SÍ al diálogo, NO a la violencia

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SÍ al diálogo, NO a la violencia

Noviembre 24, 2019 - 06:55 a. m. Por: Editorial .

Luego de la marcha tranquila y democrática que se produjo el pasado jueves en todo el país, el vandalismo y la violencia pretendieron tomarse las calles de ciudades como Cali y Bogotá, obligando a las autoridades a tomar medidas drásticas para recuperar la calma. Es hora de aceptar que es con el diálogo como se podrán enfrentar las razones del inconformismo que se expresó en las movilizaciones del pasado 21 de noviembre.

Las marchas fueron un gran ejemplo de cómo debe expresarse el descontento de la sociedad. En ellas se dieron cita todos los estratos sociales, en un movimiento que no tuvo un contenido partidista. Fue una expresión política y social de insatisfacción que debe llamar a la reflexión de la dirigencia pública y privada sobre el rumbo que lleva el Estado colombiano y la obligación de escuchar el inconformismo que se expresó en esas movilizaciones.

El llamado del Presidente de la República a un diálogo nacional es el primer paso en ese sentido. Lo que debe seguir es su concreción, sobre la base de tratar de conformar una representación que abarque todos los aspectos de la protesta y sea capaz de llevar a cabo los cambios que se requieran para atender el clamor de la sociedad.

No es ni puede ser un diálogo que se lo tomen los voceros de los partidos para continuar y profundizar las diferencias partidistas de la política nacional. Es ante todo la oportunidad para que la dirigencia pública y privada escuche a la sociedad y tome las decisiones necesarias para ordenar el rumbo del Estado hacia la solución de los problemas que afectan a los ciudadanos y el cumplimiento de los deberes que le corresponden a todas las ramas del Estado.

Así debe ser en una democracia. Más allá de la observancia de los rituales electorales que escogen los gobernantes y responsables de la conducción de los asuntos públicos, o del ejercicio libre de la actividad privada con el interés legítimo de la utilidad económica, hoy está la obligación de entender los clamores de una sociedad que está expresando su descontento.

Lo que no es aceptable ni puede ser aceptado, es el uso de la violencia que aprovechó la movilización para causar daño y producir zozobra en ciudades como Cali y Bogotá, obligando a la reacción de las autoridades que debieron imponer el toque de queda y el despliegue de la Fuerza Pública. O a actitudes que causaron destrozos en ciudades como Popayán, y el uso del terrorismo en Santander de Quilichao donde un ataque con bombas produjo muerte y destrucción el pasado viernes en la noche.

Eso no forma parte de la democracia y con seguridad es rechazado por quienes participaron en la jornada del jueves pasado. A través de nuestra historia, la violencia y el terror han sido los peores enemigos de las soluciones y del diálogo que debe de existir siempre para encontrar salidas a los problemas que afectan a vastos sectores de nuestra sociedad.

Por ello hay que decirle sí al diálogo y a la protesta pacífica. Y un no rotundo a la violencia, al uso de las redes sociales para amedrentar y sembrar el pánico y a quienes aprovechan las marchas de reclamo para agitar el odio entre los colombianos.

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