Renovación y desafíos

Renovación y desafíos

Diciembre 13, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Como debe pasar en una democracia seria, el Gobierno Nacional dio a conocer esta semana el relevo en los mandos de la Fuerza Pública. Con los cambios que se han producido en el país, lo que se espera es que los nuevos comandantes cumplan con su misión de defender la seguridad nacional, de ofrecer garantías a los ciudadanos para el ejercicio de sus derechos, y de combatir la criminalidad y la violencia que siguen perturbando la tranquilidad de los colombianos.

El presidente Iván Duque tomó las decisiones del caso sin producir estridencias, lo que contribuye a mantener un clima de armonía y al Ejército Nacional, la Fuerza Aérea, la Armada y la Policía Nacional por fuera del debate político. No hubo los sobresaltos ni las decisiones apresuradas que esperaban algunos, y lo que se produjo fue la transición tranquila entre quienes forman parte de esas instituciones.

Las calificaciones de los generales del Ejército Luis Fernando Navarro y Nicacio de Jesús Martínez, del general de la Fuerza Aérea Ramsés Rueda, del general Óscar Atehortúa comandante de la Policía y del vicealmirante Evelio Ramírez, las han puesto sus hojas de servicio en las instituciones hoy a su cargo. Ellos tienen la confianza de los soldados y policías que han mantenido una constante dedicación por la tranquilidad de la Nación, y reemplazan a quienes cumplieron con su deber durante el tiempo que desempeñaron las responsabilidades que ahora entregan.

Es el momento para reconocer el servicio que prestaron a lo largo de los últimos ocho años en la construcción de los acuerdos de paz con las Farc, lo que ha sido valorado por propios y extraños, e incluso por los integrantes de las Farc que durante décadas fueron sus rivales y en no pocas ocasiones los autores del terrorismo indiscriminado contra la Nación. Su mano tendida y el acompañamiento a la negociación de La Habana fue la continuidad de la decisión y la firmeza con la cual actuaron antes, lo cual contribuyó, sin duda, a llevar a esa guerrilla a la mesa de diálogos.

Ahora estamos en una nueva etapa. El crecimiento de los cultivos ilícitos y de la producción de cocaína, así como de la criminalidad en el Litoral Pacífico o en el Catatumbo y el aumento de la delincuencia en las zonas urbanas, obligan a pedir una intervención más decidida contra esos factores que destruyen la convivencia y la fe en la democracia.

De nuevo, Colombia tiene ante sí uno de sus más grandes desafíos en el narcotráfico que se ha desparramado en la sociedad bajo la figura del mal llamado microtráfico y de pequeñas bandas delincuenciales. Y es ya un país consumidor que tiene el deber de combatir esa forma de esclavizar a miles de seres humanos y de generar riquezas capaces de desafiar la institucionalidad, además de discutir la autoridad del Estado en vastas regiones y en no pocas ciudades.

Esa es la tarea que espera a la nueva cúpula de la Fuerza Pública como guardián de la Constitución y la seguridad de nuestra Nación. Además de la abnegación de quienes la conforman, para cumplir la misión contarán ante todo con el respaldo decidido de todos los colombianos.

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