Vladimir el eterno

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Vladimir el eterno

Diciembre 02, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Hace veinte años, Vladimir Putin, un exagente de la KGB sin experiencia política llegó al poder en Rusia en medio de una profunda crisis económica. Nombrado y luego sucesor del enfermizo y debilitado Boris Yeltsin, su juventud y energía dinamizaron a un país sitiado por la vieja oligarquía, y despertaron las esperanzas de Occidente de contar con Rusia como un aliado.

Hoy, dos décadas después, se ha convertido en el líder de mayor impacto global desde Winston Churchill, y en el camino se transformó de afable burócrata a líder autoritario. El Putin de hoy, de aire seguro y soberbio, subordinó las ramas del poder de su país, anexó por la fuerza a Crimea, y controla por completo la economía rusa, los medios y los servicios de inteligencia.

Lo acusan de encarcelar, intimidar y envenenar a sus opositores y le atribuyen su popularidad inicial a los elevados precios del petróleo. Y ha hecho todas las maniobras posibles para quedarse en el poder, generando dudas sobre la transparencia de los resultados electorales recientes.

No obstante, aunque su imagen en Rusia se ha erosionado en los últimos años, sigue siendo el político más fuerte de su país y uno de los líderes más influyentes del mundo, que aprovecha a fondo los errores y desacuerdos de quienes en Occidente deberían ser los responsables de mantener el equilibrio global.

Las opiniones sobre su desempeño están divididas. Para algunos es el líder carismático que ha recuperado el puesto de Rusia en el mundo, una economía del tamaño de la española, al de un súper poder que se sienta a la mesa con China y manipula a Estados Unidos. Para otros es un invasor y virtual dictador que manipula a su antojo el Estado.

La mayoría coincide en que Rusia convirtió a Putin en un líder autoritario mientras Putin transformó a Rusia en una verdadera potencia mundial. Hoy sus objetivos son claros: fortalecer el Estado ruso, recuperar el papel de su país en el concierto internacional y mantenerse en el poder el mayor tiempo posible.

Hasta ahora ha logrado las tres metas: Putin está en todas partes. Ha sostenido relaciones agridulces con los últimos cuatro presidentes de Estados Unidos, se asoció con los chinos para conquistar el Ártico, es un actor clave en el conflicto sirio, ha sido anfitrión de las olimpiadas de invierno y del Mundial de Fútbol, y ha tomado posición de firme apoyo a Nicolás Maduro. Promete a sus seguidores mantenerse en el cargo al menos hasta 2025.

Hace veinte años el actual presidente ruso, que algunos califican como el nuevo Zar, no pintaba como líder pero su popularidad no ha bajado de 60% desde el año 2000. Se ha mantenido al mando del país más extenso y la onceava economía del mundo, y está en la primera fila del poder mundial desde entonces sin ninguna señal de querer ceder el trono.

Es el eterno Vladimir Putin que ve pasar gobernantes en las democracias occidentales, interviene con descaro en las elecciones de Europa y los Estados Unidos y juega a la guerra en el Oriente Medio para defender los intereses del que al parecer es una nueva versión del imperialismo que mezcla la antigua Unión Soviética con el zarismo moderno.

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