta institución.
Asimismo, explica cómo una entidad nacida en el norte del Valle llegó a tener presencia en el Chocó, el Amazonas y el Guaviare.

Rector Colonia, arranquemos por la noticia. ¿Qué pasó exactamente el pasado 19 de junio con el Intep?
Que el Valle del Cauca y Colombia tienen una nueva institución universitaria. Esa fecha el Ministerio de Educación Nacional expidió la resolución mediante la cual aprueba el cambio de carácter del Intep. A partir de ese día dejamos de ser el Instituto de Educación Técnica Profesional de Roldanillo y pasamos a llamarnos Institución Universitaria de Roldanillo, Unintep.
Para la gente de la calle, ¿qué significa en la práctica pasar de instituto a universidad?
Significa que se nos abren muchísimas más puertas. En Colombia, la ley de educación superior establece diferentes tipos de instituciones: las técnicas profesionales, las tecnológicas y las instituciones universitarias.
Cada una tiene un papel distinto. Nosotros nacimos como institución técnica profesional, lo que nos permitía ofrecer programas técnicos.
Con el tiempo logramos algo histórico: en 2005 fuimos la primera institución técnica profesional en Colombia en recibir aval del Ministerio para ofrecer hasta el nivel universitario, pero con una condición: solo por ciclos.
Es decir, el estudiante debía hacer primero un técnico, luego un tecnólogo y después sí podía graduarse como profesional universitario.
Ahora, como institución universitaria, podemos ofrecer programas de un solo ciclo, como lo hace cualquier universidad tradicional, de primero a décimo semestre y también posgrados: especializaciones e incluso maestrías.
¿Y eso qué cambia para un joven que quiere estudiar en Roldanillo?
Que ya no va a tener que ir a Cali o a Bogotá a buscar carreras que aquí no existían. Programas como derecho, arquitectura, licenciaturas, carreras de salud, economía… son profesiones que no se pueden estructurar fácilmente por ciclos.
¿Cómo le llamaría usted al técnico de un abogado? Hasta ahora no existe el primero en Colombia. Entonces, para ofrecer derecho, necesitábamos ser institución universitaria. Ahora lo somos.
Esto no fue de la noche a la mañana, ¿verdad?
Para nada. Yo diría que este trabajo empezó hace 47 años, desde cuando se creó el Inteo. Quienes impulsaron su fundación tenían en mente que Roldanillo algún día tuviera una universidad.
En ese momento se optó por una institución intermedia, entre el colegio y la universidad, enfocada en el sector rural y el campo. Ese fue el punto de partida. Todo lo que vino después, los logros académicos, el crecimiento en número de estudiantes, la expansión a otras regiones del país, la solidez financiera… todo eso fue el camino que nos permitió llegar hasta aquí.
El Ministerio no le da este reconocimiento a una institución que no tenga las condiciones para sostenerlo.

Mitos y realidades. Empecemos por el que más preocupa a la gente: ¿ser universidad significa que las matrículas van a subir?
Mito. Totalmente mito. La gratuidad en las instituciones de educación superior públicas es una política vigente en Colombia y debe continuar.
En el primer periodo académico de este año, de los 8.593 estudiantes que tenía el INTEP, ninguno, ni uno solo, pagó costos de matrícula.
Todos pertenecen a los estratos uno, dos o tres, o a los grupos A, B y C del Sisbén. Que ahora seamos institución universitaria no cambia eso.
Además, el Gobierno acaba de expedir dos decretos adicionales de gratuidad: en los derechos de inscripción y en los de grado. O sea, si algo cambia, es para mejor.

Segundo mito: ¿al volverse universidad el Intep va a abandonar su tradición de formar técnicos?
También es mito. Y es importante aclararlo porque hay gente que lo piensa. Nosotros no vamos a renunciar a nuestro pasado. Los programas técnicos y tecnológicos son parte de lo que somos, y además tienen un rol social enorme.
Tenemos cerca de 2.000 estudiantes que son jóvenes que todavía no han terminado el bachillerato y que estudian con nosotros bajo el programa “Educación Superior en tu Colegio”.
Cuando se gradúan del grado 11, también se gradúan como técnicos profesionales. Para eso necesitamos mantener esos programas.
Lo que vamos a hacer es ampliar la oferta sin borrar lo que ya tenemos. Más opciones para más jóvenes.
¿Cuáles son las carreras nuevas que vienen?
Y no son solo ideas en papel, están en plena construcción. Estamos trabajando en medicina veterinaria, en una licenciatura en español e inglés, que beneficiará especialmente a los estudiantes de las normales superiores Jorge Isaacs y La Mercedes de Zarzal, que hoy tienen que buscar esa continuidad en otras ciudades, y en negocios internacionales, que será nuestro primer programa universitario de un solo ciclo, sin la estructura por etapas.
También tenemos en curso los estudios para ingeniería electrónica, y ya contamos con ingeniería informática aprobada. Estamos construyendo lo que será la facultad de ingenierías del Unintep.
¿Y en el horizonte más lejano? ¿Qué se imagina usted?
Pues le digo lo que ya no es solo imaginación: tenemos en alianza con la UCEVA, la Unidad Central del Valle, el programa de derecho que ya opera en nuestras instalaciones.
Hasta ahora el título lo otorgaba la Uceva; desde ahora, como institución universitaria, podremos crear nuestro propio programa y titular nosotros.
Y en cuanto a los sueños más grandes…
medicina es uno. No mañana, no pasado, pero está en la cabeza y hay que empezar a trabajar para hacerlo realidad. La meta es que los jóvenes del norte del Valle no tengan que salir a buscar en las grandes ciudades lo que van a poder encontrar aquí.

