ReverdeC de Celsia, una “fábrica” de energía verde
Valle con sentido

ReverdeC de Celsia, una “fábrica” de energía verde

Diciembre 26, 2018 - 01:33 a.m. Por:
Elpais.com.co

La idea nació en el 2015, por los estragos que ese año causó el fenómeno de El Niño en el país. Muchos municipios del Valle del Cauca sufrieron el rigor de la sequía, e incluso tuvieron racionamientos de agua. Ante esta preocupante realidad, la empresa puso toda su energía para construir un plan de reforestación y protección de las cuencas hidrográficas, que se mantuviera en el tiempo y contara con la participación de las comunidades. Y hoy es una realidad. En estos dos años van más de dos millones y medio de árboles sembrados, pertenecientes a 68 especies nativas: Guayacanes amarillos, Robles, Alisos, Chiminangos, Guásimos, frutales. Su siembra ya ha servido para proteger 22 cuencas hidrográficas.

En la zona rural de Palmira la compañía tiene uno de los dos viveros que ha dispuesto para desarrollar el proyecto ReverdeC, y donde se cultiva ese objetivo con devoción: cada año, nacen un millón de árboles que le dan un nuevo respiro al departamento.

Allí, todos los días, entre el cántico de las aves y las manos benditas de María Quisoboní y Claudia Andrea Molano, son cuidadas y abonadas las plantas del vivero, en el que crecen el mismo número de especies de árboles, como municipios del Valle del Cauca.

El proceso de la siembra es casi un acto de orfebrería. En un inicio, los encargados consiguen las semillas de árboles nativos, bien sea porque las recolectan de diferentes zonas. Luego las siembran en unas eras de germinación, que son una especie de cajas donde las semillas brotan y reciben su primer soplo de vida. En ese momento los retoños son transportados a una zona de crecimiento que, en realidad, es un jardín donde permanecerán por dos o tres meses hasta que se estiren y se nutran.

Hasta ahora, los árboles han sido plantados en 30 de los 42 municipios del Valle, en alianza con la CVC. Para determinar la zona, Martha Isabel Gallego, líder del programa, acompañada por su equipo, buscan los predios donde se necesita la reforestación. A los propietarios de los predios se les explica el propósito de ‘ReverdeC’, y sus beneficios y le ofrecen el abanico de opciones de restauración que incluye las especies forestales, la siembra y el aislamiento.

El compromiso de Celsia continúa con el seguimiento y cuidado de los árboles por dos años más. “En esos dos años hacemos tres o cuatro mantenimientos de abono, cuidado y capacitación a los propietarios. Luego, ellos se comprometen con nosotros a seguir cuidando los árboles”, cuenta Alex Mauricio Vargas, uno de los líderes del proyecto.

Para las plantaciones masivas se realizan especialmente en las épocas de invierno, cuenta Martha, que además programan jornadas de voluntariado con las comunidades y los colaboradores de Celsia para que en compañía de sus familias siembren las plántulas que multiplicarán la vida. “Procuramos que este sea un proyecto que involucre a toda la empresa, porque al ser una generadora de energía, trabajamos con el agua y es importante conservarla”. La sostenibilidad para Celsia no es un concepto, son acciones concretas que, como árboles frondosos, cobijan a la región.

Acciones que transforman

Las inversiones en términos de sostenibilidad de Celsia, a través de Epsa, superan los límites estrictamente ambientales. La empresa, como parte de sus programas de responsabilidad social, también mejora la infraestructura de diferentes colegios de la región, con el propósito de contribuir a la creación de ambientes de enseñanza más propicios, salubres y seguros para el aprendizaje.

Bertha Adonai Lasso es la rectora de la Institución Educativa Técnica Industrial España desde hace 3 años; un colegio público para estudiantes de estratos 1, 2 y 3 de Jamundí, que tenía baños en malas techos deteriorados, un restaurante escolar sin condiciones adecuadas para procesar alimentos y un sistema de energía eléctrico inestable.

Gracias a este programa social de Epsa, las sedes primaria y bachillerato ahora son “de otro mundo”, con energía segura que permite que los estudiantes y docentes puedan ahora hacer uso de los computadores, el video beam, las máquinas de coser y hasta el taller de soldadura; así como techos firmes, paredes limpias, cafetería reestructurada y baños nuevos, además de un sistema de energía solar.

“Ahora podemos hacer reuniones con los padres de familia en la noche porque tenemos energía, por lo que incluso hay más asistencia a las escuelas para padres”, dice Bertha con una gran sonrisa.

Jhonathan Quintero, un estudiante de último grado de esta institución, es un apasionado por la salsa, y dice que por instantes le parece mentira tener ensayos de baile en su colegio. El muchacho con brillo en sus ojos agrega que estos cambios los anima a venir con más ganas a estudiar y los incentiva a cuidar más la institución.

De esta manera Epsa ha llegado en el Valle del Cauca, con su buena energía, a 18 sedes educativas en los últimos dos años y lo que va del 2018, lo cual les ha permitido a cerca de 6.000 estudiantes decirle adiós a baños antihigiénicos, restaurantes insalubres, aulas oscuras y espacios deteriorados.

Estas obras contribuyen a la creación de ambientes más propicios para el
aprendizaje, al tiempo que aportan a los indicadores de calidad de la educación en Colombia, pues está comprobado que cuando hay una infraestructura adecuada mejora el rendimiento académico de los alumnos.

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