Economía
Productividad laboral y estancamiento de las empresas, los temas que debería estar discutiendo Colombia; análisis
En medio de las polémicas diarias sobre política, se olvidan temas claves del desarrollo económico del país.
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1 de abr de 2026, 06:44 p. m.
Actualizado el 1 de abr de 2026, 06:45 p. m.
Por Isaac Niño Duarte, CEO de Isnandia Global
Las elecciones presidenciales han acaparado por completo el día a día de los colombianos. Sin embargo, el debate se ha enfocado en vaticinar quién será el ganador y hemos perdido el foco económico.
Si bien es claro que el momento político gira alrededor de las elecciones, la discusión se ha centrado en que no gane la derecha, no gane la izquierda o en definir dónde está el centro. Pero el debate sobre las ideas económicas de los candidatos prácticamente no aparece.
Para ser más precisos, todos hablan de hacer crecer la economía, de seguridad, de “dar balín”, de recuperar la estabilidad y de crear empleo. En esencia, lo que vemos es una versión reciclada de los “tres huevitos 2.0”.
¿Cómo lo van a hacer? Casi ninguno lo explica. De hecho, al revisar los programas de gobierno, solo dos candidatos se aproximan a lo que podría considerarse un plan de crecimiento sostenible. Ninguno plantea una visión de largo plazo; escasamente llegan a sus cuatro años. Es decir, después de su mandato, “que llegue el otro y vea cómo hace”.
Pero dejando de lado la carrera presidencial y los problemas de déficit fiscal y endeudamiento público (que ya hemos discutido en otras columnas), los temas que realmente deberíamos estar discutiendo son tres:
Productividad laboral
Para algunos, el aumento del 23,7% del salario mínimo es un despropósito; para otros, es lo mínimo necesario para que una familia sobreviva. Pero, siendo objetivos, el problema no es el aumento en sí mismo. El problema es la productividad del empleo en Colombia.
Mientras la productividad por hora en Estados Unidos ronda los 87 dólares, en Colombia apenas llega a los 23. Es decir, un trabajador colombiano produce cerca de 3,8 veces menos.
La Productividad Total de Factores creció menos que la economía en 2025. En términos simples, estamos contratando más personas, pero cada una produce menos. Eso nos vuelve más costosos y menos competitivos.
📊 El reto laboral de Colombia no es solo crear empleo, sino lograr que el 55,4% de los trabajadores que hoy están en la informalidad pueda acceder al sistema de protección social.
— Consejo Privado de Competitividad (@ColombiaCompite) March 30, 2026
Trabajar de manera independiente o no tener ingresos fijos no debería generar barreras de acceso a… pic.twitter.com/u48gpTZdwz
Mejorar la productividad no depende únicamente del trabajador. También está ligada a la inversión en capital, tecnología, capacitación y a un entorno empresarial que incentive la eficiencia. Sin embargo, factores como la baja inversión en formación, incentivos poco alineados y limitaciones estructurales del entorno productivo terminan afectando el desempeño laboral.
Subir salarios puede generar incentivos en el corto plazo, pero si la productividad no aumenta, el empleo se encarece en términos relativos. Esto desemboca en despidos y contratación informal. Medidas como incrementos significativos del salario mínimo, sin respaldo en productividad, terminar destruyéndolo el formal.
Fortalecer el capital humano, mejorar la calidad educativa y alinear instituciones como el SENA con las necesidades del sector productivo son pasos fundamentales para revertir esta tendencia.
Estancamiento empresarial
En Colombia existen entre 1,5 y 1,7 millones de empresas activas. Cada año se crean aproximadamente 300.000 nuevas, pero menos del 50% logra sobrevivir cinco años.
Muchas empresas no cierran formalmente: simplemente dejan de operar, no renuevan su registro mercantil y desaparecen en el tiempo. En la práctica, podríamos afirmar que, así como nacen, mueren empresas cada año en el país.
El tejido empresarial colombiano está compuesto principalmente por micro y pequeñas empresas con debilidades económicas y administrativas estructurales. Su administrador es el dueño y el capital suelen ser sus ahorros, con acceso limitado a financiación y sin respaldo de grandes inversionistas o estructuras corporativas sólidas. Son empresarios que de la mano de Dios se lanzan a alcanzar un sueño.
Estas empresas nacen del empuje de los colombianos que buscan mejorar sus condiciones de vida y sacar adelante a sus familias. No buscan cotizar en bolsa ni convertirse en grandes conglomerados; buscan estabilidad y sustento.

Las causas de su alta mortalidad son múltiples: baja capacidad administrativa, alta carga regulatoria, dificultades de acceso a mercados, complejidad tributaria y limitaciones en financiación. El acceso al crédito, aunque importante, no siempre es solución; mal gestionado, puede convertirse en un factor de riesgo que termine llevando a la liquidación.
Para reducir esta mortalidad, es necesario diseñar esquemas normativos y tributarios diferenciados que permitan a las empresas consolidarse antes de asumir cargas plenas. Hoy tenemos un mar de empresas pequeñas, pero lo que necesitamos es un océano de gigantes sostenibles.
Instituciones públicas y procesos eficientes
Iniciar proyectos de gran envergadura en Colombia es, en muchos casos, un proceso excesivamente complejo. Mientras que en países de la OCDE la obtención de licencias puede tardar alrededor de 18 meses, en Colombia puede extenderse a 4 años en promedio, e incluso llegar a una década.
Los principales obstáculos incluyen consultas previas sin tiempos definidos y con negociaciones fragmentadas, la judicialización de proyectos y la multiplicidad de trámites ante distintas entidades.
En algunos casos, un proyecto obtiene su licencia principal, pero no las necesarias para su ejecución complementaria, lo que vuelve ineficaz el proceso inicial.
Esto genera incertidumbre, retrasa la inversión, encarece los proyectos y limita la capacidad del país para gestionar riesgos estratégicos.
Superar estos cuellos de botella requiere ajustes institucionales que mejoren la coordinación entre entidades, establezcan tiempos claros y reduzcan la dispersión regulatoria. Las consultas previas no pueden convertirse en una ficha de negociación para intereses particulares; deben cumplir su propósito de compensar adecuadamente a las comunidades impactadas y viabilizar el proyecto.
La implementación de mecanismos como ventanillas únicas y procesos más ágiles es clave para destrabar la inversión
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