Editorial

Qué significa el triunfo de Lula en Brasil

Uno de los escenarios que más llamará la atención del reelecto Mandatario será el relacionamiento que establezca con el resto de un subcontinente, donde los gobernantes de derecha siguen siendo una mayoría indiscutible

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El presidente Luiz Inácio Lula da Silva se dirige a sus seguidores tras ganar un cuarto mandato en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, el domingo 25 de octubre de 2026. (AP Foto/Andre Penner)
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva se dirige a sus seguidores tras ganar un cuarto mandato en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, el domingo 25 de octubre de 2026. | Foto: AP Photo/Andre Penner

28 de oct de 2026, 01:05 a. m.

Actualizado el 28 de oct de 2026, 01:05 a. m.

Tras un triunfo sorpresivo e histórico en las urnas el pasado domingo, Luiz Inacio Lula da Silva estará durante otros cuatro años al frente de los destinos de Brasil, considerada la democracia más grande de América Latina. Esto, después de una campaña y una elección que deja muchas lecciones y expectativas sobre el papel que jugará el líder del Partido de los Trabajadores a nivel continental.

Es importante destacar que por primera vez en las presidenciales de ese país un candidato que había quedado de segundo en la primera vuelta logró remontar ese guarismo en el balotaje final y, aunque por un corto margen, cambió lo que parecía inevitable y era que el péndulo político de esta parte del mundo se alinearía totalmente a la derecha.

En cuanto a las claves que terminaron por arrebatarle el triunfo a Flávio Bolsonaro hay algo que resultó trascendental: la campaña del reelecto Mandatario no se dedicó a pelearle los votos al candidato de derecha sino que desplegó una inusitada estrategia digital que apuntó a la movilización de los ciudadanos que no votaron en la primera vuelta, en la cual el uso del WhatsApp resultó fundamental.

Por el contrario, el aspirante perdedor, que ya arrastraba el lastre de que su papá está condenado por intentar retener a la fuerza el poder en el 2022, sumó errores como que, dos días antes de la segunda vuelta, en pleno debate presidencial, llamó a Lula “nueve dedos”, en alusión al accidente laboral que este sufrió de joven, obligándose a sí mismo a retractarse minutos después y a disculparse por haberlo ofendido.

Queda claro una vez más que las redes sociales no solamente se han convertido en las mayores generadoras de polarización política, como en efecto ocurrió este año en la contienda brasileña, sino que también pueden definir el balotaje final, por lo que las campañas tienen que saberlas utilizar, pero también deben tener muy claro cómo defenderse de ellas.

Pero lo dicho hasta ahora no significa que este mandato, que de seguro será el último para quien acaba de cumplir 80 años de edad, vaya a ser un periodo fácil de gobierno. En los otros comicios que tuvieron lugar hace un mes Bolsonaro hijo se hizo a un importante número de escaños en el Congreso, lo que de entrada ya pone en entredicho la gobernabilidad de Lula Da Silva.

Tampoco se puede desconocer que la corrupción ha salpicado por lo menos una de sus tres etapas en la Jefatura del Estado, lo que debería obligarlo a esforzarse por dejar la mejor imagen posible entre los jóvenes, que fueron unos de sus grandes electores, y como legado a quienes aspiren a tomar sus banderas en el Partido de los Trabajadores.

Sin lugar a dudas, uno de los escenarios que más llamará la atención del reelecto Mandatario será el relacionamiento que establezca con el resto de un subcontinente, donde los gobernantes de derecha siguen siendo una mayoría indiscutible, y especialmente con la Casa Blanca, desde donde varios personajes republicanos, con Donald Trump a la cabeza, fueron señalados por intervenir en la campaña electoral en favor de Flávio Bolsonaro.

En ese marco, hay expectativa por lo que pueda suceder alrededor del Escudo de las Américas que en tiempos recientes creó Estados Unidos para trabajar en pro de la seguridad de la región, pero solo de la mano de sus gobiernos aliados y, por supuesto, el de Brasil no lo es y no lo será.

Por lo pronto, como corresponde, el presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, reconoció el triunfo de Lula Da Silva y expresó públicamente su deseo de trabajar con él, lo cual resulta muy positivo, dado el valor del intercambio comercial de nuestro país con Brasil y la historia común de ambas naciones, pero también la urgente necesidad de que se preserve la Amazonía como uno de los pulmones del mundo.

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