Editorial

Que los albergues en Cali no queden solos

La solidaridad ciudadana ha sido clave, pero no puede reemplazar al Estado. Alcaldía y Gobierno Nacional deben garantizar atención y respuestas a quienes aún permanecen en los albergues.

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Así lucen algunas partes del albergue en el parque principal de Chiminangos.
Así lucen algunas partes del albergue en el parque principal de Chiminangos. | Foto: Anderson Zapata / El País

22 de ago de 2026, 01:39 a. m.

Actualizado el 22 de ago de 2026, 01:41 a. m.

Los días posteriores a una tragedia suelen estar acompañados por una enorme ola de solidaridad. Llegan alimentos, agua, cobijas, ropa, medicamentos y manos dispuestas a ayudar. En Cali, esa solidaridad ha sido evidente después del sismo del pasado 10 de agosto. Pero mientras la ciudad poco a poco intenta recuperar su rutina, hay cientos de personas que todavía no pueden hacerlo. Siguen durmiendo en carpas y albergues, lejos de sus casas y sin saber con certeza cuándo podrán regresar.

La historia de Luis Alberto Valencia, de 82 años, es apenas una de tantas. Su apartamento en Chiminangos no sufrió daños que impidan habitarlo, pero las torres vecinas sí resultaron afectadas y representan un riesgo. Por eso tuvo que salir. Lo más doloroso es que ya había vivido una tragedia similar: en 1999 sobrevivió al terremoto de Armenia, perdió su empleo y sus pertenencias y tuvo que empezar de nuevo. Veintisiete años después, vuelve a dormir fuera de su casa por otro terremoto.

Como él, hay familias en Chiminangos, Altos de Santa Helena y otros sectores de Cali que no necesariamente perdieron completamente sus viviendas, pero que no pueden regresar mientras se determina si las estructuras son seguras. Algunas llevan días en carpas. Otras han tenido que pagar arriendo o buscar refugio con familiares. Todas tienen algo en común: la incertidumbre.

Y esa incertidumbre no puede convertirse en abandono. La solidaridad de los caleños ha sido ejemplar. Ciudadanos, organizaciones y comunidades han llevado alimentos, artículos de aseo, ropa, colchonetas, agua y otros elementos a quienes permanecen en los albergues. En Altos de Santa Helena, incluso, los propios habitantes organizaron un centro de acopio y asumieron la tarea de recibir y distribuir las ayudas entre las familias afectadas.

Pero no es justo que la atención de una emergencia de esta magnitud dependa indefinidamente de la voluntad de los ciudadanos. La solidaridad debe acompañar la respuesta institucional, no reemplazarla.

La Alcaldía de Cali y el Gobierno Nacional tienen la responsabilidad de garantizar que las personas afectadas reciban atención mientras dure esta emergencia. Eso implica mucho más que entregar mercados o realizar un censo. Significa avanzar con rapidez en las evaluaciones técnicas de las edificaciones, informar con claridad a las familias qué está pasando con sus viviendas y ofrecer alternativas dignas de alojamiento mientras reciben una respuesta definitiva.

También significa entender que no todas las familias tienen las mismas necesidades. En las Canchas Panamericanas, por ejemplo, permanecían este jueves 23 familias, integradas por 65 personas. Entre ellas había 28 niños y adolescentes, cinco adultos mayores, dos personas en situación de discapacidad, 11 extranjeros y 30 víctimas del conflicto armado. Cada uno de esos grupos requiere una atención particular.

El tiempo juega en contra. Al principio de una emergencia, las ayudas llegan en abundancia porque la tragedia está fresca y la ciudadanía está volcada a ayudar. Pero después llega el cansancio, los donantes regresan a sus obligaciones y las necesidades de quienes permanecen en los albergues no desaparecen. Por eso es precisamente ahora cuando las instituciones deben asumir con mayor fuerza su responsabilidad.

No se trata únicamente de garantizar comida y un techo. También hay personas que necesitan recuperar sus pertenencias, acceder a empleo, recibir atención psicológica, proteger a sus hijos, cuidar a sus mascotas y, sobre todo, saber qué será de sus viviendas. Cada día que pasa sin una respuesta clara aumenta la angustia de quienes están esperando.

El llamado, entonces, es a la Alcaldía de Cali, a la Gobernación del Valle y al Gobierno Nacional: no dejen solos a quienes todavía permanecen en los albergues. La emergencia no termina cuando disminuyen las noticias sobre el terremoto. Para una familia que sigue durmiendo en una carpa, la emergencia continúa cada noche.

La administración distrital ha informado que está acompañando a las comunidades, realizando procesos de caracterización y articulando equipos técnicos para verificar las condiciones de las edificaciones. Es un paso necesario, pero debe traducirse rápidamente en respuestas concretas para quienes llevan días esperando.

La ciudad también necesita saber cuántas personas permanecen actualmente en albergues, cuáles son sus necesidades y cuánto tiempo se estima que deberán permanecer allí. La información clara también es una forma de atención. Una familia que sabe qué está pasando puede enfrentar mejor la incertidumbre que aquella que únicamente recibe silencio.

Cali ha demostrado que puede ser solidaria. Ahora corresponde demostrar que también puede ser responsable con quienes más lo necesitan. Que las donaciones ciudadanas sigan llegando es positivo, pero no puede convertirse en la estrategia principal para sostener una emergencia que requiere una respuesta pública organizada.

Porque quienes están en las carpas no son únicamente damnificados de una tragedia pasada. Son ciudadanos que siguen viviendo una emergencia presente. Y mientras no puedan volver a sus hogares, corresponde a las instituciones garantizar que tengan condiciones dignas para vivir y una respuesta clara sobre su futuro.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Opinión

Nieves, 22 de agosto de 2026.

Caricaturistas

Nieves

Gonzalo Gallo

Columnistas

Oasis

Ricardo Villaveces Pardo.

Columnistas

Gran desafío

Julián Domínguez Rivera.

Columnistas

Ostracismo

Muni Jensen

Columnistas

Cali Nueva