Hablemos de algo que pocos saben. El actual vicepresidente de Colombia, José Manuel Restrepo, tiene un vínculo académico con el Intep. ¿Cómo es esa historia?
Con mucho gusto. El doctor José Manuel Restrepo Abondano, cuando era rector de la Universidad del Rosario, lideró un grupo de investigación que estudió los modelos de gobernanza y gobernabilidad en las instituciones de educación superior en Colombia.
Para ese trabajo escogieron instituciones de diferentes tipos: públicas, privadas, técnicas, tecnológicas y universitarias. Entre las instituciones técnicas profesionales públicas seleccionadas estuvo el INTEP.
El doctor Restrepo vino personalmente a Roldanillo, nos entrevistó a varios funcionarios, estudió nuestro modelo de cómo se toman las decisiones, cómo funciona el consejo directivo, cómo se administra la institución.
Todo eso quedó recogido en un libro que se convirtió en referencia para el tema de gobernanza en la educación superior colombiana.
Para nosotros fue un honor haber sido caso de estudio. Y ahora, que su autor es el vicepresidente del país, ese reconocimiento cobra aún más valor.
¿Por qué le importa al Valle del Cauca y a Colombia que exista esta universidad precisamente en Roldanillo?
Porque demuestra que la educación superior de calidad no tiene que estar solo en las grandes ciudades. Unintep es una institución de carácter nacional -no municipal, no departamental, nacional— que opera desde un municipio de 40.000 habitantes y que hoy tiene presencia en Pereira, en el Quindío, en cinco municipios del Chocó, en cuatro del Meta, en el Guaviare, en Leticia —la capital del Amazonas— y en Pitalito, en el Huila.
El Ministerio de Educación nos reconoció como la quinta institución de más alto crecimiento en número de estudiantes en Colombia, independientemente del tamaño. Eso, para una institución de un municipio pequeño, es extraordinario.
¿Y cómo se logra ese crecimiento desde un municipio tan pequeño?
Con la regionalización. Yo llegué a la institución en 2013 con 840 estudiantes. Hoy tenemos 8.593 y vamos camino a los 10.000. Si nos hubiéramos quedado esperando que los jóvenes vinieran a Roldanillo, jamás habríamos crecido así.
Lo que hicimos fue lo contrario: llevar el Intep a donde estaban los estudiantes. En alianza con alcaldías y con la Gobernación del Valle, comenzamos a operar en los municipios vecinos.
Luego llegaron otras regiones del país. La lógica es simple: si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña.
¿Y el dinero? ¿Cómo se financia todo esto?
Es un círculo virtuoso. A más estudiantes, más recursos llegan de la matrícula —aunque los estudiantes no paguen directamente, el Estado transfiere recursos por ellos—.
A más presencia regional, más alcaldías y gobernaciones quieren aportar. A mayor solidez institucional, más proyectos y alianzas nacionales e internacionales llegan.
Para el proceso de cambio de carácter, el Ministerio nos exigió sustentar un plan financiero detallado, año por año, con fuentes claras: recursos nacionales, departamentales, municipales, proyectos, recursos propios. Lo presentamos y lo aprobaron. Estamos preparados.

Última pregunta, rector. Las carreras de hoy no van a ser las mismas de dentro de diez años. ¿Cómo se prepara el Unintep para ese futuro que todavía no sabemos cuál es?
Con lo que los franceses nos enseñaron cuando nos visitaron, nos asesoraron en 2004, y lo llamaron el “saber devenir”: la capacidad de anticiparse.
Ellos nos enseñaron que la formación no es solo el saber —los conocimientos—, el saber hacer —ponerlos en práctica— y el saber ser —los valores y la ética—. También hay un cuarto elemento: el saber devenir, que es tener la visión de futuro.
Las instituciones educativas tienen que mirar no solo lo que el mundo necesita hoy, sino lo que va a necesitar en cinco, diez, cincuenta años. Inteligencia artificial, globalización, nuevas ingenierías: ahí es hacia donde tenemos que orientar los currículos. El futuro ya llegó, y nosotros tenemos que estar listos para recibirlo.

Jefe de la Redacción Web de El País. Especialista en gerencia del talento humano, con formación en marketing digital y producción audiovisual. Profesional en construcción IA-First, enfocado en liderar redacciones, audiencias y productos editoriales sin perder la calle, el contexto ni el criterio periodístico.
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